Autor: Ricard Pardo

  • La lectura puesta en cuestión

    Desde hace más de un siglo asistimos a una curiosa paradoja: cada vez que aparece una nueva tecnología, alguien anuncia que ha llegado el momento de despedirnos de los libros.

    En 1913, Thomas Edison afirmaba que «los libros pronto serán obsoletos en las escuelas públicas». Décadas después, en 1972, Marshall McLuhan sostenía que «los libros se están volviendo obsoletos». En 2008, Steve Jobs aseguraba que «la realidad es que la gente ya no lee». Y en 2012, Philip Roth fue todavía más contundente: «La pantalla matará al lector, y así ha sido».

    Ahora, en 2026, volvemos a escuchar argumentos similares. Un artículo reciente de The Atlantic llega a describir la era de la lectura como un «breve interludio entre la era oral y la digital».

    La historia, sin embargo, parece empeñada en llevar la contraria a todos estos pronósticos.

    Porque cada nueva pantalla iba a acabar con el libro. Primero fue el cine; después, la radio; más tarde, la televisión; luego llegaron los videojuegos, Internet, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y ahora la inteligencia artificial. Cada tecnología parecía destinada a ocupar el lugar de la lectura. Y, sin embargo, los libros siguen aquí.

    Las cifras ofrecen una imagen bastante diferente de la anunciada desaparición. En Estados Unidos se vendieron el año pasado alrededor de 762 millones de libros impresos y se abrieron 422 nuevas librerías. En el Reino Unido, la ficción alcanzó su mejor resultado desde que existen registros. En Australia, las ventas crecieron por primera vez desde 2022. Y, a escala internacional, las ventas de libros aumentaron en once de los diecinueve mercados analizados.

    Quizá el problema no sea que la gente haya dejado de leer, sino que algunos han confundido sus propios hábitos con los hábitos de toda una sociedad.

    La lectura está cambiando, por supuesto. Cambian los formatos, los dispositivos, los tiempos y las maneras de acceder a los textos. Leemos en papel, en pantallas, en teléfonos, en tabletas y escuchamos libros mientras caminamos o viajamos. Pero cambiar la forma de leer no significa necesariamente dejar de leer.

    El libro tampoco es únicamente un objeto. Es una tecnología cultural extraordinariamente resistente, capaz de adaptarse a nuevos entornos sin desaparecer. Y la lectura continúa siendo una de las herramientas fundamentales para comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico, imaginar otras vidas y conversar con quienes estuvieron antes que nosotros.

    Por eso, cuando alguien vuelva a preguntarte con cierta sorpresa: «¿Todavía lees libros? ¿En 2026?», quizá la mejor respuesta sea simplemente sonreír.

    Sí. Todavía leemos.

    Y, contra todos los pronósticos, seguimos haciéndolo.

    Porque la historia del libro no es la historia de una tecnología que se resiste a morir. Es la historia de una cultura que, una y otra vez, encuentra nuevas formas de sobrevivir.

    Vincent Phan – Founder, 1000 Libraries
    Leído y reblogueado: Universo Abierto (texto e imagen)

  • Manuel Almeida

    Manuel Almeida

    Ayer lo mencioné y hoy cumplo promesa. Hablemos de Manuel. Empiezo por el final.
    Manuel Almeida devolvió la vida al cosmos, el 14 de julio de 2020 con tan solo 58 años de edad.
    Si quieres saber la amplitud de la persona, puede que lo mejor sea darse una vueltecita por su página en Wikipedia (Ya sabes, no todo el mundo tiene una página en Wikipedia). Y es que aunque aquí me voy a centrar en su faceta de bloguero, Manuel, fue mucho más: Cronista musical, cantautor, periodista redactor en la Gaceta de las Palmas, La Provincia, Canarias 7, La Tribuna de Canarias… (¿Hace falta decir que era canario?)

