Etiqueta: tecnología

  • Las alertas y los avisos

    Las alertas y los avisos

    No quisiera parecer el abuelo cascarrabias. Dejadme por favor, en la categoría de un»viejo de la tribu». 
    En este episodio de lluvias en Catalunya, unos cinco días hasta este momento, he recibido seis ES-Alerts. Me pregunto si no se está excediendo. Y ojo, que digo me pregunto. No lo afirmo. Pero tengo la sospecha de que si seguimos por este camino, lo más probable es que al final, la ciudadanía, cuando reciba los avisos, no les va a hacer ni puñetero caso.
    Si quiero ser franco, me temo que aquellos antiguos sistema que tocaban las campanas de la iglesia, eran más eficientes que toda esta tecnología aplicada a los dispositivos móviles.
    Afortunadamente, hay algo más que los ES-Alerts. Pero… ¿Estamos en ello?

    Cuando llega un aviso de inundación, la lluvia ya está en camino y poco se puede hacer para alterar el territorio. Sin embargo, un aviso a tiempo sigue siendo crucial para salvar vidas: permite tomar decisiones inmediatas como suspender clases, evacuar zonas, cerrar carreteras o pedir a la población que se resguarde.

    La alerta como última línea de defensa La alerta actúa cuando el evento es inminente. Su función principal no es modificar la infraestructura, sino evitar que las personas y ciertos bienes queden expuestos al agua. No obstante, para que sea efectiva se requiere tiempo suficiente, precisión técnica y un mensaje claro que permita actuar. Cuanto más cerca está el agua, el margen de maniobra se reduce drásticamente, pasando en cuestión de minutos a una mera función de autoprotección.

    Exposición vs. Vulnerabilidad Es fundamental distinguir entre reducir la exposición y mitigar la vulnerabilidad:

    • Exposición: Indica qué personas o bienes están en el camino del agua. Un aviso oportuno permite reducirla (mover un vehículo, subir mercancías a plantas altas, evacuar).

    • Vulnerabilidad: Mide el nivel de daño que sufrirán las infraestructuras al ser alcanzadas. Una alerta no puede corregir en horas la mala ubicación de una vivienda o la falta de drenaje acumuladas durante años. Una alerta no compensa una mala prevención.

    El margen de actuación se construye con tiempo El éxito de la respuesta ante una emergencia depende directamente de lo planeado con anterioridad:

    • Con años de antelación: Se adapta el territorio mediante la ordenación urbana y el diseño de infraestructuras.

    • Con meses o días: Se organizan los recursos, protocolos de evacuación y planes de emergencia.

    • Con horas o minutos: Solo se pueden cerrar actividades, evacuar o buscar refugio.

    Un aviso no es una medida aislada, sino el último eslabón de una cadena integrada por la planificación, la prevención, la protección y la respuesta.
    No caigamos ahora en priorizar los avisos y olvidarnos de las previsiones. Hoy en día, con los cambios climatológicos y su afectación sobre la meteorología local, sería muy peligroso.

  • La IA y nuestra forma de trabajar

    La IA y nuestra forma de trabajar

    Es un argumento recurrente que la IA está cambiando nuestra forma de trabajar, pero nuevas investigaciones demuestran que, en realidad, la IA está creando nuevas formas de trabajo y reconfigurando la experiencia laboral de los empleados.

    En julio de 2026, el Laboratorio de Ética Tecnológica Notre Dame-IBM, ubicado en el Instituto de Ética y Bien Común, organizó dos talleres en colaboración con All Tech is Human, una organización sin fines de lucro dedicada a reunir a personas para abordar cuestiones tecnológicas complejas e impulsar un futuro tecnológico alineado con el interés público general. Un taller reunió a profesionales de nivel medio encargados de implementar la IA en sus equipos, mientras que el segundo contó con la participación de altos directivos y ejecutivos que toman decisiones sobre la adopción de la IA en toda la organización. A ambos grupos se les formuló un conjunto similar de preguntas para evaluar su comprensión de cómo la IA está transformando su trabajo o entorno laboral.

