Autor: Ricard Pardo

  • Cualquier tiempo pasado, no fue mejor.

    Cualquier tiempo pasado, no fue mejor.

    ¿Es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor?
    Las trampas de la nostalgia

    Gorodenkoff/Shutterstock

    Oliver Serrano León, Universidad Europea

    Es un lugar común escuchar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. La frase, que aparece en el poema Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, refleja una nostalgia que atraviesa culturas y épocas. Pero ¿es una verdad objetiva o una construcción psicológica?

    Analizar este mito desde la psicología permite comprender qué lo origina y cómo afecta a nuestra percepción de la realidad.

    La nostalgia como mecanismo psicológico

    La nostalgia es una emoción poderosa que juega un papel adaptativo: conecta con las raíces, refuerza la identidad y proporciona consuelo en momentos de incertidumbre. Sin embargo, esta mirada al pasado no siempre es objetiva, ya que la memoria humana tiende a filtrar eventos negativos. Es lo que se conoce como el “sesgo de positividad”.

    Por ejemplo, una infancia recordada como una época libre de preocupaciones puede omitir conflictos familiares o estrés escolar, centrándose únicamente en los juegos y momentos agradables. Esa tendencia a la idealización puede distorsionar la percepción de los períodos históricos, generando la falsa creencia de que antes las cosas eran más sencillas o mejores.

    El efecto “rosado” de la memoria

    La psicología también explica que se idealiza el pasado debido a una memoria selectiva. Este efecto, conocido como “memoria rosada”, está bien documentado: algunos estudios revelan que las personas recuerdan eventos con más optimismo del que realmente experimentaron.

    Un ejemplo común es la música. Muchas personas creen que las canciones de su juventud eran superiores a las actuales. Sin embargo, diversas investigaciones sugieren que este apego tiene más relación con la asociación emocional que con la calidad objetiva de las composiciones. Además, la repetición mediática de cierta música o eventos culturales de décadas pasadas refuerza dicha percepción.

    Cambios culturales y percepción de amenaza

    Otra razón por la que se idealiza el pasado es la ansiedad generada por los cambios culturales. Como las personas suelen considerar su época de formación como un punto de referencia ideal, a medida que envejecen y la sociedad evoluciona perciben esos cambios como amenazas a su estabilidad.

    Por ejemplo, aunque se afirma que la tecnología ha erosionado las relaciones interpersonales, estudios recientes destacan que las plataformas digitales fortalecen vínculos sociales de maneras impensables en el pasado.

    A pesar de ello, la narrativa nostálgica sobre las “conversaciones reales” ignora que cada época tiene sus propias formas de interacción adaptadas a los avances tecnológicos.

    ¿Qué pasa con las crisis?

    Un argumento común es que las crisis que vivimos parecen más graves que las del pasado. Esta percepción está influenciada por el sesgo cognitivo conocido como “heurística de disponibilidad”. Los problemas actuales están más presentes porque se viven en tiempo real, mientras que los del pasado se diluyen en la distancia temporal.

    Por ejemplo, aunque se cree que antes se vivía en un mundo más seguro, los datos contradicen esta idea: la tasa de homicidios ha disminuido significativamente en gran parte del mundo desde los años 90.

    Asimismo, la percepción de que las catástrofes naturales eran menos frecuentes en épocas pasadas ignora el aumento de la cobertura mediática en las últimas décadas.

    Más mitos psicológicos que embellecen nuestros recuerdos

    Los siguientes sesgos también contribuyen a que idealicemos el pasado:

    Sesgo de confirmación. Lleva a buscar información que reafirme creencias previas, ignorando datos que las contradicen. Al centrarnos en aspectos positivos, se refuerza la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Este fenómeno también se ve reflejado en debates sociales y políticos, donde se añoran épocas percibidas como más “ordenadas” sin considerar las desigualdades o limitaciones de esas épocas.

    “Falacia del costo hundido”. Induce a mantener ideas o decisiones porque ya se ha invertido mucho en ellas, como el apego emocional a tradiciones que quizás ya no son funcionales en el presente. Este tipo de pensamiento puede influir en la resistencia al cambio social o tecnológico.

