Debemos estar preparados para cuando se adhieran más países a la Unión Europea. Por ello, la Comisión Europea ha revisado las acciones necesarias a fin de preparar a la UE y a los países que desean adherirse a esta de cara a futuras ampliaciones.
Las nuevas medidas prepararán la gobernanza, las políticas y el presupuesto de ampliación, al mismo tiempo que refuerzan la protección de los valores de la UEy el Estado de Derecho.
Adaptar las políticas para una Unión más amplia
La UE puede intervenir en más países dentro del marco del Tratado y presupuestario actual. Sin embargo, serían necesarias algunas mejoras en términos de capacidad administrativa y aplicación.
En lo que respecta a las disposiciones presupuestarias, el presupuesto de la Unión puede acoger a nuevos Estados miembros, al tiempo que sigue financiando las prioridades existentes de la Unión.
Reforzar la gobernanza para una Unión más amplia
Si se adhieren más países a la UE, la toma de decisiones debe ser más rápida y eficaz. La Comisión propone hacer un mayor uso de las posibilidades que ofrecen los Tratados para reforzar la capacidad de actuación de la Unión, en particular:
pasar de la unanimidad a la votación por mayoría cualificada en ámbitos clave, en particular para la apertura de los grupos temáticos de negociación, contribuyendo a que el proceso de ampliación sea más dinámico
gestión más eficaz de los procedimientos del artículo 7 (es decir, la posibilidad de suspender determinados derechos de un Estado miembro si viola gravemente los valores fundamentales de la UE), incluidos los posibles plazos
Los informes anuales sobre la ampliación y el Estado de Derecho seguirán siendo los principales instrumentos de seguimiento.
Integración gradual de los países candidatos en la UE
Las medidas refuerzan la integración gradual de los países candidatos en la UE mediante:
la identificación de oportunidades para profundizar la integración en sectores estratégicos como la energía, el transporte, el sector digital y la defensa
el inicio de diálogos anuales con los socios de la ampliación para hacer un seguimiento de los avances, detectar oportunidades y abordar las lagunas en la integración gradual
Salvaguardias sectoriales e institucionales
Las medidas proponen salvaguardias más sólidas para los futuros tratados de adhesión, de modo que los compromisos contraídos durante las negociaciones sigan respetándose después de la adhesión.
Una salvaguardia institucional específica abordaría las violaciones graves de los valores fundamentales consagrados en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y el principio de cooperación leal. En los casos más graves, las medidas podrían incluir la suspensión del derecho de voto en el Consejo.
También podrían utilizarse disposiciones transitorias cuando sea necesario, en particular para la libre circulación de trabajadores y servicios, la agricultura, los productos sensibles, la financiación y la participación en sistemas comunes de la UE.
Próximos pasos
La Comisión invita al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo a hacer avanzar los debates y los preparativos institucionales.
Trabajará con la UE y los países candidatos para adaptar las negociaciones de adhesión a los preparativos internos de la Unión y presentará hojas de ruta para Montenegro, Albania, Moldavia y Ucrania.
La ampliación de la UE sigue siendo una prioridad clave para la Comisión, así como un motor importante de la seguridad, la paz, la estabilidad y la prosperidad a largo plazo en Europa.
Sigamos desarrollando o analizando la comparativa de nuestra problemática de la vivienda con la de otro entorno político y cultural bastante alejado del nuestro. Y por supuesto no estoy defendiendo la idea de que «aquello sea un paraíso» como veremos especialmente en la última entrega (seguramente mañana)
En Japón no existe un límite porcentual fijo establecido por ley (como un porcentaje máximo o un tope ligado al IPC) para la subida anual del alquiler. Sin embargo, la ley japonesa (Ley de Arrendamiento de Tierras y Edificios, Shakuchi Shakuya Hō) otorga una gran protección al inquilino frente a subidas unilaterales o injustificadas.
Imagen representativa de una mediación judicial. (Generada con IA)
Directrices y derechos del inquilino
Criterio de mercado: Para solicitar una subida de renta, el propietario debe justificar que el precio actual ha quedado desfasado debido al aumento de impuestos sobre la propiedad, fluctuaciones de la economía o cambios significativos en los precios de alquiler del entorno urbano.
El inquilino puede rechazar la subida: Si el arrendador propone un incremento y el inquilino no está de acuerdo, este no está obligado a aceptarlo ni a abandonar la vivienda.
Pago de la renta habitual: Si no hay acuerdo sobre la subida, la ley autoriza al inquilino a seguir pagando la cantidad de alquiler estipulada en el contrato original. Mientras siga abonando ese importe base, el propietario no puede desahuciarlo.
Depósito judicial (Kiyotaku): Si el arrendador se niega a recibir la renta habitual exigiendo el monto incrementado, el inquilino puede depositar el importe original en una oficina judicial (Kiyotakusho). Esto demuestra legalmente que el inquilino cumple con sus pagos y evita que se le considere moroso.
Resolución de disputas: Si no se llega a un acuerdo, la subida solo puede fijarse mediante mediación civil (Chotei) o mediante sentencia de un tribunal, donde un perito evaluará si el aumento es razonable según el valor real de mercado.
