Agazapado y camuflado entre hierbas altas, mi anterior blog en la plataforma Blogger, esperaba su destino.
¿Desaparecer, permanecer en estado criogénico, añadirse a la estadística de los no activos?
Hemos esperado a ver cómo se cristalizaba esta nueva presencia en la blogosfera en esta nueva casa, antes de tomar una decisión.
Y bien, hoy hemos alumbrado (queda más fino, que parido) un blog que tiene, no uno, no; tres destinos:
Repositorio de la mayor parte de los contenidos históricos de cuando el País de Nox formaba parte del planeta Blogger. Algo más de 2000 posts.
Añadir microposts que anuncian nuevas entradas en el blog actual y principal.
Dar soporte al perfil, (ID de Blogger) completando presencia en esa comunidad.
Posiblemente también se añadan minartículos sobre temas diversos.
Contundentemente se dice: Es para garantizar la seguridad vial y el orden público.
Otra cosa es que lo consiga. Sabemos que el carnet solo, no hace milagros, pero junto con todo el ordenamiento que lo acompaña y rodea, consigue mucho.
El permiso de conducir obligatorio asegura que cada conductor:
¿La I.A. puede compararse con una máquina que pueda o deba ser conducida?
¿Su uso permite a las autoridades identificar algún modo de responsabilidad por parte de, llamémosle, conductor del proceso?
¿Sería conveniente que antes de su uso en ciertos niveles de procesos generativos, hubiera una capacitación necesaria y obligatoria?
¿Debería contemplar el concepto de responsabilidad punible?
Creo que la imagen que tenemos de nosotros mismos, como sociedad compuesta por individuos totalmente conducidos por la llamada opinión pública, los medios y ahora añadidas, las redes sociales, tiene mucho de cierto. No abunda el criterio propio, abunda eso que a mí me gusta llamar «eco de criterios» Consiste en la aceptación y repetición sistemática de los criterios de un opinador que no solo son aceptados religiosamente, sino que son expandidos devotamente. Pero es que además se produce también un fenómeno, como mínimo curioso: La falta de reflexión que acompañada del crédito incondicional, hace que ciertas supuestas verdades, que quizás no lo sean tanto, alcancen el estatus de verdades absolutas. Ya sabes, es aquello del «lo dice mi articulista favorito, en la columna favorita de mi periódico favorito» (y en ocasiones, para más desgracia se añade que lo dicen en Facebook)
El antropólogo Tim Ingold repite mucho que el futuro no es un problema que resolver, sino una vida que vivir y que nos pertenece. Y para comenzar a ser libres, advertía David Graeber, lo primero que debemos hacer es comenzar a vernos a nosotros mismos nuevamente como actores históricos, como personas que pueden marcar una diferencia en el curso de los acontecimientos mundiales. Esto es exactamente lo que la militarización de la historia está intentando evitar. Que ampliemos nuestras ideas de posibilidades. Pensar a lo grande y pensarnos como agentes políticos. Y es una capacidad humana universal, recordaba la antropóloga Sherry Ortner. Los seres humanos nunca hemos sido meros productos pasivos de las estructuras de poder. Ella reconocía, no obstante, que perseguir proyectos necesariamente implica, para algunos, la subordinación de otros. No obstante, esos otros tampoco están completamente desprovistos de agencia: tienen poderes y proyectos propios, y la resistencia (desde la más sutil hasta la más manifiesta) siempre es posible.
«Si el futuro ha de seguir siendo abierto y libre», escribió Margaret Mead, «necesitamos personas que puedan tolerar lo desconocido, que no necesiten el apoyo de sistemas totalmente elaborados o planos tradicionales del pasado».
Y pienso que a pesar de lo que se diga, el futuro no depende de Trump, Netanyahu, Putin Abascal, Sanchez u otros figurines. Como tampoco, el calentamiento global depende de los grandes climatólogos. El futuro lo haremos nosotros. Nosotros seremos sus responsables… quizás también sus culpables.