    Los resultados revelaron disparidades en las opiniones y experiencias generales sobre la adopción de la IA, basadas tanto en la posición de los individuos dentro de las organizaciones como en su identidad y roles fuera del ámbito laboral. Estos hallazgos, junto con recomendaciones clave para las organizaciones que buscan apoyar a sus empleados en estas transiciones, se publican en un nuevo informe técnico difundido esta semana.

    “Si bien continuamos financiando investigaciones a largo plazo sobre el impacto de la IA en los trabajadores y la dinámica del lugar de trabajo, Sara Berger [directora del Laboratorio de IBM] y yo sentimos la urgencia de comprender cómo las personas están experimentando estas transiciones en este momento”, dice Megan McDermott, directora del Laboratorio de Ética Tecnológica ND-IBM de Notre Dame.

    “Lo que hemos aprendido sobre temas como el duelo, el trabajo invisible y esta brecha fundamental entre cómo los líderes y los trabajadores describen lo que sucede en sus organizaciones son ideas importantes que conviene destacar en el presente.”

    Con la llegada de la IA generativa y la IA con agentes, ambos grupos informaron que la velocidad y la productividad se convirtieron cada vez más en los valores más importantes en el trabajo, mientras que los estándares generales disminuyeron y la actitud de conformarse con un trabajo «suficientemente bueno» se convirtió en la norma en toda la organización. Al mismo tiempo, los asistentes al taller informaron que la implementación de la IA en toda la organización creó un nuevo subconjunto de tareas esenciales para la transformación digital, que a menudo no se registraban en las descripciones formales de puestos, las evaluaciones de desempeño ni las métricas clave de rendimiento organizacional.

    Algunos ejemplos de estas tareas ocultas incluyen la validación y revisión de los resultados de la IA, la traducción de estrategias de alto nivel a la práctica, la coordinación interfuncional y la capacitación de los empleados. En conjunto, los investigadores se refirieron a esto como «trabajo de enlace».

    Los mandos intermedios informaron con frecuencia que asumían este trabajo adicional, y algunos participantes describieron que la nueva carga laboral recaía de manera desproporcionada sobre las mujeres en toda la organización.

    Simultáneamente, los líderes ejecutivos cuestionaron si las organizaciones con IA necesitarían la gerencia intermedia en el futuro, al tiempo que les preocupaba la «deshabilitación distribuida», es decir, la pérdida de vías formales e informales para el desarrollo de la experiencia laboral, como la mentoría, la transferencia de conocimientos y la capacitación. Los talleres revelaron una creciente tensión entre ambos puntos de vista: las habilidades que los ejecutivos temían perder ya las desempeñaba, a menudo de forma invisible, la gerencia intermedia, cuya utilidad se estaba poniendo en duda.

    “La existencia o las capacidades de una tecnología no determinan automáticamente cómo será nuestro futuro en la IA; esa es una narrativa conveniente, pero poderosa, creada para eludir responsabilidades”, afirma Berger.

    “Nada está decidido por nosotros. Como colectivo, tenemos ante nosotros muchos futuros posibles. Sin embargo, los líderes sí dan forma a estos futuros, lo reconozcan o no. Las verdaderas preguntas son qué voces se incorporan a estas visiones y qué (o para quién) estamos optimizando realmente cuando se toman decisiones sobre qué trabajo importa y por qué.”

    No todos los participantes en los talleres se mostraron pesimistas; algunos ofrecieron una visión de cómo podría ser una mejor adopción de la IA, idealmente centrada en una mayor coherencia organizacional y políticas que apoyen la autonomía humana. Los participantes sugirieron que una mayor reflexión previa a la adopción era fundamental, incluyendo un debate sobre qué aspectos del trabajo deberían seguir siendo humanos, la protección de las oportunidades para fracasar y aprender de los errores, la devolución de las ganancias de eficiencia a los trabajadores en forma de tiempo para tareas de mayor nivel y un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, y estándares de calidad que se mantengan altos independientemente del uso de la IA.