Tipos de contrato
El grado de protección depende también de la modalidad contractual:
Contrato estándar (Futsu Shakuya): Es el más habitual. Se renueva automáticamente (por lo general cada 2 años) y el arrendador no puede imponer aumentos arbitrarios ni negarse a renovar sin una causa justa legalmente justificada.
Contrato de duración determinada (Teiki Shakuya): Tiene una fecha de finalización fija sin renovación automática. Al vencer, el contrato termina y, si se quiere formalizar uno nuevo, el propietario puede fijar la nueva renta que desee sin las restricciones del contrato anterior.
Sinceramente: Creo que todo esto, el tipo de contrato y sobre todo los mecanismos de mediación, son algo que nos iría «de perlas» en la sociedad española. Mañana abordaremos, para finalizar, el tema de los precios. ¿Qué tan caros son estos alquileres?
Lo que está ocurriendo en España con la vivienda es sin duda algo que hace sonrojar a la Srta. Constitución. Artículo 47: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada». Evidentemente, puedes interpretar esto, como mejor te apetezca, pero yo te sugeriría que profundizaras mucho sobre si tener derecho, es una afirmación que signifique compromiso para alguien. ¿Obliga esto a alguna autoridad institucional, a un cumplimiento a rajatabla?. Yo más bien lo que veo es una promesa fruto de una ensoñación. Un quiero y no puedo y una demostración cristalina de una impotencia social.
Posiblemente, lo correcto, para analizar un poco esta cuestión, sería buscar un parangón en nuestra sociedad occidental mas próxima. Posiblemente con sociedades europeas que están y son geográfica y culturalmente próximas a nosotros. Lo podemos hacer en cualquier momento, pero he preferido hacer una comparativa interesante fijándome en una sociedad que tiene unas características muy interesantes para el ejercicio: Japón.
Sociedad destrozada en la segunda mitad de la década 1940-1950 en la Segunda Guerra Mundial. Y que a partir de entonces sufre una transformación verdaderamente espectacular. Una sociedad cuyo territorio está constituido por un archipiélago y donde el suelo se revaloriza a una velocidad también espectacular. Una sociedad con un crecimiento demográfico importante y donde la tercera edad está omnipresente.
Imagen un tanto onírica y poco realista, alejada de cualquier ambiente urbano, pero acorde con la cultura tradicional japonesa
Analicemos hoy, el tema de los desalojos o deshaucios:
No existen estadísticas oficiales consolidadas y públicas sobre el número total de los desahucios (o ejecuciones de desalojo forzoso) que se llevan a cabo cada año en Japón, ya que el desahucio judicial forzoso es un recurso extremadamente raro; muy raro en el sistema legal y social japonés.
Existen varios factores clave que explican por qué la cifra de desahucios ejecutados por vía judicial es mínima en comparación con países occidentales:
1. Protección legal extrema al inquilino
La Ley de Arrendamiento de Viviendas de Japón (Shakuchi Shakuya Hō) protege fuertemente al inquilino.
Un propietario no puede rescindir un contrato de alquiler común (Ordinary Lease) sin un «motivo justificado» (seitō jiyū), el cual los tribunales interpretan de forma severa. El valor que encierra el concepto «justificado» debe ser realmente importante.
La acumulación de impagos de alquiler suele requerir un retraso continuo de al menos 3 a 6 meses antes de que un tribunal acepte tramitar una demanda. Continuo también puede significar reiterativo. (Tomar costumbre de posponer pagos). Tramitar la demanda no significa que el inquilino no pueda solucionar su problematica (o desidia). Está muy protegido.
2. Proceso judicial largo y costoso
Iniciar un procedimiento judicial de desalojo (Tatemono Akewatashi) y su posterior ejecución forzosa (Kyōsei Shikkō) es largo y económicamente desincentivador para los arrendadores:
El proceso suele prolongarse entre 6 y 12 meses.
Los costes judiciales, honorarios de abogados y el pago a la empresa de mudanzas/almacenaje autorizada por el juzgado pueden superar fácilmente el millón de yenes (entre 6.000 y 8.000 euros/dólares).
3. El sistema de garantes y aseguradoras (Guarantor Companies) Este es un punto muy interesante y diferencial
En lugar de recurrir al desahucio judicial, la inmensa mayoría de los contratos en Japón exigen un avalista personal (Renshi Hoshōnin) o la contratación de una empresa de garantía de alquileres (Hoshō Kaisha), parecido a una aseguradora.
Si un inquilino no paga, la aseguradora asume la deuda e interviene directamente.
Ante la presión o la renegociación, la mayoría de los inquilinos morosos optan por abandonar la vivienda voluntariamente o trasladarse a opciones más económicas antes de llegar a la vía judicial.
4. El fenómeno del abandono de vivienda y la «evaporación»
En caso de insolvencia severa o problemas económicos, es habitual que el inquilino deje la propiedad por iniciativa propia, rescinda voluntariamente el contrato o incurra en un abandono sin previo aviso (fenómeno conocido informalmente como Yonige o la «evaporación» social Jōhatsu), evitando así el proceso judicial de lanzamiento.