    Curiosamente, él fue el culpable de que un año o un año y medio después de integrarme en la plataforma Blogger, cerrara el que fue mi primer blog (Condición Humana) y abriera un espacio con WordPress (fíjate que digo con WP y no digo en WP). Alquilé mi espacio hosting y me aventuré a tratar de aprender los entresijos de esta máquina, alojada en mi propio sitio. Otros proyectos me distrajeron y finalmente lo dejé; no antes de haber mareado hasta el infinito al pobre Manuel, que amablemente respondía a mis consultas. Solo con eso, ya se ganó el cielo, creedme. Claro que eran otros tiempos y los «locos de la colina» no abundaban tanto.

    Su blog MANGAS VERDES es mítico en la historia de la blogosfera española. Activo entre 2004 y 2014, con el que consiguió seis premios internacionales, entre ellos el de Mejor Comunicador en Internet, otorgado por la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) en 2010, Mejor Blog Español en los premios 20Blogs, del periódico 20minutos en 2008 o el Premio Especial del Jurado de los premios bitacoras.com en 2008.

    Supongo que la empatía floreció a través de la fotografía. Yo un profesional en el final de su carrera, él un inmenso aficionado lleno de entusiasmo.
    Ahora que estoy de nuevo buceando en los entresijos de esta máquina, me he acordado de él. Sé que vive en el corazón de mucho entusiasta de la blogosfera.
    Un par de años antes, cuando ya lidiaba con la enfermedad, dejó inactivo su blog de siempre para abrir uno, de caracter mas personal y bitacórico. Con su nombre como titulo y que podeis encontrar AQUÍ.  No os perdáis la última entrada, «conversaciones entre dos mundos».  Con el borrador escrito a mano en una libreta.
    Alguien se ocupa de mantener su espacio, en un estado latente, facilitando su recuerdo.

    Un saludo a todos, Ricard.

  • Ha vuelto Héctor

    Hoy, el correo electrónico me ha traído la noticia de que Héctor, después de prácticamente seis años de ausencia, retomaba el blog. Su blog.
    Y amablemente me decía que, aunque sabía que estaba suscrito a su blog mediante el sistema de newsletter, me sugería renovar la suscripción, ya que el servicio al que confiaba anteriormente esos envíos, ya no funcionaba.
    Tanto él, Héctor, como el desaparecido  Manuel Almeida (d.e.p.) de «Mangas Verdes» fueron desde siempre mis principales referentes y mis maestros en el modo y forma de llevar los blogs. Y de Manuel, hablaremos otro dia, que bien seguro está sin modo de salirse, de un trocito de mi corazón.

    Héctor García Puigcerver nació en España en 1981 y en 2004 se fue a Japón a trabajar. Como dice él, «Ya no vuelvo, si no es por visita», y allí está, escribiendo libros de los cuales ha vendido ya más de 9 millones de ejemplares. Pero bueno, yo creo que si tenéis ganas y tiempo, lo mejor que podéis hacer es visitar su blog y conocerlo.

    Solo con ver su columna lateral y la enormidad del archivo del blog, os daréis cuenta de que hay sustancia:

    El que vuelva, a mí, me ha alegrado el día.

    KIRAI
    Un geek en Japón.
    Blog de Héctor García

    Clic en esta imagen para visitar el blog de Kirai

  • Gutenberg

    Gutenberg

    Un hermoso nombre para un editor de textos y mucho más.

    Me acabo de comprar este librito. Hasta ahora he ido aprendiendo todo lo relacionado con plantillas y también con contenido; la forma de componer, distribuir y ordenar los textos y los elementos de una entrada (o de la plantilla) tirando de intuición.
    Este proceder tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que llegas «con profundidad» (la que da la experiencia de la prueba, error, corrección y acierto) y por otro lado, tiene el inconveniente de que «chupa tiempo» que es un contento.
    Un libro para aprender los controles de vuelo. Porque, volamos con WordPress.

  • A un mes del tortazo.

    Según el monitor de salud que llevo en la muñeca, desde que tuve la caída (hoy hace un mes), esta pasada noche es la que más horas he dormido.
    Cuatro horas y trece minutos.
    En algunas noches, la calidad del sueño era tan deficiente que los sensores y sus algoritmos no lo entendían o no lo detectaban como sueño. En cualquier caso, y en otro orden de cosas, puedo decir que el dolor va remitiendo.
    Al parecer, solo el especialista en maxilofacial puede autorizarme de nuevo el uso de la CPAP. (Está de vacaciones y no tiene sustituto. Hospital Josep Trueta, Girona).