Imagen: Ilustración generada con IA.(Banna Gemini)
Es una frase que suelo oír con frecuencia: «Todo es política.» Algunos lo defienden con vehemencia, pero a mí me rechina un poco. Parece como si se tratara de monopolizar todo el humanismo y el quehacer social y cultural alrededor de la política. En cualquier caso, puedo hacer un pequeño spoiler y decir que
«Si todo fuera política, todo estaría perdido«, afirmación que posiblemente a otros les rechine tanto como a mí la anterior.
Cuando todo se etiquete como «político», existe un riesgo real de hiperpolitización: reducir cualquier manifestación del espíritu humano —el arte, la afectividad, el ocio o la contemplación— a un mero instrumento de poder, ideología o dinámica de grupos.
Esa sensación de que la política pretende monopolizar la cultura y la vida cotidiana nace de una confusión entre dos dimensiones de la condición humana: la dimensión cívica (lo colectivo) y la dimensión existencial (lo personal y trascendente).
La tensión entre dos visiones
El argumento de quienes dicen «Todo es política» cuando esgriman alguno, que no siempre ocurre, se basa en
La estructura invisible: Sostiene que ninguna acción ocurre en el vacío. Lo que comemos, qué arte consumimos o cómo organizamos nuestro tiempo libre está condicionado por leyes, estructuras económicas y relaciones de poder.
El impacto en los demás: Bajo esta premisa, la neutralidad no existe: abstenerse o pretender la asepsia es, en la práctica, validar el estado actual de las cosas (status quo).
Pero el peligro de monopolizar la experiencia humana es indudable y se manifiesta en
El reduccionismo del ser: Si todo es política, se corre el riesgo de vaciar de valor propio al arte, la belleza, la amistad, la ciencia o la espiritualidad. Una obra de arte o un gesto de bondad no valen solo por su «utilidad ideológica», sino por su valor intrínseco.
El agotamiento social: Convertir cada rincón del quehacer cotidiano en un campo de batalla o en una trinchera ideológica genera fatiga y polarización, ahogando la espontaneidad y la libertad individual.
Un necesario punto de equilibrio
Tal vez la clave resida en distinguir entre el origen estructural de las cosas y su naturaleza profunda:
Es cierto que la política atraviesa o afecta casi todas las facetas de la vida en comunidad, pero eso no significa que la política sea la esencia de todas esas facetas.
La política es la herramienta mediante la cual convivimos y distribuimos el poder, pero no es el fin último de la existencia. El arte, la filosofía, el amor o el simple disfrute de la naturaleza existen por sí mismos, y defender espacios donde la política no lo ocupe todo es, paradójicamente, una forma de preservar la propia salud de la cultura.
Los niños desarrollan juegos bélicos en calles vacías, muy posiblemente bajo un cierto abandono de sus padres. En realidad en aquellos tiempos, la infancia se desarrollaba en el colegio y en las calles. Calles con un inconfundible sabor de la época de la gran revolución industrial. No obstante lo que nos muestra la imagen Saltley es hoy en dia un barrio céntrico de la cuarta ciudad de Inglaterra. Asociar su ambiente con el de la mítica serie televisiva Peaky Blindersya requiere centrarse en lugares muy concretos.
No me pasa desapercibido el letrero de Beecham’s Pills, «make life worth living» (haz que la vida valga la pena vivirla) Las píldoras de Beecham eran un laxante que se comercializó por primera vez alrededor de 1842 en Wigan , Lancashire . Fueron inventadas por Thomas Beecham (1820-1907), abuelo del director de orquesta Sir Thomas Beecham (1879-1961). La empresa farmacéutica británica, fundada en 1859 como Beechams , se convirtió en una marca global y, en el año de su fundación, creó el primer eslogan publicitario : «Vale una guinea la caja». Eslogan que compite con el de la imagen en originalidad.
El candidato de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund (centro), celebra junto a los copresidentes del partido, Alice Weidel y Tino Chrupalla, tras conocerse los sondeos a pie de urna de las elecciones regionales, este domingo en Magdeburgo. foto: Tobias SchwarzAFP.
«Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar».
Dominadas, flexiones, fondos, sentadillas y, para los más avanzados, movimientos tan llamativos como el muscle-up, que nos permite pasar de estar colgados a situarnos por encima de una barra; la planche, donde nuestro cuerpo permanece horizontal apoyado únicamente sobre las manos, con los pies en el aire; o el front lever, que también consiste en mantener la posición horizontal, pero suspendiéndonos bocarriba de una barra. La calistenia ha ganado una enorme popularidad durante los últimos años, especialmente gracias a las redes sociales y al crecimiento de los parques de entrenamiento.
Pero ¿es realmente eficaz o estamos simplemente ante otra moda deportiva? Para responder a esta pregunta conviene empezar por aclarar qué entendemos por calistenia.
Nuestro cuerpo también puede ser una pesa.
La calistenia es una forma de entrenamiento en la que utilizamos principalmente nuestro propio peso corporal como resistencia. Su nombre procede de los términos griegos kalos (“bello”) y sthenos (“fuerza”), aunque el uso moderno de la palabra comenzó a extenderse durante el siglo XIX para referirse a diferentes formas de ejercicio físico. El propio origen del vocablo ya relaciona, por tanto, movimiento y fuerza.
Hoy incluye ejercicios tan conocidos como sentadillas, zancadas, flexiones, dominadas o fondos. No hace falta realizar movimientos acrobáticos para practicarla. Una persona que comienza haciendo una flexión contra una pared utiliza el mismo principio que otra capaz de realizar una flexión con una sola una mano: mover su cuerpo frente a la gravedad.
Dicho de otra manera: una flexión no es un ejercicio “sin peso”, porque la pesa somos nosotros.
Un gimnasio que llevamos siempre encima.
Esta característica convierte a la calistenia en una opción especialmente interesante para empezar a hacer ejercicio. No requiere necesariamente ir al gimnasio, usar máquinas ni incurrir en grandes inversiones y puede practicarse en casa, en un parque o prácticamente en cualquier lugar.
Así, un estudio que comparó un programa progresivo de flexiones con otro de press de banca (el conocido ejercicio en el que empujamos una barra desde el pecho tumbados sobre un banco) encontró mejoras de fuerza en ambos grupos. Otro ensayo ajustó la dificultad de las flexiones para hacerla comparable a la resistencia utilizada en el press de banca y observó mejoras similares tanto en fuerza como en el grosor muscular de pectoral y tríceps tras ocho semanas.
La explicación es relativamente sencilla: nuestros músculos no necesitan saber si la resistencia procede de una mancuerna, una máquina o de nuestro cuerpo. Lo que necesitan es enfrentarse a un estímulo suficiente que, con el tiempo, vaya aumentando.
Y ahí aparece una palabra fundamental: progresión.
Progresar no significa hacer cada vez más repeticiones.
Entrenar con nuestro peso no significa limitarnos a hacer cada vez más repeticiones. Podemos modificar las palancas, los puntos de apoyo, el rango de movimiento o la distribución del peso. Por ejemplo, una flexión puede comenzar contra una pared, continuar con las manos sobre una superficie elevada, pasar después al suelo y evolucionar hacia variantes progresivamente más exigentes.
Esta forma de progresar presenta además una característica interesante: nos obliga a aprender a mover nuestro propio cuerpo. Al modificar posiciones y apoyos debemos prestar atención al control del tronco, al equilibrio, al recorrido y a nuestra capacidad para mantener una ejecución adecuada.
De esta manera podemos reconocer progresivamente hasta dónde controlamos un movimiento, cuándo perdemos estabilidad o qué variante todavía resulta demasiado difícil. No significa que la calistenia desarrolle automáticamente una mejor “conciencia corporal” que otros métodos, pero sí convierte la mecánica del propio movimiento en una parte importante de la dosificación de la carga.