Nos conviene analizar si a pesar del sueño idílico que emana del artículo 47 de nuestra Constitución, las leyes relacionables protegen el espíritu de ese artículo o bien, la dejadez política motiva puertas por donde la especulación extiende sus garras y ocasiona el panorama que estamos viendo en estos tiempos.
Mañana hablaremos sobre el incremento del precio de alquileres (por no hacerlo más largo)
No quisiera parecer el abuelo cascarrabias. Dejadme por favor, en la categoría de un»viejo de la tribu». En este episodio de lluvias en Catalunya, unos cinco días hasta este momento, he recibido seis ES-Alerts. Me pregunto si no se está excediendo. Y ojo, que digo me pregunto. No lo afirmo. Pero tengo la sospecha de que si seguimos por este camino, lo más probable es que al final, la ciudadanía, cuando reciba los avisos, no les va a hacer ni puñetero caso. Si quiero ser franco, me temo que aquellos antiguos sistema que tocaban las campanas de la iglesia, eran más eficientes que toda esta tecnología aplicada a los dispositivos móviles. Afortunadamente, hay algo más que los ES-Alerts. Pero… ¿Estamos en ello?
Cuando llega un aviso de inundación, la lluvia ya está en camino y poco se puede hacer para alterar el territorio. Sin embargo, un aviso a tiempo sigue siendo crucial para salvar vidas: permite tomar decisiones inmediatas como suspender clases, evacuar zonas, cerrar carreteras o pedir a la población que se resguarde.
La alerta como última línea de defensa La alerta actúa cuando el evento es inminente. Su función principal no es modificar la infraestructura, sino evitar que las personas y ciertos bienes queden expuestos al agua. No obstante, para que sea efectiva se requiere tiempo suficiente, precisión técnica y un mensaje claro que permita actuar. Cuanto más cerca está el agua, el margen de maniobra se reduce drásticamente, pasando en cuestión de minutos a una mera función de autoprotección.
Exposición vs. Vulnerabilidad Es fundamental distinguir entre reducir la exposición y mitigar la vulnerabilidad:
Exposición: Indica qué personas o bienes están en el camino del agua. Un aviso oportuno permite reducirla (mover un vehículo, subir mercancías a plantas altas, evacuar).
Vulnerabilidad: Mide el nivel de daño que sufrirán las infraestructuras al ser alcanzadas. Una alerta no puede corregir en horas la mala ubicación de una vivienda o la falta de drenaje acumuladas durante años. Una alerta no compensa una mala prevención.
El margen de actuación se construye con tiempo El éxito de la respuesta ante una emergencia depende directamente de lo planeado con anterioridad:
Con años de antelación: Se adapta el territorio mediante la ordenación urbana y el diseño de infraestructuras.
Con meses o días: Se organizan los recursos, protocolos de evacuación y planes de emergencia.
Con horas o minutos: Solo se pueden cerrar actividades, evacuar o buscar refugio.
Un aviso no es una medida aislada, sino el último eslabón de una cadena integrada por la planificación, la prevención, la protección y la respuesta.
No caigamos ahora en priorizar los avisos y olvidarnos de las previsiones. Hoy en día, con los cambios climatológicos y su afectación sobre la meteorología local, sería muy peligroso.
Vivimos convencidos de que el suelo bajo nuestros pies es firme y de que hay cosas tan regulares que podemos confiar plenamente en ellas. Una de esas certezas es la duración del día: veinticuatro horas, ni más ni menos. Sin embargo, basta con observar nuestro planeta con suficiente precisión para descubrir que ninguna de esas dos ideas es del todo cierta. La Tierra se mueve, se deforma y redistribuye constantemente su masa, y su velocidad de rotación también experimenta pequeñas variaciones.
Enormes grietas aparecieron en las calles y carreteras de la ciudad de Wajima, en la prefectura de Ishikawa, en enero 2024
Foto: Getty Images
Los terremotos constituyen una espectacular demostración de que nuestro planeta sigue geológicamente activo. Cuando las rocas se desplazan bruscamente a lo largo de una falla, enormes cantidades de energía son liberadas y la distribución de la masa terrestre cambia. Y cuando cambia la distribución de la masa de un cuerpo que gira, también puede cambiar su velocidad de rotación.
Os invito a escuchar el podcast (arriba) en donde Jorge Laborda catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Castilla-La Mancha, nos habla sobre esta interesante temática (18 min.)y también sobre el curioso tema relacionado con la «duración del día»
Es un argumento recurrente que la IA está cambiando nuestra forma de trabajar, pero nuevas investigaciones demuestran que, en realidad, la IA está creando nuevas formas de trabajo y reconfigurando la experiencia laboral de los empleados.