    Edición añadida (20:02)

  • Consciencia y medicina china

    Lo que la medicina tradicional china puede enseñarnos sobre la “consciencia sana”

    A middle-aged Asian woman with her arms outstretched and a happy expressionChay_Tee/Shutterstock

    Autoría: Antonio Martín, Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón IiSGM ; Universidad Nebrija

    Hoy en día, la neurociencia considera la conciencia como un mecanismo que está encerrado en el cerebro, como algo que nos permite ser conscientes de información que, de otro modo, sería inconsciente. Esta visión se sustenta en una suposición: que la conciencia es un mecanismo autónomo y autosuficiente, una entidad oculta a la espera de ser localizada y explicada.

    Mi propia investigación siguió inicialmente esta línea de pensamiento, considerando la conciencia como un programa cognitivo creado por áreas concretas del cerebro humano. Sin embargo, el problema de concebir la conciencia como algo tangible es que, en realidad, no podemos “ubicarla”.

    Los investigadores han bautizado esto como el “problema difícil de la conciencia”: ¿cómo es posible que los mecanismos cerebrales físicos se experimenten subjetivamente en lugar de ser meramente inconscientes?

    La medicina tradicional china concibe la conciencia de una forma totalmente diferente. No la ve como un mecanismo o una entidad, sino como una “luz” que brilla cuando nuestro universo interior está en armonía.

    Según esta visión, la conciencia no puede localizarse, extraerse ni estudiarse de forma aislada, ya sea un cerebro en un laboratorio o un programa en un ordenador. En cambio, se asemeja más a una cualidad que una persona puede poseer, similar a conceptos como la salud o la belleza. Al igual que la salud y la belleza, la conciencia puede aparecer y desaparecer, pero su luz brilla con mayor intensidad cuando todo el conjunto cuerpo-mente está en equilibrio.

    La conciencia en la China antigua

    Las primeras referencias al concepto de conciencia en China se remontan a hace aproximadamente 2 200 años, en el Canon Interno del Emperador Amarillo (黃帝內經; HuangDi NeiJing), que explica el concepto de lo sagrado que se manifiesta, conocido como luz espiritual (神; Shen).

    A diferencia de la palabra china contemporánea para “conciencia” (意識; YiShi) –que está influenciada por el concepto de “atención” de la psicología cognitiva occidental–, el concepto tradicional se refiere a una fuerza misteriosa del universo presente en los seres vivos.

    Aunque se considera que la conciencia está coordinada por el corazón, esta surge de la armonía y la conexión de todos los órganos. No puede localizarse ni separarse de los procesos corporales. Por lo tanto, cuando la conciencia brilla con intensidad (神明; ShenMing), una persona encarna un estado óptimo de salud y sabiduría.

    En términos físicos, una conciencia sana se manifiesta no solo como vigilia, estado de alerta y capacidad de respuesta, sino también como ojos brillantes, claridad mental y una presencia consciente.

    Cinco personas haciendo ejercicio en un parqueActividades como el tai chi pueden ayudar a desarrollar una conciencia sana.
    Cheng Shi Song/Unsplash

    Por el contrario, cuando se rompe el equilibrio, la conciencia ilumina un campo más reducido y surgen perturbaciones. En la medicina tradicional china, las perturbaciones y la falta de armonía se producen cuando se pierde el equilibrio natural entre los órganos, como el corazón y el hígado.

    Las consecuencias son la falta de atención o la indiferencia hacia el entorno, trastornos del sueño, falta de creatividad o de sentido en la vida, sensación de irrealidad, ansiedad, impulsividad, aislamiento social, dolor de cabeza y fatiga.

    Esto conduce, en última instancia, a la “enfermedad del espíritu y la mente” (神志病; ShenZhiBing), un estado que se corresponde con el concepto occidental de mala salud mental o enfermedad mental.