Pero aquí aparece también una de sus principales limitaciones. Una flexión puede resultar sencilla para una persona entrenada y tremendamente exigente para otra. Una dominada puede servir de calentamiento para alguien con elevada fuerza relativa y prácticamente imposible para quien comienza. “Sin pesas” no significa necesariamente “fácil”.
Por eso, la calistenia debe individualizarse como cualquier entrenamiento. Para algunas personas el punto de partida será una sentadilla; para otras, levantarse y sentarse de una silla ya supone una resistencia suficiente. La clave consiste en encontrar una variante que represente un reto asumible y progresar desde ella.
Falso dilema.
Pero entonces ¿es mejor la calistenia o las pesas? Probablemente sea una pregunta equivocada.
Las pesas permiten aumentar la dificultad de forma muy gradual: basta con añadir unos pocos kilos. En calistenia, en cambio, progresar suele implicar modificar la posición del cuerpo o pasar a una variante más exigente, y ese cambio no siempre puede hacerse de forma tan progresiva.
Por ejemplo, una persona puede comenzar realizando lo que se denomina “remo en TRX” –tirando de su cuerpo hacia unas asas mientras mantiene los pies apoyados en el suelo– y, a medida que gana fuerza, inclinar cada vez más el cuerpo para aumentar la dificultad. Sin embargo, dar después el paso hacia una dominada supone vencer una proporción mucho mayor de nuestro peso corporal y puede representar un incremento importante de la exigencia.
Esta diferencia se hace especialmente evidente en personas entrenadas y en ejercicios de piernas. Cuando nuestro propio peso deja de proporcionar un estímulo suficiente, añadir carga externa mediante pesas o lastre puede ser una forma más sencilla y precisa de seguir progresando.
La evidencia indica que, si queremos mejorar especialmente nuestra capacidad para mover cargas muy pesadas, suele ser útil entrenar también con resistencias altas. En cambio, para aumentar el tamaño del músculo no es imprescindible trabajar siempre con mucho peso: también pueden obtenerse mejoras con cargas más ligeras si el ejercicio llega a ser suficientemente exigente.
Un buen punto de partida.
Por eso, calistenia y pesas no deberían entenderse como métodos enfrentados, sino como herramientas que pueden complementarse. Podemos empezar haciendo dominadas únicamente con nuestro peso corporal y, cuando ya resulten demasiado fáciles, añadir lastre –es decir, peso extra sujeto al cuerpo– para seguir aumentando la dificultad.
Al final, el principio sigue siendo el mismo. La calistenia no funciona porque nuestro cuerpo tenga ninguna propiedad mágica como herramienta de entrenamiento, sino porque también es una resistencia. Y aprender a moverlo, controlarlo y hacerlo progresivamente más fuerte puede ser una de las formas más sencillas y accesibles de comenzar a entrenar.
No necesitamos empezar haciendo una dominada o “muscle-up”. Para algunas personas, realizar su primera flexión apoyando las manos contra una pared ya es un excelente punto de partida.
Ayer hablábamos de la necesidad del silencio. Filosofábamos sobre el valor del mismo. Su capacidad sanadora…
Precisamente en los momentos en que los compañeros que usan Blogger se encontraban con el problema de que aquel sistema no funcionaba correctamente y no se podían enviar nuevos comentarios ni contestar los antiguos. Una especie de silencio forzado que no permite el diálogo. A esta hora (7:40 del sábado 5/9), el problema persiste, aunque he podido ver que algún usuario ha podido publicar algún comentario. Eso me hace suponer que se está trabajando para solucionarlo.
Por cosas como esa, decidí recientemente, seguir mi humilde proyecto blog, cambiando a esta plataforma.
La diferencia sustancial es que Blogspot o Blogger, son secciones dentro del mundo Google que se pueden calificar de «residuales». Han sido siempre gratuitas y los intentos de establecer publicidad no han cuajado. Con el tiempo, como es de esperar, suponen ser una piedra en el zapato de la compañía. Algo que deberá solucionar de un modo u otro. Por ejemplo, convertirse en un servicio de pago (indirectamente, mediante una cuota relacionada con el volumen de alojamiento necesario o en función de prestaciones catalogables, como de usuario estándar o premium).