    Efecto “halo retrospectivo”. Ocurre cuando los recuerdos de un evento positivo hacen que toda una época se perciba como mejor de lo que realmente fue. Por ejemplo, alguien podría asociar la década de 1980 con la “mejor música y moda”, ignorando problemas como las crisis económicas o los conflictos políticos que también definieron esa época.

    “Sesgo del statu quo”. Conduce a preferir que las cosas permanezcan como están o como estaban, bajo la creencia errónea de que el cambio siempre es perjudicial. Influye en cómo las personas miran al pasado con añoranza, interpretando la evolución social y tecnológica como una pérdida en lugar de una ganancia.

    Reconfigurar la perspectiva

    Aceptar que el pasado no fue necesariamente mejor no significa despreciarlo. Por el contrario, reconocer las limitaciones de la memoria permite apreciar más plenamente el presente. Así, el cuestionamiento del mito abre la puerta a construir un futuro más equilibrado.

    Por ejemplo, en lugar de lamentar la “desconexión” causada por la tecnología, esta se puede promover para fomentar comunidades más inclusivas y accesibles. Además, ser conscientes de los sesgos cognitivos permite abordar los desafíos actuales con mayor realismo.

    Del mismo modo, valorar los avances logrados en salud, educación y derechos humanos proporciona una perspectiva más equilibrada sobre el progreso.

    Caminando a un futuro sin depender de idealizaciones

    El mito de que cualquier tiempo pasado fue mejor es una narrativa profundamente humana, arraigada en la psicología y la cultura. Sin embargo, al examinarlo de forma crítica, descubrimos que está más relacionado con cómo se recuerda que con cómo realmente se vivió.

    Desafiar esta idea permite abrazar el presente con mayor conciencia y trabajar hacia un futuro que no dependa de idealizaciones.The Conversation

    Oliver Serrano León, es Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, Universidad Europea  Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

  • Sumar, ausente en el conflicto de Ceuta

    Sumar, ausente en el conflicto de Ceuta

    A través de una ausencia prolongada durante las vacaciones de verano, Sumar ha quedado apartado del primer plano del debate político sobre la crisis migratoria de Ceuta, evidenciando una preocupante falta de liderazgo y de respuesta estratégica frente al PSOE. Mientras figuras principales de la formación como Yolanda Díaz, Ernest Urtasun, Pablo Bustinduy o Verónica Barbero mantenían un perfil bajo, Izquierda Unida (IU) ha ocupado decididamente ese espacio político.

    Liderada por Antonio Maíllo y Enrique Santiago, IU ha adoptado un discurso marcadamente crítico frente a la postura oficialista del Ejecutivo:

    Tensión diplomática: Calificó de «ataque híbrido» la entrada masiva de migrantes, acusó directamente a Marruecos de no ser un socio confiable y exigió reconsiderar las relaciones bilaterales.

    Sahara Occidental: Reivindicó el derecho a la autodeterminación de la zona, marcando distancia con el giro diplomático adoptado por Pedro Sánchez.

    Presencia en el terreno: Frente al desplazamiento de los líderes de los principales partidos (PSOE, PP y Vox) a Ceuta, cuestionó la brevedad de la visita de Sánchez y subrayó la inacción de la cúpula de Sumar.

    Aunque ministras de la coalición como Mónica García (Sanidad) y Sira Rego (Infancia) sí acudieron a la ciudad autónoma en el marco de sus responsabilidades institucionales, sus intervenciones no estuvieron exentas de fricción política, incluyendo tensiones con las autoridades locales a raíz de las declaraciones de García. En conjunto, la crisis ha expuesto la vacancia de liderazgo y la falta de un rumbo coordinado en la alianza parlamentaria.

    Lectura original en El Mundo

  • La IA y la crísis editorial que provoca

    La IA y la crísis editorial que provoca

    La llegada de la inteligencia artificial generativa ha desencadenado una crisis en el sector editorial debido a la creciente dificultad para verificar si un libro ha sido escrito por un ser humano. No me gustaría estar en esa situación y tener que andar demostrando constantemente que mis letras, son fruto de mi imaginación y mi esfuerzo.