    Conciencia y salud mental

    Tanto en la tradición occidental como en la tradicional china, la salud mental puede definirse, en términos generales, como un “estado de bienestar que permite a las personas hacer frente al estrés normal de la vida y desenvolverse de forma productiva”. La gran diferencia radica en dónde se sitúa ese “bienestar”. En las tradiciones occidentales, la salud mental está regida principalmente por la mente. En la medicina tradicional china, una conciencia sana surge de la armonía entre el cuerpo y la mente en su conjunto.

    Las tradiciones chinas pueden, por lo tanto, enseñarnos cómo proteger la salud de nuestra conciencia a través de una serie de enfoques holísticos diferentes. Muchas de estas prácticas ya le resultarán familiares. Pueden adoptar la forma de actividades como la meditación, la atención plena o el yoga, o de hábitos cotidianos como la alimentación y el sueño.

    Cualquiera que haya viajado a China y haya paseado por un parque se habrá sorprendido al ver a tanta gente, sobre todo personas mayores, practicando tai chi en grupo. El tai chi es un arte marcial antiguo que combina movimientos lentos y fluidos con respiración profunda y concentración mental. Su práctica ha demostrado ser muy prometedora para mejorar el equilibrio, reducir el estrés y fortalecer el cuerpo sin impactos.

    En lo que respecta al sueño, las sociedades modernas chinas y occidentales tienen problemas similares, especialmente en nuestra era actual de teléfonos inteligentes e hiperconectividad. Sin embargo, China está recurriendo a su antigua visión tradicional de la salud mente-cuerpo y se está esforzando por desarrollar políticas que promuevan activamente la salud del sueño.

    Dar prioridad al sueño mediante prácticas como una adecuada higiene del sueño protege directamente tanto nuestra salud física como mental. En concreto, protege contra las enfermedades cardíacas y potencia nuestras capacidades cognitivas.

    Todos podemos aprender mucho de la antigua concepción china de la conciencia, que considera la mente y el cuerpo como un todo inseparable y creó actividades que reflejan esta idea.

    Aunque muchos de nosotros practicamos habitualmente actividades de atención plena –ya sea tai chi, meditación, yoga u otras–, es importante recordar por qué existen estas prácticas en primer lugar. Lejos de limitarse a ejercitar o relajar el cuerpo o la mente, ofrecen una forma de unificar y armonizar todo nuestro ser, con el objetivo de fomentar una conciencia brillante y saludable.The Conversation

    Antonio Martín, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón, Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón IiSGM ; Universidad Nebrija Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

  • Joe

    Joe

    John Robert Cocker, al que conocemos y recordamos como Joe Cocker, aquel chico de los movimientos estrambóticos en el mítico festival de Woodstock 69. Aquel de aquella voz áspera y rota, ha querido personarse hoy mientras buscaba información sobre la enfermedad que, gracias a… la medicina (dejemos a dios en paz) yo pude superar y acabó con él tres años después (2014) de que a mí me dieran el alta (2011).

    He podido rescatar de ese enorme baúl de los recuerdos que es YouTube, el registro de una de sus últimas actuaciones. Sí, porque básicamente es donde están aquellos que pagaron su deuda con la vida y que, por la causa que sea, un día, una vez, movieron nuestro corazón. Están en ese espacio de la consciencia compartida que ocupan cosas tan nimias para algunos y tan sagradas para otros,  como el amor, la compasión, la amistad, la empatía…

    «Con un poco de ayuda de mis amigos» es el título de esta canción «cucaracha» (Beatles) de cuyo tema, el de la canción,  Joe era un doctorado. Su lucha con las sustancias, le hizo saber como a pocos el valor de la ayuda de la amistad. Escuchémoslo, recordémoslo, revivámoslo:

    foto: Jeff Hochberg en Rolling Stone

  • Reflexiones de fin de semana

    Esta semana ha sido fructífera en cuanto al blog se refiere. Me mueve un afán de «no continuismo» en relación con la línea que venía siguiendo en Blogger. Las palabras clave son sencillez, minimalismo, limpieza y aquello filosófico del menos es más.