De hecho, ese es el modelo que tiene WordPress. Puedes tener un blog totalmente gratuito, pero solo dispones de 1gb. Si no usas imágenes destacadas, y eres un buen administrador de contenidos, tienes capacidad para un buen tiempo, pero también sufrirás limitaciones de uso (no plugins, plantillas muy limitadas, etc. etc.).
La modalidad que sigue (el Plan Personal) ya ofrece unas capacidades suficientes, aunque lo mismo digo; ojo con el abuso de imágenes y multimedios varios, pues deben ser cargados en tu espacio y lo van limitando.
Evidentemente, todo tiene sus pros y sus contras, sus ventajas y sus inconvenientes, y cada cual debe saber dónde debe o quiere estar.
Esta es una de las pocas entradas publicadas por mí en Substack de la que siento la necesidad de traer aquí. Imposible hacerlo sin modificarla con cada lectura. Es lo que tienen algunos textos; que «se dejan». Hay algunas más en aquella casa (Substack) que merecen ser salvadas del fuego del olvido (según mi modesto entender) y ya irán apareciendo.
Hay algo fascinante en cómo hemos decidido colectivamente que cada momento debe ser llenado. Como si el silencio se hubiera convertido en nuestro nuevo enemigo, y la estimulación constante en nuestra plegaria diaria.
¿Cuántas veces hablamos solo para llenar un vacío? ¿Cuántas veces navegamos para escapar de la incomodidad de estar solos con nosotros mismos? Hemos creado un mundo donde el ruido se ha vuelto la norma, donde dejar que una conversación haga pausa roza la incomodidad.
La Sabiduría del Silencio
Cuando nos apresuramos a llenar cada silencio, pagamos un precio invisible pero real. Los malentendidos se multiplican, requiriendo aclaraciones que finalmente toman más energía que si hubiéramos tomado el tiempo para escuchar cuidadosamente desde el principio. Las relaciones se deterioran porque ya no absorbemos verdaderamente lo que se dice, demasiado ansiosos por pasar a nuestro siguiente punto. Todo esto merece algo mejor que comentarios constantes. Merece presencia, escucha, gestación. Los filósofos saben que algunas verdades solo pueden emerger en la quietud. Los líderes más sabios saben que una palabra dicha demasiado rápido puede destruir años de confianza.
«Aquellos que saben no hablan; aquellos que hablan no saben.» — Tao Te Ching
La Voz Incesante de la Mente
Incluso en soledad, rara vez estamos callados. Nuestros pensamientos comentan, comparan, repasan, ensayan. No es el mundo lo que nos agota. Es la mente que nunca silenciamos. Planeamos mientras caminamos. Rumiamos mientras comemos. Despertamos ya hablándonos internamente. Pero los pensamientos no son el enemigo. Es nuestra identificación con ellos—nuestro constante diálogo con ellos—lo que nos atrapa en el ruido. El silencio no es la ausencia del pensamiento. Es el espacio donde los pensamientos pueden pasar sin arrastrarnos con ellos.
Lo que te estás perdiendo
Sin silencio, perdemos profundidad. Nos volvemos reactivos, no reflexivos. Rozamos la superficie de la vida, perdiendo las corrientes subterráneas. En una mente ruidosa, no hay espacio para la intuición. En un mundo apresurado, no hay lugar para el asombro. La verdadera conexión—ya sea con otros, la naturaleza o nosotros mismos—no grita. Susurra. Y para escucharla, debemos estar callados.
Recuperando el Silencio
– Dejando que las pausas permanezcan sin llenar. – Notando cuando hablamos por incomodidad. – Practicando la presencia sin comentarios. – Caminando sin narración. – Sentándonos sin buscar.
Empieza pequeño. Luego da otro paso. El silencio no es algo que encuentres. Es lo que queda cuando dejas de huir. Necesitas silencio. Porque el mundo es ruidoso. Y eso que habita en tu interior, algunos lo llaman alma, yo no lo llamo de manera alguna, solo lo observo, no grita. Espera.