    Casos recientes y sospechas: Ejemplos como la cancelación de contratos millonarios (Jerry Falade, Mia Ballard) o la controversia sobre ventas masivas (Daggermouth) muestran cómo la sola sospecha de usar IA ya tiene serias consecuencias económicas y reputacionales para los autores.

    El dilema de la autoría y la zona gris: Aunque el sistema editorial siempre ha funcionado basándose en la confianza, la IA genera incertidumbre sobre dónde acaba la ayuda tecnológica y empieza la autoría real (usos para corregir, estructurar, investigar o escribir párrafos).

    Posición de las editoriales: Grandes grupos (Simon & Schuster, Penguin Random House) defienden la creatividad humana frente al uso no autorizado de sus obras para entrenar IA, pero reconocen el valor de la tecnología para optimizar ciertos procesos. Además, enfrentan la amenaza de la «AI slop» (producción masiva y barata de libros de baja calidad que saturan plataformas como Amazon).

    Detectores poco fiables y vacuidad legal: Los detectores de IA actuales generan falsos positivos y no ofrecen pruebas definitivas. A nivel legal, en EE. UU. el contenido creado 100 % por IA no tiene derecho de autor (copyright), pero no hay normas claras sobre el trabajo híbrido o asistido.

    Inseguridad y rol de los agentes: Los agentes literarios se han visto forzados a actuar como «policías de la IA», implantando políticas muy dispares que van desde la prohibición absoluta hasta la tolerancia de usos auxiliares, lo que crea inseguridad en los escritores

    La verdadera crisis del sector no es solo que la tecnología pueda escribir libros, sino la pérdida de certidumbre sobre la autoría y la falta de un marco consensuado que proteja la creatividad humana sin penalizar injustamente el uso legítimo de las herramientas tecnológicas. Podríamos resumirlo en aquello tan repetido de que las herramientas son para ayudar al ser humano y no para sustituirlo, pero… ¿Estamos seguros de esto? No parece ser lo que piensa la robótica.
    Tampoco puedo dejar de pensar en el fenómeno Amazon: Decenas de miles de libros autopublicados sin la supervisión imprescindible que vele por unos estándares de calidad exigibles y que a la postre resulta, todo ello, en un inmenso estercolero literario.

  • Cassini se acercó a Saturno

    Avanzar hasta momento 0′:57″

    ¿Cómo sería acercarse al majestuoso planeta Saturno? No hace falta imaginarlo: la sonda Cassini lo hizo en 2004, capturando miles de imágenes durante su viaje y cientos de miles más desde que entró en órbita. Algunas de las primeras imágenes de Cassini se han editado digitalmente, recortado y compilado en el inspirador vídeo que se muestra , el cual forma parte de un proyecto cinematográfico IMAX más amplio titulado » En los anillos de Saturno» . En la secuencia final, Saturno se hace cada vez más grande al acercarse, mientras la nubosa Titán se desliza por debajo. Con Saturno girando en el fondo, se muestra a Cassini sobrevolando Mimas , con el gran cráter Herschel claramente visible. Los majestuosos anillos de Saturno toman el protagonismo cuando Cassini cruza el delgado plano anular del planeta. Las oscuras sombras del anillo aparecen sobre Saturno . Finalmente, la enigmática luna géiser de hielo Encélado aparece en la distancia y se acerca a ella justo cuando termina el vídeo. Tras más de una década de exploración y descubrimientos, la nave espacial Cassini se quedó sin combustible en 2017 y fue dirigida a entrar en la atmósfera de Saturno , donde seguramente se derritió.