En julio de 2026, el Laboratorio de Ética Tecnológica Notre Dame-IBM, ubicado en el Instituto de Ética y Bien Común, organizó dos talleres en colaboración con All Tech is Human, una organización sin fines de lucro dedicada a reunir a personas para abordar cuestiones tecnológicas complejas e impulsar un futuro tecnológico alineado con el interés público general. Un taller reunió a profesionales de nivel medio encargados de implementar la IA en sus equipos, mientras que el segundo contó con la participación de altos directivos y ejecutivos que toman decisiones sobre la adopción de la IA en toda la organización. A ambos grupos se les formuló un conjunto similar de preguntas para evaluar su comprensión de cómo la IA está transformando su trabajo o entorno laboral.
Los resultados revelaron disparidades en las opiniones y experiencias generales sobre la adopción de la IA, basadas tanto en la posición de los individuos dentro de las organizaciones como en su identidad y roles fuera del ámbito laboral. Estos hallazgos, junto con recomendaciones clave para las organizaciones que buscan apoyar a sus empleados en estas transiciones, se publican en un nuevo informe técnico difundido esta semana.
“Si bien continuamos financiando investigaciones a largo plazo sobre el impacto de la IA en los trabajadores y la dinámica del lugar de trabajo, Sara Berger [directora del Laboratorio de IBM] y yo sentimos la urgencia de comprender cómo las personas están experimentando estas transiciones en este momento”, dice Megan McDermott, directora del Laboratorio de Ética Tecnológica ND-IBM de Notre Dame.
“Lo que hemos aprendido sobre temas como el duelo, el trabajo invisible y esta brecha fundamental entre cómo los líderes y los trabajadores describen lo que sucede en sus organizaciones son ideas importantes que conviene destacar en el presente.”
Con la llegada de la IA generativa y la IA con agentes, ambos grupos informaron que la velocidad y la productividad se convirtieron cada vez más en los valores más importantes en el trabajo, mientras que los estándares generales disminuyeron y la actitud de conformarse con un trabajo «suficientemente bueno» se convirtió en la norma en toda la organización. Al mismo tiempo, los asistentes al taller informaron que la implementación de la IA en toda la organización creó un nuevo subconjunto de tareas esenciales para la transformación digital, que a menudo no se registraban en las descripciones formales de puestos, las evaluaciones de desempeño ni las métricas clave de rendimiento organizacional.
Algunos ejemplos de estas tareas ocultas incluyen la validación y revisión de los resultados de la IA, la traducción de estrategias de alto nivel a la práctica, la coordinación interfuncional y la capacitación de los empleados. En conjunto, los investigadores se refirieron a esto como «trabajo de enlace».
Los mandos intermedios informaron con frecuencia que asumían este trabajo adicional, y algunos participantes describieron que la nueva carga laboral recaía de manera desproporcionada sobre las mujeres en toda la organización.
Simultáneamente, los líderes ejecutivos cuestionaron si las organizaciones con IA necesitarían la gerencia intermedia en el futuro, al tiempo que les preocupaba la «deshabilitación distribuida», es decir, la pérdida de vías formales e informales para el desarrollo de la experiencia laboral, como la mentoría, la transferencia de conocimientos y la capacitación. Los talleres revelaron una creciente tensión entre ambos puntos de vista: las habilidades que los ejecutivos temían perder ya las desempeñaba, a menudo de forma invisible, la gerencia intermedia, cuya utilidad se estaba poniendo en duda.
“La existencia o las capacidades de una tecnología no determinan automáticamente cómo será nuestro futuro en la IA; esa es una narrativa conveniente, pero poderosa, creada para eludir responsabilidades”, afirma Berger.
“Nada está decidido por nosotros. Como colectivo, tenemos ante nosotros muchos futuros posibles. Sin embargo, los líderes sí dan forma a estos futuros, lo reconozcan o no. Las verdaderas preguntas son qué voces se incorporan a estas visiones y qué (o para quién) estamos optimizando realmente cuando se toman decisiones sobre qué trabajo importa y por qué.”
No todos los participantes en los talleres se mostraron pesimistas; algunos ofrecieron una visión de cómo podría ser una mejor adopción de la IA, idealmente centrada en una mayor coherencia organizacional y políticas que apoyen la autonomía humana. Los participantes sugirieron que una mayor reflexión previa a la adopción era fundamental, incluyendo un debate sobre qué aspectos del trabajo deberían seguir siendo humanos, la protección de las oportunidades para fracasar y aprender de los errores, la devolución de las ganancias de eficiencia a los trabajadores en forma de tiempo para tareas de mayor nivel y un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, y estándares de calidad que se mantengan altos independientemente del uso de la IA.
La lista final de recomendaciones para líderes empresariales se centró en dos temas principales: los líderes deben ser más deliberados y transparentes sobre lo que miden y reconocen, y deben reflexionar con mayor detenimiento sobre quién participa en el proceso de toma de decisiones sobre IA. Según los hallazgos, la forma en que los líderes actúen en función de estos temas podría influir significativamente en la adopción de la IA en el ámbito laboral y en cómo la experimentan las personas más afectadas.
Para obtener más información sobre los hallazgos, las recomendaciones para los líderes que gestionan las transiciones hacia la IA y las ideas para futuras investigaciones, lea el informe completo .