La NASA ofrecerá (como suele ser habitual) cobertura en directo del lanzamiento y acoplamiento de una nave de carga de Roscosmos que transportará aproximadamente tres toneladas de alimentos, combustible y suministros para la tripulación a bordo de la Estación Espacial Internacional.
La nave espacial de reabastecimiento no tripulada Progress 96 tiene previsto su lanzamiento a las 12:15 pm EDT (9:15 pm hora de Baikonur), el miércoles 9 de septiembre, a bordo de un cohete Soyuz desde el cosmódromo de Baikonur en Kazajistán. La cobertura en directo del lanzamiento por parte de la NASA comenzará a las 12:00 pm.
Después de un viaje de dos días a la estación espacial, la Progress se acoplará de forma autónoma al puerto orientado hacia el espacio del módulo Poisk a las 14:37 del viernes 11 de septiembre. La cobertura de la llegada por parte de la NASA comenzará a las 13:45.
La NASA transmitirá estos eventos en directo a través de diversas plataformas. Descubre dónde verlos online:
La nave espacial permanecerá acoplada al laboratorio orbital durante unos cinco meses antes de partir para reingresar en la atmósfera terrestre, donde se desintegrará inofensivamente sobre el Océano Pacífico.
Antes de la llegada de la Progress 96, la nave Progress 94 se desacoplará de la estación espacial aproximadamente a las 11:18 a. m. del lunes 7 de septiembre para su partida y reentrada destructiva programada. La NASA no transmitirá en directo el desacoplamiento de la Progress 94.
Durante más de 25 años, personas han vivido y trabajado ininterrumpidamente a bordo de la Estación Espacial Internacional, impulsando el conocimiento científico y logrando avances en la investigación imposibles en la Tierra. La estación espacial ayuda a la NASA a comprender y superar los desafíos de los vuelos espaciales tripulados, ampliar las oportunidades comerciales en la órbita terrestre baja y sentar las bases para misiones de larga duración a la Luna, como parte del programa Artemis, y a Marte.
Para obtener más información sobre la Estación Espacial Internacional, sus investigaciones y su tripulación, visite:
Desde hace más de un siglo asistimos a una curiosa paradoja: cada vez que aparece una nueva tecnología, alguien anuncia que ha llegado el momento de despedirnos de los libros.
En 1913, Thomas Edison afirmaba que «los libros pronto serán obsoletos en las escuelas públicas». Décadas después, en 1972, Marshall McLuhan sostenía que «los libros se están volviendo obsoletos». En 2008, Steve Jobs aseguraba que «la realidad es que la gente ya no lee». Y en 2012, Philip Roth fue todavía más contundente: «La pantalla matará al lector, y así ha sido».
Ahora, en 2026, volvemos a escuchar argumentos similares. Un artículo reciente de The Atlantic llega a describir la era de la lectura como un «breve interludio entre la era oral y la digital».
La historia, sin embargo, parece empeñada en llevar la contraria a todos estos pronósticos.
Porque cada nueva pantalla iba a acabar con el libro. Primero fue el cine; después, la radio; más tarde, la televisión; luego llegaron los videojuegos, Internet, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y ahora la inteligencia artificial. Cada tecnología parecía destinada a ocupar el lugar de la lectura. Y, sin embargo, los libros siguen aquí.
Las cifras ofrecen una imagen bastante diferente de la anunciada desaparición. En Estados Unidos se vendieron el año pasado alrededor de 762 millones de libros impresos y se abrieron 422 nuevas librerías. En el Reino Unido, la ficción alcanzó su mejor resultado desde que existen registros. En Australia, las ventas crecieron por primera vez desde 2022. Y, a escala internacional, las ventas de libros aumentaron en once de los diecinueve mercados analizados.
Quizá el problema no sea que la gente haya dejado de leer, sino que algunos han confundido sus propios hábitos con los hábitos de toda una sociedad.