    Fuente: APOD NASA
    Multimedia: Cassini se acerca a Saturno. Crédito y derechos de autor del video: Cassini Imaging Team , ISS , JPL , NASA , ESA , S. Van Vuuren et al.;
    Música: Adagio para cuerdas ( Filarmónica de Nueva York )

  • Corto y raso

    Afrontemos un fin de semana, que parece resultará agradable para unos y no tanto para otros. Como se suele decir, «nunca llueve a gusto de todos», pero esta bajada de temperaturas aquí en mi zona es un verdadero descanso.
    He cambiado de plantilla, aunque aquí, esto de las plantillas es como predicar en el desierto (inútil). Dicen las estadísticas de WordPress que 8 de cada 10 usuarios, no pisan, ni por asomo, el blog o los blogs que siguen. Lo gestionan todo desde el llamado «Lector» . Leer, comentar, añadir me gustas, etc.etc. (Ojo! si no tienes cuenta WP no tienes lector)
    En el índice del blog, se presenta un mosaico de solo texto con las últimas entradas. Quizás por que soy, (fuí), fotógrafo profesional, no me gusta mucho el uso y abuso de las fotografías a troche y moche como decía mi madre. Se me antoja que la calidad y la cantidad son como el aceite y el vinagre.
    Que tengáis un buen fin de semana

  • Colores y cerebro

    Colores y cerebro

    ¿Qué efecto tienen los colores en nuestro cerebro?

     

    Autor: Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén
    fotografía: PsychoBeard/Shutterstock

    Asociamos el color rojo a las señales de peligro y el verde nos transmite tranquilidad. Pensamos en el azul para decorar una habitación en la que relajarnos y en el color amarillo si nos proponemos llamar la atención.

    Y bien sabemos que las marcas comerciales eligen cuidadosamente los tonos de sus logotipos e incluso que hay colores a los que les atribuimos la capacidad de mejorar nuestra concentración. Sí, estamos rodeados de ideas sobre cómo los colores afectan a nuestro cerebro.

    Pero ¿existe realmente una neurociencia del color? La respuesta corta es sí. Y la larga, mucho más interesante.

    El color no está en la luz

    Aunque suene raro, los colores no existen en la luz. La luz contiene diferentes longitudes de onda (el llamado espectro electromagnético) y es nuestro sistema nervioso el que, en la zona del espectro visible y comparando las señales que le llegan a la retina, construye la experiencia que llamamos color.

    El cerebro no dispone simplemente de un detector para el rojo, otro para el verde y otro para el azul. La retina humana contiene cinco tipos de células sensibles a la luz: bastones; conos sensibles a longitudes de onda corta (S), medias (M) y largas (L); y un tipo de células ganglionares que expresan el fotopigmento melanopsina.

    De modo general, podemos resumir que la percepción cromática surge de la comparación entre las señales de diferentes tipos de conos. En cierto modo podemos decir, pues, que el color es una interpretación cerebral de la luz.

    Pero la historia se vuelve aún más interesante cuando descubrimos que nuestros ojos contienen células sensibles a la luz cuya función principal no es ayudarnos a formar imágenes.

    Mucho más que ver

    Las células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs) son neuronas que contienen melanopsina, un pigmento especialmente sensible a longitudes de onda cortas; con un máximo de sensibilidad próximo a los 480 nanómetros (nm, milmillonésimas partes de metro), el fotopigmento capta la región del espectro asociada al azul verdoso.

    Las ipRGCs participan en lo que conocemos como la visión no visual. La expresión puede parecer contradictoria, pero lo que trata de describir es que nuestros ojos no solo envían al cerebro información para reconocer caras, leer estas palabras o distinguir una manzana roja de una verde. Estas células también informan sobre la cantidad y las características de la luz en el ambiente, con lo que contribuyen a regular el sueño, los ritmos circadianos, el estado de alerta y otros procesos fisiológicos.

    Además, las ipRGCs no trabajan solas. Reciben información de los conos y de los bastones y participan en circuitos retinianos complejos capaces de integrar las señales relacionadas con el color.

    Dicho de otro modo, cuando abrimos los ojos, la luz hace al menos dos cosas a la vez: nos permite ver el mundo y, además, informa a nuestro organismo sobre qué momento del día parece ser. Y lo digo así porque podría no serlo, porque podrían confundirse.