    Ya son diecisiete las plantillas que he probado, manipulado y guardado en mi espacio «Mis Temas». Debo reconocer que me «excita» esta forma de manipular las plantillas, sin tocar el código y simplemente a base del «amadodiado»  sistema de bloques tan propio aquí en WordPress. Y en este sentido, tambien he descubierto la forma de tener la posibilidad —a la hora de escribir y publicar una entrada— de poder usar el otra vez mencionado, sistema de bloques o bien un editor de texto parecido al que tienen las gentes de Blogger o a un Word  sencillo. Aunque debo decir que el sistema de bloques que al principio me parecía un engorro, ahora cada vez me convence más.

    Nos quedamos con esta plantilla y prescindimos de lo que antes, (lo reconozco) tanto me gustaba: blogrolls, comentarios recientes, y un sinfín de paridas, en barras laterales o pies de blog. En realidad, aquí, que hay otros métodos basados en el escritorio (panel de control) no sirven para nada o bien poco. Nada. El contenido y ¡va que chuta!

    Las famosas «imágenes destacadas»
    Hablemos de ellas:
    Las preferencias de la plataforma son, que las uses cuanto más mejor. Luego explico la razón.
    Mi preferencia es, (y soy fotógrafo; quizás por eso) usarlas lo menos posible. Pienso que la «vistosidad» de un blog se consigue con más eficacia cuando se aplica la idea del menos es más.

    WordPress no puede obligarte, pero no te lo pone fácil. Si no hay imagen destacada, tampoco hay miniatura en los lectores de RSS o en los blogrolls que te mencionan.
    La razón: Es un tema comercial. Tú en esta casa tienes un espacio limitado por la modalidad de tu cuenta: 1Gb si eres gratuito, 6Gb si eres personal y 13 Gb si eres premium…
    Pues bien, en una entrada algunas imágenes pueden ser incrustadas desde una URL externa, pero las imágenes destacadas, no. Estas deben ser subidas a tu espacio y por lo tanto, consumen parte de ese espacio. Como no sepas la forma de editar las fotos para que pesen lo menos posible, verás tu espacio reducido en poco tiempo.

  • Retransmisión: Lanzamiento del Telescopio Nancy Grace Roman

    Retransmisión: Lanzamiento del Telescopio Nancy Grace Roman

    Aquí disponemos de una ventana de video, retransmisión en directo, del lanzamiento. Atentos al reloj (en el video) que marca el tiempo restante para el lanzamiento. En principio a las 12:20 hora europea
    Una vez finalice la retransmisión, dejaremos el post, por si NASA sigue ofreciendo la información en diferido o bien procuraré encontrar si hay una alternativa.

     

  • De dos en dos

    Los eclipses suelen presentarse en pares. Dos veces al año, durante una temporada de eclipses que dura aproximadamente 34 días, el Sol, la Luna y la Tierra pueden alinearse casi por completo. Entonces, las fases de luna nueva y luna llena , separadas por poco más de 14 días, crean un eclipse solar y uno lunar. Sin embargo, rara vez la alineación tanto en luna nueva como en luna llena durante una misma temporada de eclipses es lo suficientemente cercana como para producir un par con eclipses solares y lunares totales. Lo más frecuente es que los eclipses parciales formen parte de cualquier temporada de eclipses. Pero la última temporada de eclipses de 2026 produjo este par, con dos semanas de diferencia, de un eclipse solar total el 12 de agosto (arriba) y un eclipse lunar casi total la noche del 27 al 28 de agosto. En luna nueva, el eclipse solar fue capturado en Peñafiel, España, cerca del comienzo de la totalidad en esta imagen compuesta HDR, que revela un destello de perlas de Bailey y una corona solar dorada . En la siguiente luna llena, el profundo eclipse lunar parcial fue registrado desde Sèvres, Francia. Esta imagen, también compuesta en HDR, muestra este eclipse parcial cerca de la mitad de su fase máxima del 93%, por lo que aproximadamente la mitad del disco lunar visible aparece oscurecido y enrojecido dentro de la sombra umbral de la Tierra . La próxima temporada de eclipses incluirá un eclipse solar anular el 6 de febrero de 2027, junto con un eclipse lunar penumbral el 20/21 de febrero.