    La lista final de recomendaciones para líderes empresariales se centró en dos temas principales: los líderes deben ser más deliberados y transparentes sobre lo que miden y reconocen, y deben reflexionar con mayor detenimiento sobre quién participa en el proceso de toma de decisiones sobre IA. Según los hallazgos, la forma en que los líderes actúen en función de estos temas podría influir significativamente en la adopción de la IA en el ámbito laboral y en cómo la experimentan las personas más afectadas.

    Para obtener más información sobre los hallazgos, las recomendaciones para los líderes que gestionan las transiciones hacia la IA y las ideas para futuras investigaciones, lea el informe completo .

    Fuentes: Universidad de Notre Dame, Futurity

  • La tribu tiene miedo

    La tribu tiene miedo

    El temor de Estados Unidos (un de ellos; uno de tantos) ante el avance de la inteligencia artificial en China abarca dimensiones económicas, militares, ideológicas y de seguridad global. En Washington predomina la visión de que «quien lidere en IA, liderará la hegemonía global».
    Las razones fundamentales que explican este recelo se dividen en varios aspectos estratégicos:

    1. Dominio Militar y Guerra Autónoma

    La IA no solo optimiza procesos civiles; es la piedra angular de la defensa del futuro. Y ya sabes, lamentablemente sigue predominando la idea de que la mejor defensa es un buen ataque:
    • Sistemas de armas autónomos: Drones en enjambre, robótica militar y análisis de objetivos en tiempo real impulsados por IA.
    • Ciberguerra de precisión: Herramientas capaces de automatizar ciberataques contra infraestructuras críticas (redes eléctricas, sistemas financieros, satélites). Aunque como hemos visto en Gaza, a veces es la IA la que dice que un hospital o un colegio es una de esas infraestructuras críticas.
    • Toma de decisiones tácticas: Algoritmos que simulan escenarios de batalla e interpretan datos de radar e inteligencia mucho más rápido que los analistas humanos.
    Si China logra superioridad tecnológica en estos campos, el equilibrio militar del Indo-Pacífico (y del mundo) cambiaría radicalmente.

    2. Guerra Económica y Liderazgo Industrial

    A nivel industrial, la IA se considera el motor de la próxima revolución productiva:
    • Soberanía tecnológica: EE. UU. teme perder el control sobre las normas, estándares y ecosistemas que rigen la economía digital global.
    • Eficiencia y escalabilidad china: Aunque EE. UU. lideró inicialmente en inversión de capital y potencia de cómputo bruta, gigantes chinos como DeepSeek, Alibaba, Tencent o Baidu demostraron capacidad para crear modelos altamente eficientes y abiertos a un coste significativamente menor.

    3. Competencia Ideológica y Exportación del Modelo Autoritario

    Existe un trasfondo geopolítico e ideológico profundo:
    • Uso interno del control: China utiliza IA para vigilancia masiva, reconocimiento facial, crédito social y censura automatizada. ¿EEUU, no. O lo disimula muy bien?
    • Exportación del modelo: EE. UU. teme que Pekín exporte estas tecnologías de control social a otros países autoritarios o en desarrollo, consolidando una red global de gobernanza digital opuesta a los valores de las democracias occidentales.

    4. La «Barrera» de la Cadena de Suministro de Semiconductores

    Para frenar este avance, EE. UU. ha impuesto estrictos controles de exportación a los chips de IA avanzados (como los GPUs de NVIDIA) y a la maquinaria de litografía avanzada. El temor estadounidense es doble:
    1. Que las sanciones no sean suficientes para evitar que China alcance la autosuficiencia en el diseño y fabricación de semiconductores.
    2. Que una eventual crisis o conflicto en torno a Taiwán (donde la empresa TSMC fabrica la inmensa mayoría de los microchips más avanzados del mundo) paralice la economía de EE. UU. mientras China logra avanzar con sus alternativas locales.