    Pensemos en alguien que mira el teléfono móvil en la cama a medianoche; o sea, yo mismo. El reloj marca las doce, pero la retina está recibiendo una señal luminosa que dista mucho de estar asociada con la oscuridad de esa hora. Para algunos circuitos de nuestro cerebro, el mensaje que llega desde los ojos es que, quizá, todavía no sea el momento de dormir.

    La paradoja del azul

    Y aquí aparece una curiosa contradicción. Solemos asociar el azul con la calma. Basta con pensar en el cielo o en la mar. Sin embargo, la luz rica en las longitudes de onda cortas (entre los 460 y los 480 nm) puede producir justo lo contrario, especialmente durante la noche.

    Una revisión sistemática y de tipo metaanálisis ha mostrado que la luz comprendida en el rango antes indicado puede aumentar el estado de alerta y modular la actividad cerebral y ciertas funciones cognitivas. Y estos efectos son mucho más evidentes durante la noche que durante el día.

    ¿Dónde está la explicación? Pues, en buena medida, en la melanopsina. Cuando esas longitudes de onda activan el fotopigmento, las ipRGCs que lo contienen responden y ponen en marcha vías nerviosas que conectan la luz ambiental con la regulación de nuestros ritmos biológicos al interferir con la secreción de melatonina, la hormona que producimos durante la noche y que actúa como una señal biológica de oscuridad.

    ¿Y el rojo nos pone nerviosos?

    Ya hemos visto que el color que creemos percibir y el efecto fisiológico de la luz no son exactamente la misma cosa. Y, en este sentido, hay estudios que han encontrado diferencias en la actividad cerebral (mediante electroencefalografía) cuando observamos distintos colores.

    Por ejemplo, se ha asociado la percepción del rojo con cambios en la banda alfa-3, banda que los autores relacionan con una posible respuesta emocional negativa y un aumento de la ansiedad. En cuanto a los estímulos azules y verdes, produjeron diferencias en la banda beta-1, lo cual se considera compatible con una mayor atención.

    Pero cuidado, que hablamos de asociaciones entre determinados patrones de actividad cerebral y de estados emocionales o cognitivos, lo que no significa que el estudio haya demostrado que el rojo provoque ansiedad ni que el verde nos haga más atentos. Es decir, que de estos experimentos no podemos concluir que pintar una oficina de verde vaya a convertirnos automáticamente en trabajadores más concentrados.

    En definitiva, nunca procesamos un color aislado del mundo. Un semáforo rojo, una rosa roja y una mancha roja sobre una bata blanca pueden compartir color y provocar, obviamente, experiencias completamente diferentes.

    La construcción inconsciente del color

    Revisando todos estos artículos, y partiendo de que creemos que los colores afectan a nuestro cerebro porque los vemos, la conclusión más interesante que sacaría en claro es la siguiente: lo que la neurociencia está demostrando es que parte de los efectos de la luz comienzan antes de que el cerebro haya construido conscientemente el color.

    Sí, vemos la luz, pero nuestro organismo también la mide sin que seamos conscientes de ello. Y mientras nuestro cerebro decide si algo es azul, verde o rojo, otros circuitos están intentando responder a una pregunta mucho más básica: ¿es de día o es de noche?The Conversation

    Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

  • Dolor

    Dolor

    El dolor es una experiencia paradójica: nos aísla en lo más profundo de nuestra mente, pero al mismo tiempo es la huella más universal de la condición humana. No entiende de tiempos ni de permisos; llega como un visitante no deseado que desarmoniza el cuerpo o quiebra la calma del alma. No sé, para el resto de los seres vivos o sintientes, supongo que de algún modo, el dolor va parejo con la consciencia y en este sentido todos ellos, tendrán alguna u otra forma de dolor.

    Sin embargo, en su crudeza, el dolor cumple una función vital: es la alarma que nos avisa de que algo requiere atención. Mientras que el dolor físico señala la herida que busca cicatrizar, el dolor emocional revela aquello que nos importa, lo que hemos amado o lo que necesitamos sanar. No es un destino permanente, sino un proceso de transformación que, aunque nos deja marcas, también nos enseña la verdadera medida de nuestra fortaleza.