    Crédito y derechos de autor de la imagen del par de Eclipse : Gwenaël Blanck

  • Bravuconadas

    Bravuconadas

    Mientras aquí no paramos de parlotear los tontos de siempre, discutiendo lo indiscutible sobre las bravuconadas de Mohamed y sus muchachos, en Canadá se parten el culo de la risa con las bravuconadas del Pato Donald y sus coristas.

    (Visto en Instagram)

  • Autoría artificial

    Autoría artificial

    Esto, ¿lo ha hecho una IA?

    Que un contenido no lleve marca de haber sido por IA, no garantiza que sea un producto humano.
    Walls.io / Unsplash. , CC BY

    Autora del artículo: Paula Lamo, Universidad de Cantabria

    Desde el 2 de agosto de 2026, se aplican en la Unión Europea nuevas obligaciones de transparencia para determinados sistemas de inteligencia artificial (IA). Si los usuarios han visto un aviso en la página principal de herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude o Deepseek, no se trata de una campaña de imagen de las empresas tecnológicas. Es una consecuencia del artículo 50 del Reglamento europeo de inteligencia artificial.

    Entre otras obligaciones, los proveedores de sistemas generativos deben incorporar marcas que permitan detectar contenidos generados o manipulados artificialmente. Mientras, quienes utilizan estos sistemas tienen obligaciones específicas de información cuando producen deepfakes y determinados textos sobre asuntos de interés público.

    El objetivo parece claro: reducir los riesgos de engaño, manipulación, fraude o desinformación. Sin embargo, ¿qué demuestra realmente encontrar una de esas marcas? ¿Y qué significa no encontrarla?

    Qué se está incrustando exactamente en los archivos

    El Código de Buenas Prácticas europeo diseñado para facilitar el cumplimiento del artículo 50 contempla diferentes mecanismos de marcado y detección. El objetivo es que las señales sean legibles por máquina, interoperables, robustas y fiables hasta donde resulte técnicamente posible.

    Una de las tecnologías que puede utilizarse para acreditar la procedencia son los metadatos, es decir, etiquetas con información detallada sobre un archivo, criptográficamente verificables. Así, el estándar C2PA permite asociar a un archivo un historial de procedencia mediante credenciales firmadas digitalmente, de manera que las modificaciones posteriores puedan quedar registradas o ser detectables. Otra posibilidad son las marcas de agua imperceptibles incorporadas al propio contenido. Un ejemplo es el sistema SynthID, que introduce señales en imágenes, audio, vídeo o texto, destinadas a sobrevivir a determinadas transformaciones del archivo.

    Los dos mecanismos persiguen lo mismo, pero funcionan de manera distinta. Los metadatos se parecen a la etiqueta de una chaqueta: viajan con el archivo, aunque pueden desaparecer cuando este se copia, transforma o procesa. La marca de agua se parece más a la filigrana de un billete: está incrustada en el propio contenido y, en principio, resulta más difícil de eliminar.

    No obstante, ambas técnicas identifican la procedencia, no la autoría. Se trata de una limitación importante que hace que, aunque estamos empezando a disponer del «número de serie» que permite rastrear de dónde viene un contenido, sigamos sin tener una prueba capaz de determinar de forma fiable si lo creó una persona o una máquina.

    Todos los usos de la IA en el mismo saco

    Una señal de procedencia puede acreditar que un determinado sistema intervino en la generación o manipulación del contenido. No explica necesariamente cuánto intervino, ni cuál fue la contribución intelectual de la persona.

    No es lo mismo pedir a un modelo que genere un trabajo completo desde cero que utilizarlo para traducir un párrafo, mejorar una frase, depurar un fragmento de código, ordenar datos de laboratorio o retocar una imagen.

    Desde el punto de vista de la autoría, el esfuerzo y la responsabilidad intelectual pueden conformar situaciones muy distintas. Y una señal técnica de procedencia no nos saca de dudas.