Cualquiera puede hacer la prueba hoy mismo. Solamente debemos contabilizar, aunque sea a ojo, con cuántas personas hemos hablado de verdad, con la voz, mirándolas o, al menos, escuchándolas en directo. Y por otro lado, contar el número de personas a las que les hemos mandado mensajes por escrito, ya sea por correo electrónico, por WhatsApp o por cualquier otro canal.
Si el segundo número es mayor que el primero, el resultado no debería sorprendernos: un reciente estudio ha confirmado que cada vez hablamos menos.
Una grabadora en el bolsillo
¿Cómo es posible saber cuántas palabras pronuncia alguien en un día? Preguntarle directamente a esa persona no sería demasiado acertado, desde luego, porque es un cálculo extremadamente difícil de hacer.
Pero hace más de veinticinco años, un equipo de psicólogos de la Universidad de Texas ideó una solución ingeniosa: la grabadora de activación electrónica (EAR, por sus siglas en inglés). Se trata de un pequeño dispositivo que una persona puede llevar encima durante varios días y que, sin que tenga que hacer nada, se enciende unos segundos cada cierto tiempo y capta el sonido ambiente.
Estas muestras de audio se pueden analizar, a posteriori, por un equipo de científicos para anotar si la persona estaba hablando y contar las palabras que pronunció. Así, con muestras cortas distribuidas a lo largo del día, se puede estimar el total. Hoy el sistema EAR ha evolucionado y es una aplicación que podemos tener en el propio móvil, pero la idea de fondo es la misma.
Esto puede traer a nuestra mente la sospecha de que los móviles o los altavoces inteligentes de casa nos escuchan, y el paralelismo es útil, aunque con dos diferencias críticas.
La primera es que, con sistemas como EAR, la persona ha dado su consentimiento y puede borrar cualquier fragmento antes de entregarlo. La segunda es que a los investigadores no les interesa lo que una persona dice, sino cuánto habla y con cuántas personas. Por utilizar un símil, podría entenderse como un podómetro de la conversación, que cuenta los pasos verbales (las palabras) sin juzgar hacia dónde caminamos.
Y precisamente porque estos sistemas llevan más de dos décadas siendo utilizados en numerosos estudios, ahora es posible observar si nuestra forma de hablar ha cambiado con el paso de los años.
Una sorpresa que nos deja mudos
Los autores de un estudio reciente decidieron revisar datos de varios estudios realizados a lo largo de más de una década con sistemas EAR, con más de 2 000 participantes de diferentes edades a quienes se había grabado el audio ambiental de su vida cotidiana.
Al contabilizar las palabras, algo no encajaba. La media del conjunto de los estudios era de unas 12 800 palabras habladas al día, claramente por debajo de las casi 16 000 que el mismo método había estimado en un trabajo publicado en Science en 2007.
Tras comprobar que no era un error de cálculo, los científicos exploraron cómo había cambiado el número de palabras dichas al día en función del año, y el resultado fue sorprendente. Entre 2005 y 2019 apareció una tendencia muy clara que mostraba que, cuanto más reciente era el estudio, menos palabras hablaban sus participantes.
Por cada año transcurrido, el modelo estimó unas 338 palabras menos al día. Parece una cantidad pequeña, pero equivale a más de 120 000 palabras menos a lo largo de un año entero. Cuando vemos esto con la perspectiva de todo el periodo analizado, la diferencia es enorme, ya que el modelo estimaba que en 2019 cada persona pronunciaba aproximadamente un 28 % menos de palabras al día que en 2005.
Los jóvenes callan más… pero no son los únicos
Entre los menores de 25 años, el modelo estimó un descenso de 451 palabras diarias por cada año transcurrido, frente a 314 entre los mayores de 25. Aunque esto podría indicar que el uso del móvil y de las aplicaciones contribuye al cambio, no parece que la tecnología sea la única causa.
Tampoco la edad explica ni de lejos toda la caída. Estamos ante cambios estructurales en cómo nos reunimos y nos comunicamos hoy día que afectan a todo el mundo. Aunque todavía queda mucho trabajo científico por hacer, tenemos algunos sospechosos habituales, como el teletrabajo, las compras en línea, el ocio en soledad vinculado a una pantalla, o el auge de ciudades donde ya no se conoce al vecino. Parece que hablar se ha vuelto menos necesario.
¿Palabras perdidas?
Y aquí está la gran duda que no está resuelta. No sabemos si las conversaciones digitales están contribuyendo a la pérdida o, de alguna forma, la están compensando por otras vías. Puede que en 2026 no nos estemos comunicando menos, sino de otra manera.
En España, por ejemplo, se estima que enviamos o recibimos de media más de 5 audios al día, y la generación Z se sitúa a la cabeza con más de 7 notas de voz diarias. Esas son palabras habladas, sí, pero no son una conversación. Una nota de voz es un monólogo diferido, sin turnos, sin interrupciones, sin ajustar lo que decimos según cómo reacciona nuestro interlocutor en tiempo real. Es hablar sin conversar.