    El dolor puede presentarse como un «regalo» inesperado que viene envuelto con el papel coloreado del miedo. Pocas cosas atemorizan más que sufrir un dolor sin saber su razón, su causa. Ese desconocimiento envuelve el dolor, añadiéndole temor. En muchas ocasiones, cuando el profesional de la salud te explica la causa de tu dolor, esa información resulta ser la primera capa analgésica, el primer alivio.

  • 77

    77

    Para un matemático, el 77 abandona el misticismo y se convierte en un objeto de estudio fascinante por sus propiedades numéricas, algebraicas y su comportamiento dentro de la teoría de números. Para un simple mortal como yo 77 es solo la cuantificación de un trayecto. El que transcurre desde un nacimiento hasta el momento presente. Desde un punto de vista astronómico, solo se trata de las veces que el Sol ha vuelto a «pisar» un punto concreto en el baile Tierra-Sol en el salón de baile que supone esa línea que llamamos eclíptica. Los astrólogos, llaman a eso una «revolución solar» y los sabios populares, cumpleaños. Algunos, supuestamente más duchos, prefieren hablar de aniversario y los nativos digitales, en su ánimo de teclear lo menos posible, escriben «cumple»

    Es un número hermoso; resultado de sumar los primeros ocho números primos:

    2 + 3 + 5 + 7 + 11 + 13 + 17 + 19 = 77

    Los matemáticos verían mucha más poesía en el número y nos dirían que se trata de un «compuesto semiprimo» que tiene tres divisores propios: 1, 7 y 11.
    Sin embargo, la poesía que veo es prosa poética y se trata solo del relato de una vida que ya empieza a ser larga.

  • Actividades de riesgo

     Se llama Sophie Adenot y muy posiblemente hoy, en algunos telediarios, la habréis podido ver reparando una antena de telecomunicaciones en esa actividad de riesgo que se conoce como «caminata espacial» por bien que se camina poco y se flota mucho.
    Sophie Marie Laurence Adenot, (44 años)​ es una ingeniera, piloto de helicóptero y astronauta francesa. Tiene el rango de coronel de la Fuerza Aérea y Espacial Francesa y se convirtió en la primera mujer piloto de pruebas de helicóptero de Francia en 2018.

    Actualmente vive en la Estación Espacial Internacional.

  • No es la Luna…

    No es la Luna…

    …es el Sol: así influye el calor extremo en los comportamientos delictivos

    Luna llena

    Kabir9698/Shutterstock

    Autoría: César San Juan, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

    Desde tiempos remotos, la cultura popular ha atribuido a la Luna llena la capacidad de alterar el comportamiento humano y desatar impulsos violentos. De hecho, la palabra “lunático” tiene ese origen. Sin embargo, la investigación científica no ha encontrado pruebas sólidas de que este cuerpo celeste rocoso condicione nuestro comportamiento.

    Donde sí encontramos evidencia empírica, y cada vez más robusta, es en la relación entre las altas temperaturas y el incremento de la violencia. No es la Luna lo que debería preocuparnos. Es el Sol.

    El calor como detonante: qué dice la ciencia

    Recientes estudios sobre la relación entre temperatura y crimen han producido hallazgos tan reveladores como inquietantes. Un metaanálisis publicado en Environmental Health Perspectives, que analizó estudios publicados entre 1946 y 2023, concluyó que las temperaturas elevadas se asocian de forma consistente con mayores tasas de criminalidad, especialmente de carácter violento. Y en Finlandia , la temperatura ambiente explicó el 10% de la varianza en la tasa de crimen violento a lo largo de más de una década, con un aumento del 1,7% por cada grado centígrado adicional.

    Otro estudio sobre 44 ciudades estadounidenses entre 2005 y 2022 encontró que el riesgo de ser víctima de un delito era especialmente alto en aquellas localidades donde las temperaturas se desviaban de sus registros históricos.

    ¿Cómo se explican estos hallazgos? Por un lado, la hipótesis temperatura-agresión sostiene que el calor produce un estrés fisiológico que incrementa la irritabilidad, reduce el autocontrol e induce impulsividad. Por otra parte, la teoría de las actividades rutinarias sugiere que, cuando hace calor, la gente sale más, cambia sus hábitos, y aumentan las oportunidades de encuentro entre potenciales agresores y posibles víctimas.