La lectura está cambiando, por supuesto. Cambian los formatos, los dispositivos, los tiempos y las maneras de acceder a los textos. Leemos en papel, en pantallas, en teléfonos, en tabletas y escuchamos libros mientras caminamos o viajamos. Pero cambiar la forma de leer no significa necesariamente dejar de leer.
El libro tampoco es únicamente un objeto. Es una tecnología cultural extraordinariamente resistente, capaz de adaptarse a nuevos entornos sin desaparecer. Y la lectura continúa siendo una de las herramientas fundamentales para comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico, imaginar otras vidas y conversar con quienes estuvieron antes que nosotros.
Por eso, cuando alguien vuelva a preguntarte con cierta sorpresa: «¿Todavía lees libros? ¿En 2026?», quizá la mejor respuesta sea simplemente sonreír.
Sí. Todavía leemos.
Y, contra todos los pronósticos, seguimos haciéndolo.
Porque la historia del libro no es la historia de una tecnología que se resiste a morir. Es la historia de una cultura que, una y otra vez, encuentra nuevas formas de sobrevivir.
Vincent Phan – Founder, 1000 Libraries
Leído y reblogueado: Universo Abierto (texto e imagen)
Ayer lo mencioné y hoy cumplo promesa. Hablemos de Manuel. Empiezo por el final.
Manuel Almeida devolvió la vida al cosmos, el 14 de julio de 2020 con tan solo 58 años de edad.
Si quieres saber la amplitud de la persona, puede que lo mejor sea darse una vueltecita por su página en Wikipedia (Ya sabes, no todo el mundo tiene una página en Wikipedia). Y es que aunque aquí me voy a centrar en su faceta de bloguero, Manuel, fue mucho más: Cronista musical, cantautor, periodista redactor en la Gaceta de las Palmas, La Provincia, Canarias 7, La Tribuna de Canarias… (¿Hace falta decir que era canario?)
Curiosamente, él fue el culpable de que un año o un año y medio después de integrarme en la plataforma Blogger, cerrara el que fue mi primer blog (Condición Humana) y abriera un espacio con WordPress (fíjate que digo con WP y no digo en WP). Alquilé mi espacio hosting y me aventuré a tratar de aprender los entresijos de esta máquina, alojada en mi propio sitio. Otros proyectos me distrajeron y finalmente lo dejé; no antes de haber mareado hasta el infinito al pobre Manuel, que amablemente respondía a mis consultas. Solo con eso, ya se ganó el cielo, creedme. Claro que eran otros tiempos y los «locos de la colina» no abundaban tanto.
Su blog MANGAS VERDES es mítico en la historia de la blogosfera española. Activo entre 2004 y 2014, con el que consiguió seis premios internacionales, entre ellos el de Mejor Comunicador en Internet, otorgado por la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) en 2010, Mejor Blog Español en los premios 20Blogs, del periódico 20minutos en 2008 o el Premio Especial del Jurado de los premios bitacoras.com en 2008.
Supongo que la empatía floreció a través de la fotografía. Yo un profesional en el final de su carrera, él un inmenso aficionado lleno de entusiasmo.
Ahora que estoy de nuevo buceando en los entresijos de esta máquina, me he acordado de él. Sé que vive en el corazón de mucho entusiasta de la blogosfera.
Un par de años antes, cuando ya lidiaba con la enfermedad, dejó inactivo su blog de siempre para abrir uno, de caracter mas personal y bitacórico. Con su nombre como titulo y que podeis encontrar AQUÍ. No os perdáis la última entrada, «conversaciones entre dos mundos». Con el borrador escrito a mano en una libreta.
Alguien se ocupa de mantener su espacio, en un estado latente, facilitando su recuerdo.
¿Y qué es la muerte
sino un entregarse inconsciente
a las fuentes de la vida,
un retorno al origen,
un disiparse en los anales
del espacio y el tiempo,
un dejar de ser
para volver a ser
simplemente universo?
(M.Almeida)