Ansiedad ante la conversación en directo
Los mensajes por escrito tampoco son un sustituto natural de la conversación. En otro estudio, a los participantes se les pidió que retomaran el contacto con alguien con quien años atrás habían mantenido una relación cercana. Dos de cada tres personas prefirieron escribir un mensaje por correo electrónico antes que llamar, porque pensaban que escuchar la voz del otro sería bastante más incómodo.
Pero cuando finalmente hablaron, comprobaron que la temida incomodidad que habían anticipado no aparecía. La llamada generó más conexión que el correo sin resultar más embarazosa. Ni siquiera exigió más tiempo. Huimos de la voz por un miedo que la evidencia no respalda.
Lo que se juega el vocabulario
Hay una dimensión que a quienes estudiamos el lenguaje nos preocupa especialmente. Gracias a los estudios masivos colaborativos en los que ha participado la Universidad Nebrija, con cerca de 170 000 hablantes nativos de 19 países, sabemos que un hispanohablante adulto reconoce de media unas 30 000 palabras. Pero el dato más revelador es cómo cambia esa cifra con la edad.
En contra de lo que muchos intuyen, el vocabulario no se marchita con los años. Más bien crece durante toda la vida. Nuestros mayores son el gran depósito léxico de la sociedad.
El vocabulario aumenta escuchando y usando palabras en contextos variados, con personas distintas, sobre temas distintos. Cada conversación con un fontanero, una farmacéutica o la vecina del cuarto nos expone a un léxico que puede ser distinto al de nuestros chats habituales, escritos a toda prisa, con emoticonos y abreviaturas. La conversación hablada es la cinta transportadora por la que el vocabulario viaja de una generación a otra.
Y aquí es donde los dos estudios principales se dan la mano de una forma inquietante. El grupo en el que el descenso es más pronunciado, los menores de 25 años, es precisamente aquel cuyo repertorio léxico todavía tiene mucho margen para crecer.
Si hablamos un 28 % menos, y lo que hablamos se concentra en audios o mensajes enviados a los mismos contactos de siempre, la pregunta no es solo cuántas palabras utilizamos, sino cuántas palabras diferentes usamos y con quién. Si esa cinta transportadora circula menos y conecta siempre a las mismas personas, también disminuyen las oportunidades de que las palabras nuevas pasen de unos hablantes a otros.
Lo que 300 palabras pueden hacer
El dato más perturbador del estudio no es la cifra en sí, sino el contexto. Vivimos una epidemia de soledad, y hay vínculos claros entre la soledad y el empeoramiento de la salud, entre la cantidad de conversación diaria y el bienestar. Hablar con otras personas está relacionado con sentirnos más conectados y, a su vez, la conexión social está estrechamente vinculada a cómo de bien nos sentimos.
La buena noticia es que la receta es ridículamente barata. Trescientas palabras al día son una charla breve en el pasillo con un vecino o una compañera, un chiste que contamos en casa, o una respuesta un poco más larga a la manida pregunta “¿Qué tal?”. O, ya que estamos, una llamada de dos minutos en lugar del audio de dos minutos. El mismo tiempo, incluso tal vez las mismas palabras, pero con alguien al otro lado.
Jon Andoni Duñabeitia, es Director del Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) y Director de la International Chair in Cognitive Health (ICCH) en la Universidad Nebrija, Universidad NebrijaArtículo publicado originalmente en The Conversation.
El temor de Estados Unidos (un de ellos; uno de tantos) ante el avance de la inteligencia artificial en China abarca dimensiones económicas, militares, ideológicas y de seguridad global. En Washington predomina la visión de que «quien lidere en IA, liderará la hegemonía global».
Las razones fundamentales que explican este recelo se dividen en varios aspectos estratégicos:
1. Dominio Militar y Guerra Autónoma
La IA no solo optimiza procesos civiles; es la piedra angular de la defensa del futuro. Y ya sabes, lamentablemente sigue predominando la idea de que la mejor defensa es un buen ataque:
Sistemas de armas autónomos: Drones en enjambre, robótica militar y análisis de objetivos en tiempo real impulsados por IA.
Ciberguerra de precisión: Herramientas capaces de automatizar ciberataques contra infraestructuras críticas (redes eléctricas, sistemas financieros, satélites). Aunque como hemos visto en Gaza, a veces es la IA la que dice que un hospital o un colegio es una de esas infraestructuras críticas.
Toma de decisiones tácticas: Algoritmos que simulan escenarios de batalla e interpretan datos de radar e inteligencia mucho más rápido que los analistas humanos.
Si China logra superioridad tecnológica en estos campos, el equilibrio militar del Indo-Pacífico (y del mundo) cambiaría radicalmente.
2. Guerra Económica y Liderazgo Industrial
A nivel industrial, la IA se considera el motor de la próxima revolución productiva:
Soberanía tecnológica:EE.UU. teme perder el control sobre las normas, estándares y ecosistemas que rigen la economía digital global.
Eficiencia y escalabilidad china:Aunque EE.UU. lideró inicialmente en inversión de capital y potencia de cómputo bruta, gigantes chinos como DeepSeek, Alibaba, Tencent o Baidu demostraron capacidad para crear modelos altamente eficientes y abiertos a un coste significativamente menor.