    Lejos de ser mutuamente excluyentes, probablemente ambos mecanismos actúan en paralelo.

    Violencia en el hogar: el espacio privado no es más seguro

    El efecto del calor no se limita al espacio público. La violencia intrafamiliar y, de forma especialmente preocupante, la violencia de género siguen un patrón estacional bien documentado. En Estados Unidos, el Bureau of Justice Statistics constató que las tasas de violencia en la pareja son significativamente más altas en verano (un 12%) que en el resto del año.

    En España, las cifras son especialmente elocuentes. Según datos del Ministerio de Igualdad, se observa una pauta estacional persistente: los meses con mayor concentración de víctimas son los de verano y las vacaciones navideñas. Esta doble estacionalidad –verano y Navidad– revela algo crucial: no es solo el calor lo que importa (o el frío) sino la convivencia forzosa. Las vacaciones implican más horas compartidas entre víctima y agresor, un mayor aislamiento de la mujer respecto a su red de apoyo social y posibles tensiones económicas añadidas.

    Sea como fuere, es imprescindible subrayar un matiz fundamental: el calor no “crea” maltratadores. La violencia de género es un problema estructural, arraigado en dinámicas de poder y control. Lo que las altas temperaturas pueden hacer es aumentar las probabilidades de que un potencial agresor pierda el control de sus impulsos. El factor ambiental actúa como desencadenante, no como causa.

    La sombra del cambio climático

    Si la temperatura y la violencia están vinculadas, el cambio climático añade una dimensión preocupante a este panorama. Un estudio publicado en Environmental Research Letters en el 2020 combinó modelos estadísticos de crimen con 42 modelos climáticos globales y proyectó que Estados Unidos podría sufrir entre 2,3 y 3,2 millones de crímenes violentos adicionales entre 2020 y 2099, dependiendo del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero.

    La criminalidad, como tantas otras consecuencias del calentamiento global, no es neutra desde el punto de vista de la equidad: golpeará con más fuerza a quienes ya parten de una posición de desventaja. Las regiones con mayor vulnerabilidad social, menor acceso a climatización y tejidos urbanos más densos –las llamadas “islas de calor” urbanas– experimentarán este efecto con mayor intensidad. La criminalidad, como tantas otras consecuencias del calentamiento global, no es neutra desde el punto de vista de la equidad: golpeará con más fuerza a quienes ya parten de una posición de desventaja.

    La “buena” noticia es que estas proyecciones son sensibles al escenario de emisiones. Los mismos modelos muestran que un calentamiento limitado a 1,5ºC (el umbral del Acuerdo de París) implicaría daños significativamente menores que un escenario de emisión sin restricciones. Dicho de otro modo, cada décima de grado que se evite no solo preserva glaciares y ecosistemas: también puede salvar vidas en los barrios más vulnerables de nuestras ciudades.

    Más allá del mito lunar

    La Luna, con toda su carga poética y simbólica, no altera las estadísticas criminales. El aumento de la temperatura terrestre sí lo hace. La evidencia acumulada en décadas de investigación criminológica, epidemiológica y psicológica dibuja un panorama meridiano: el calor extremo incrementa la agresión en el espacio público, amplifica el riesgo de violencia intrafamiliar y, con la llegada del cambio climático, amenaza con convertirse en un factor de inseguridad de primera magnitud.

    Entender estos patrones puede ayudarnos a diseñar políticas públicas más eficaces: reforzar los servicios de atención a víctimas de violencia de género durante los meses estivales, intensificar la presencia policial en momentos y espacios de mayor riesgo, o integrar la variable climática en los modelos de prevención del delito.The Conversation

    César San Juan, es Profesor de Psicología Criminal. Dpto. Psicología Social, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea  El artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

  • Hoy, Meta, a juicio.

    Hoy, Meta, a juicio.