    5. Paradoja Regulatoria y Ritmo de Desarrollo

    En Occidente existe una presión constante por parte del público y los reguladores para exigir ética, mitigación de riesgos y salvaguardas ante la IA. Muchos analistas y líderes tecnológicos en EE. UU.  y Trump a la cabeza de ellos, sostienen que si el ecosistema occidental frena o frena su desarrollo para regular la tecnología, China continuará avanzando sin esas restricciones internas, tomando una ventaja irreparable.
    En resumen, no se trata únicamente de qué país tiene el mejor chatbot, sino de quién controlará las infraestructuras estratégicas, el desarrollo industrial, el poder militar y los estándares globales de las próximas décadas.
  • Mañana

    Mañana

    Mañana amanece distinto, dice al final del video (espoiler), pero es preciso preguntarse si mañana habrá un amanecer o bien si alguien solo verá salir el sol por la pantalla:

    A pesar de todo. Sin que uno pueda contradecir esta triste realidad, hay un rayo de luz de esperanza y aún se pueden ver bastantes seres humanos equipados con las tecnologías, administrando correctamente su uso.
    Sufro pensando que lo que ocurre con los móviles, se extienda al uso de la llamada «Inteligencia Artificial» y acabemos totalmente dependientes incluso para tomar la más simple de las decisiones.

  • Ojo, no te enrampes.

    Ojo, no te enrampes.

    No existe una cifra histórica global oficial unificada sobre cuántas víctimas ha ocasionado la corriente eléctrica desde la implantación de las redes de transporte y su uso masivo, pero haciendo un cálculo estimado basado en la evolución de las tasas de mortalidad por electrocución a lo largo del último siglo y medio, la cifra total se sitúa razonablemente entre las 500.000 y 1.000.000 de personas fallecidas a causa de la corriente eléctrica artificial desde el despliegue de las primeras redes eléctricas comerciales (aproximadamente desde la década de 1880).

    La evolución histórica de las fatalidades:

    1. Los inicios de la electrificación (1880 – 1930)

    En los primeros años de la «Guerra de las Corrientes» (Edison vs. Westinghouse/Tesla), las medidas de seguridad eran prácticamente inexistentes: cables desnudados al aire libre, falta de aislamiento y aparatos caseros inestables.

    • En grandes urbes como Nueva York o Londres, las décadas de 1880 y 1890 registraron cientos de muertes anuales en las calles por cables caídos o accidentes industriales.
    • Durante este período temprano, la tasa de mortalidad era desproporcionadamente alta en relación con las pocas personas que tenían acceso a la luz eléctrica.

    2. La era del consumo masivo e industrialización (1930 – 1980)

    A medida que la red eléctrica llegó al grueso de la población mundial, aumentaron de forma exponencial los accidentes domésticos y laborales en la construcción e industria.

    • En países industrializados (EE. UU., Europa, Japón), durante la mitad del siglo XX se alcanzaban promedios de 1,5 a 3 muertes anuales por cada millón de habitantes solo por electrocución.
    • En Estados Unidos, por ejemplo, hasta los años 70 y 80 solían morir más de 1.000 personas al año por esta causa.

    3. Reducción gracias a la seguridad moderna (1980 – Actualidad)

    El invento y la obligatoriedad del diferencial (ID) o interruptor de falla a tierra (GFCI) en las viviendas, sumados a las normativas laborales de protección, desplomaron las muertes en el mundo desarrollado.

    • En los países desarrollados, la tasa cayó a 0,2 – 0,5 muertes por millón de personas al año.
    • En la actualidad, en EE. UU. mueren unas 300-400 personas al año por electrocución, mientras que en países europeos como España las cifras suelen rondar entre 50 y 150 fallecidos anuales (contando ámbito doméstico y laboral).
    • No obstante, en países en vías de desarrollo con infraestructuras informales o tendidos precarios, las tasas de fatalidad siguen siendo significativamente más elevadas hoy en día.