3. Competencia Ideológica y Exportación del Modelo Autoritario
Existe un trasfondo geopolítico e ideológico profundo:
Uso interno del control: China utiliza IA para vigilancia masiva, reconocimiento facial, crédito social y censura automatizada. ¿EEUU, no. O lo disimula muy bien?
Exportación del modelo:EE.UU. teme que Pekín exporte estas tecnologías de control social a otros países autoritarios o en desarrollo, consolidando una red global de gobernanza digital opuesta a los valores de las democracias occidentales.
4. La «Barrera» de la Cadena de Suministro de Semiconductores
Para frenar este avance, EE. UU. ha impuesto estrictos controles de exportación a los chips de IA avanzados (como los GPUs de NVIDIA) y a la maquinaria de litografía avanzada. El temor estadounidense es doble:
Que las sanciones no sean suficientes para evitar que China alcance la autosuficiencia en el diseño y fabricación de semiconductores.
Que una eventual crisis o conflicto en torno a Taiwán (donde la empresa TSMC fabrica la inmensa mayoría de los microchips más avanzados del mundo) paralice la economía de EE. UU. mientras China logra avanzar con sus alternativas locales.
5. Paradoja Regulatoria y Ritmo de Desarrollo
En Occidente existe una presión constante por parte del público y los reguladores para exigir ética, mitigación de riesgos y salvaguardas ante la IA. Muchos analistas y líderes tecnológicos en EE. UU. y Trump a la cabeza de ellos, sostienen que si el ecosistema occidental frena o frena su desarrollo para regular la tecnología, China continuará avanzando sin esas restricciones internas, tomando una ventaja irreparable.
En resumen, no se trata únicamente de qué país tiene el mejor chatbot, sino de quién controlará las infraestructuras estratégicas, el desarrollo industrial, el poder militar y los estándares globales de las próximas décadas.
En muchos debates políticos actuales no solo discutimos ideas, leyes o propuestas. Discutimos algo más profundo: qué tipo de personas somos. Apoyar o rechazar una causa no se percibe solo como una opinión política con consecuencias prácticas, sino también como una señal de quiénes somos desde un punto de vista moral.
Esto ayuda a entender por qué algunas conversaciones políticas se vuelven incómodas y poco productivas. Cuando el desacuerdo deja de tratar sobre qué medida es mejor y pasa a interpretarse como una falta de valores, el debate cambia de naturaleza.
En nuestras investigaciones recientes, realizadas desde el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la UNED, hemos analizado cómo las personas de izquierda y de derecha perciben moralmente distintos temas políticos, cómo se juzgan moralmente entre sí y qué consecuencias tienen estas percepciones para la convivencia política.
Causas “más morales” que otras
Una investigación publicada en European Journal of Social Psychology muestra que las causas políticas no se perciben como moralmente equivalentes. Temas políticos defendidos tradicionalmente por la izquierda (igualdad de género, protección del medioambiente o derechos de las personas migrantes, entre otros) se perciben como causas con una carga moral especialmente fuerte. En cambio, temas políticos defendidos tradicionalmente por la derecha (seguridad nacional, orden social o defensa de las tradiciones) se perciben con menor carga moral.
Lo más llamativo es que esta diferencia no solo aparece entre quienes se identifican con la izquierda. También las personas de derecha tienden a percibir las causas progresistas con una carga moral más alta que las causas conservadoras.
En la misma investigación, también observamos diferencias en la forma en que las personas de izquierda y de derecha se juzgan moralmente.
Específicamente, cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la izquierda, tanto las personas de izquierda como las de derecha tienden a percibir a las de izquierda como más justas o éticamente responsables que las de derecha. En cambio, estas diferencias no se encuentran cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la derecha.
Otro hallazgo del mismo trabajo es que las personas de derecha son conscientes de esa imagen moral negativa cuando se discuten temas tradicionalmente asociados a la izquierda. Es decir, creen que son vistas como menos justas o menos éticamente responsables por las personas de izquierda.
En otra investigación reciente, publicada en Group Processes & Intergroup Relations, analizamos las consecuencias de estas percepciones en personas de izquierda y de derecha. Mostramos a los participantes información sobre cómo el grupo ideológico contrario valora moralmente a su propio grupo en relación con el medioambiente. En algunos casos, hacíamos creer a los participantes que el grupo ideológico contrario les veían como inmorales; en otros, les hacíamos creer que les veían como igual de morales que ellos.
Los resultados mostraron que cuando las personas de derecha perciben que su grupo es visto como inmoral en cuestiones medioambientales, experimentan una amenaza a su identidad moral. Es decir, sienten que se pone en cuestión su valía como personas moralmente correctas. Esta reacción no aparece entre las personas de izquierda.
Observamos, además, que esta amenaza no se traduce en mayor apertura al cambio. Al contrario, la amenaza tiende a reforzar las posiciones iniciales: aparecen actitudes más extremas y una mayor intención de votar por ideologías afines.