    Entonces, ¿interpretaremos socialmente que un trabajo vale menos simplemente porque aparece el aviso de que intervino una IA? Si ocurre, habremos convertido una infraestructura diseñada para informar sobre la procedencia en algo parecido a un detector de fraude. Y no lo es.

    La paradoja del que no tiene nada que ocultar

    Existe, además, un problema de incentivos. Quien utiliza una herramienta de IA legítimamente puede no tener ningún interés en eliminar su procedencia. Pero ocurre lo contrario con quien pretende hacer pasar un contenido sintético por auténtico.

    Y resulta que, en algunos casos, estas marcas pueden eliminarse. Los metadatos son frágiles porque pueden desaparecer cuando el archivo se transforma, se vuelve a guardar o pasa por determinados servicios. Una captura de pantalla, por ejemplo, crea un archivo nuevo que ya no conserva necesariamente la cadena de procedencia original. Por su parte, las marcas de agua incorporadas al propio contenido intentan resolver ese problema: pueden diseñarse para resistir operaciones como compresión, recorte o reescalado.

    Pero robusto no significa indestructible. Está demostrado que determinadas marcas invisibles en imágenes pueden eliminarse mediante ataques de regeneración, en los que se añade ruido –errores, imágenes borrosas– para que un modelo generativo reconstruya posteriormente la imagen, debilitando o eliminando la señal original.

    Otros trabajos han estudiado un reto todavía más delicado: el compromiso entre hacer una marca suficientemente robusta para sobrevivir a manipulaciones y evitar que el sistema termine detectando como marcados contenidos que no deberían estarlo.

    En este contexto, las marcas pueden ser muy útiles para mantener una cadena de procedencia cuando los participantes quieren conservarla. El problema aparece cuando alguien intenta deliberadamente romperla.

    Intentos de regulación en una red global

    Europa no es la única que intenta afrontar el desafío. China introdujo en 2025 medidas específicas para identificar contenidos generados mediante IA. Corea del Sur también ha incorporado la obligación de etiquetar esta clase de contenidos.

    En Estados Unidos, California ha aprobado la ley AI Transparency Act, activa también desde el 2 de agosto de 2026, que obliga a grandes proveedores de IA generativa a incorporar señales latentes en imágenes, vídeo y audio generados por sus sistemas y a proporcionar herramientas que permitan a los usuarios comprobar si un contenido incluye esas señales.

    El resultado es un mosaico de obligaciones, tecnologías, excepciones y umbrales desplegado sobre una red que nunca fue diseñada para preguntar por el pasaporte de cada archivo.

    Presencia y ausencia no significan lo mismo.

    Disponer de mecanismos capaces de demostrar de dónde procede un contenido puede convertirse en una pieza importante de la infraestructura digital. El valor no está solo en señalar contenido generado mediante IA: también puede estar en acreditar que una fotografía procede realmente de la cámara o de la organización que afirma haberla producido.

    El problema aparece cuando convertimos una señal de procedencia en un veredicto sobre la autoría. Si encontramos una marca fiable, podemos obtener información relevante sobre la intervención de un determinado sistema o sobre el historial del archivo. Pero si no encontramos ninguna, la conclusión no es tan clara. Puede ser un contenido humano. Puede proceder de un sistema que no estaba obligado a incorporar esa señal. Puede haber sufrido transformaciones que rompieron su cadena de procedencia. Puede haberse realizado una captura de pantalla. O alguien puede haber intentado deliberadamente eliminar la marca.

    Presencia y ausencia, por tanto, no tienen el mismo valor probatorio. Y entender esa asimetría será imprescindible si estas tecnologías empiezan a utilizarse en educación, periodismo, justicia, redes sociales o propiedad intelectual.

    Al mismo tiempo, una marca de procedencia puede ayudarnos a responder a la pregunta: ¿de dónde viene esto? Pero no responde a otra mucho más difícil: ¿quién lo pensó? Para esa segunda pregunta seguimos sin tener un detector automático.The Conversation

    Paula Lamo, es Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.