    ¿Cómo se desglosa la estimación global?

    Si se toma un promedio ponderado histórico global aproximado de 5.000 a 10.000 muertes anuales a escala mundial a lo largo de los últimos ~140 años de uso comercial de la red eléctrica:

    (Ajustando a la baja debido a que a principios del siglo XX la población mundial conectada a la red era una pequeña fracción de la actual, la horquilla más realista se consolidaría alrededor de las 600.000 a 800.000 muertes históricas).

    Esta cifra contempla accidentes por choque eléctrico directo y arcos eléctricos en la red o aparatos domésticos/industriales; no incluye los rayos naturales ni los incendios colaterales provocados por cortocircuitos.

    ¿Te parece mucho, poco, lo esperable? ¿Más o menos como otras tecnologías?

  • La lectura puesta en cuestión

    Desde hace más de un siglo asistimos a una curiosa paradoja: cada vez que aparece una nueva tecnología, alguien anuncia que ha llegado el momento de despedirnos de los libros.

    En 1913, Thomas Edison afirmaba que «los libros pronto serán obsoletos en las escuelas públicas». Décadas después, en 1972, Marshall McLuhan sostenía que «los libros se están volviendo obsoletos». En 2008, Steve Jobs aseguraba que «la realidad es que la gente ya no lee». Y en 2012, Philip Roth fue todavía más contundente: «La pantalla matará al lector, y así ha sido».

    Ahora, en 2026, volvemos a escuchar argumentos similares. Un artículo reciente de The Atlantic llega a describir la era de la lectura como un «breve interludio entre la era oral y la digital».

    La historia, sin embargo, parece empeñada en llevar la contraria a todos estos pronósticos.

    Porque cada nueva pantalla iba a acabar con el libro. Primero fue el cine; después, la radio; más tarde, la televisión; luego llegaron los videojuegos, Internet, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y ahora la inteligencia artificial. Cada tecnología parecía destinada a ocupar el lugar de la lectura. Y, sin embargo, los libros siguen aquí.

    Las cifras ofrecen una imagen bastante diferente de la anunciada desaparición. En Estados Unidos se vendieron el año pasado alrededor de 762 millones de libros impresos y se abrieron 422 nuevas librerías. En el Reino Unido, la ficción alcanzó su mejor resultado desde que existen registros. En Australia, las ventas crecieron por primera vez desde 2022. Y, a escala internacional, las ventas de libros aumentaron en once de los diecinueve mercados analizados.

    Quizá el problema no sea que la gente haya dejado de leer, sino que algunos han confundido sus propios hábitos con los hábitos de toda una sociedad.

    La lectura está cambiando, por supuesto. Cambian los formatos, los dispositivos, los tiempos y las maneras de acceder a los textos. Leemos en papel, en pantallas, en teléfonos, en tabletas y escuchamos libros mientras caminamos o viajamos. Pero cambiar la forma de leer no significa necesariamente dejar de leer.

    El libro tampoco es únicamente un objeto. Es una tecnología cultural extraordinariamente resistente, capaz de adaptarse a nuevos entornos sin desaparecer. Y la lectura continúa siendo una de las herramientas fundamentales para comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico, imaginar otras vidas y conversar con quienes estuvieron antes que nosotros.

    Por eso, cuando alguien vuelva a preguntarte con cierta sorpresa: «¿Todavía lees libros? ¿En 2026?», quizá la mejor respuesta sea simplemente sonreír.

    Sí. Todavía leemos.

    Y, contra todos los pronósticos, seguimos haciéndolo.

    Porque la historia del libro no es la historia de una tecnología que se resiste a morir. Es la historia de una cultura que, una y otra vez, encuentra nuevas formas de sobrevivir.

    Vincent Phan – Founder, 1000 Libraries
    Leído y reblogueado: Universo Abierto (texto e imagen)