    Meta enfrenta un juicio clave por la adicción de menores a las redes sociales.
    Las grandes empresas tecnológicas vuelven a situarse en el centro del debate público y judicial. En el marco de una serie de demandas sin precedentes en Estados Unidos, Meta (matriz de Instagram, Facebook y WhatsApp) enfrenta un proceso judicial crucial donde se cuestiona el diseño mismo de sus plataformas y su impacto en la salud mental de los niños y adolescentes.
    ¿Tendremos esta vez, una sentencia acorde al daño causado?
    La voracidad de Meta, deja muy atrás cualquier forma de ética y su jerarquía de valores no entiende de otra cosa que no sea su beneficio.

    Un modelo de negocio bajo sospecha.

    La acusación central en estos litigios sostiene que las tecnológicas habrían implementado intencionadamente algoritmos y funciones de diseño orientados a maximizar el tiempo de permanencia, generando conductas adictivas en usuarios jóvenes. Entre las consecuencias señaladas por los demandantes y expertos en salud mental se incluyen:

    • Cuadros de ansiedad severa
    • Trastornos de la conducta alimentaria y dismorfia corporal.
    • Aislamiento social y deterioro del rendimiento académico.

    El argumento de la acusación se fundamenta en que las plataformas priorizan la métrica del enganche y los ingresos publicitarios por encima del bienestar y la seguridad de los menores de edad.

    Precedentes y presión en aumento,

    El proceso actual no ocurre de forma aislada. A lo largo del año, la compañía dirigida por Mark Zuckerberg ha recibido importantes reveses judiciales e indemnizaciones millonarias en tribunales de California y Nuevo México, donde se la declaró responsable de negligencia por no implementar barreras de protección efectivas para los usuarios más vulnerables.

    Por su parte, Meta ha argumentado de manera reiterada que cuenta con decenas de herramientas de supervisión parental, límites de tiempo e iniciativas de privacidad diseñadas específicamente para adolescentes, defendiendo que la complejidad de la salud mental juvenil depende de múltiples factores externos.

    ¿Un punto de inflexión para la industria?

    Más allá de las indemnizaciones financieras que puedan resultar de estas demandas, el resultado de estos juicios sienta jurisprudencia sobre una pregunta clave: ¿tienen las plataformas el deber legal y moral de rediseñar sus productos si resultan perjudiciales para la salud pública? De consolidarse estos veredictos, la industria Big Tech podría verse obligada a transformar drásticamente el funcionamiento de sus algoritmos de recomendación y las políticas de acceso de menores en todo el mundo.

  • Bitácora de 17/8/2026

    Bitácora de 17/8/2026

    Las 6:32 es una de las mejores horas, cuando aún no hay luz alguna que asome por el horizonte del este, quizás tan solo una insinuación; mejor hora, decía, para recoger una perla que me inspire el día. Dice:

    «Me gustaría que cuando les falte a mis nietas, fuese ese abuelo que supo ser juguete, cometa, diccionario, racha de viento que mece las espigas, penúltimo refugio, libro abierto a todas las lecturas, aquel hombre mayor que siempre ofrecía sonrisas a cambio de besos y caricias.» (J.L.Trujillo)

    A dieciocho días de la maldita caída, el dolor (especialmente costal) sigue siendo la incomodidad más manifiesta. Me advirtieron de que esto sería lento, pero uno siempre tiene el temor de que su esto no sea el mismo que el mío y el diagnóstico, no sea acertado. Pero no queda otra, que soportar y de vez en cuando aliviarse con algun analgésico. Sigo muy preocupado también por el tiempo (aún no sé cuánto) que no podré utilizar la CPAP para dormir.

    Me satisface el cambio a WordPress. Los buenos amigos han reaccionado bien y han comprendido que la molestia añadida por ser otra plataforma distinta a la suya es poca y, además, una oportunidad para aprender algo nuevo. Echo de menos algunos saludos que antes recibía y que ahora extraño. Quizás vuelvan… ojalá.

    Puede que sea por la proximidad de una fecha que siempre consideré importante, que estos días se disparen las emociones. Y como dice mi sabio amigo Okanu: «Ojo con eso»
    Veamos cómo transcurre la jornada.