Concluimos así que, paradójicamente, moralizar el debate político con la intención de convencer al otro puede provocar respuestas defensivas, intensificando de esta manera la posición de partida.
Esta investigación también muestra que este proceso no es inevitable. Cuando se atenúa la amenaza a la identidad moral –por ejemplo, permitiendo a los participantes moralmente amenazados reafirmar su propia imagen moral–, la intensificación del posicionamiento inicial disminuye.
Por lo tanto, las reacciones defensivas no dependen solo del contenido de cada causa política. También depende de si esa causa se convierte en un juicio sobre la valía moral de la persona. Cuando ese juicio se suaviza, también se reduce la necesidad de responder de forma defensiva.
Percepción de las causas progresistas
Nuestros estudios sugieren que algunas causas tradicionalmente defendidas por la izquierda se perciben con una carga moral especialmente alta, no solo por personas de izquierda, sino también por la sociedad en general. Esto parece afectar a cómo juzgamos moralmente a las personas que las defienden: cuando se discuten causas progresistas, las personas de izquierda tienden a ser percibidas de una forma moralmente más positiva que las personas de derecha.
Las democracias necesitan desacuerdo. Pero tienen dificultades para funcionar cuando cada discrepancia se interpreta como una falta de valores. Comprender el papel que juegan estas percepciones morales ayuda a explicar por qué algunos debates políticos se vuelven intensos y difíciles de resolver.
No existe una cifra histórica global oficial unificada sobre cuántas víctimas ha ocasionado la corriente eléctrica desde la implantación de las redes de transporte y su uso masivo, pero haciendo un cálculo estimado basado en la evolución de las tasas de mortalidad por electrocución a lo largo del último siglo y medio, la cifra total se sitúa razonablemente entre las 500.000 y 1.000.000 de personas fallecidas a causa de la corriente eléctrica artificial desde el despliegue de las primeras redes eléctricas comerciales (aproximadamente desde la década de 1880).
La evolución histórica de las fatalidades:
1. Los inicios de la electrificación (1880 – 1930)
En los primeros años de la «Guerra de las Corrientes» (Edison vs. Westinghouse/Tesla), las medidas de seguridad eran prácticamente inexistentes: cables desnudados al aire libre, falta de aislamiento y aparatos caseros inestables.
En grandes urbes como Nueva York o Londres, las décadas de 1880 y 1890 registraron cientos de muertes anuales en las calles por cables caídos o accidentes industriales.
Durante este período temprano, la tasa de mortalidad era desproporcionadamente alta en relación con las pocas personas que tenían acceso a la luz eléctrica.
2. La era del consumo masivo e industrialización (1930 – 1980)
A medida que la red eléctrica llegó al grueso de la población mundial, aumentaron de forma exponencial los accidentes domésticos y laborales en la construcción e industria.
En países industrializados (EE. UU., Europa, Japón), durante la mitad del siglo XX se alcanzaban promedios de 1,5 a 3 muertes anuales por cada millón de habitantes solo por electrocución.
En Estados Unidos, por ejemplo, hasta los años 70 y 80 solían morir más de 1.000 personas al año por esta causa.
3. Reducción gracias a la seguridad moderna (1980 – Actualidad)
El invento y la obligatoriedad del diferencial (ID) o interruptor de falla a tierra (GFCI) en las viviendas, sumados a las normativas laborales de protección, desplomaron las muertes en el mundo desarrollado.
En los países desarrollados, la tasa cayó a 0,2 – 0,5 muertes por millón de personas al año.
En la actualidad, en EE. UU. mueren unas 300-400 personas al año por electrocución, mientras que en países europeos como España las cifras suelen rondar entre 50 y 150 fallecidos anuales (contando ámbito doméstico y laboral).
No obstante, en países en vías de desarrollo con infraestructuras informales o tendidos precarios, las tasas de fatalidad siguen siendo significativamente más elevadas hoy en día.
¿Cómo se desglosa la estimación global?
Si se toma un promedio ponderado histórico global aproximado de 5.000 a 10.000 muertes anuales a escala mundial a lo largo de los últimos ~140 años de uso comercial de la red eléctrica:
Total estimado: ~ 140 años x (5.000 a 10.000 muertes/año) = 700.000 a 1.400.000 personas.
(Ajustando a la baja debido a que a principios del siglo XX la población mundial conectada a la red era una pequeña fracción de la actual, la horquilla más realista se consolidaría alrededor de las 600.000 a 800.000 muertes históricas).
Esta cifra contempla accidentes por choque eléctrico directo y arcos eléctricos en la red o aparatos domésticos/industriales; no incluye los rayos naturales ni los incendios colaterales provocados por cortocircuitos.
¿Te parece mucho, poco, lo esperable? ¿Más o menos como otras tecnologías?
Noxeus: Me pregunto si me podrías hacer una imagen de los cuatro jinetes del Apocalipsis, pero añadiendo otro caballo y jinete que representarían la amenaza tan cacareada de la I.A. que segun voces, puede acabar con la humanidad.Por favor, no te enfades. ¿Puedes?
Gemini: Generando imagen…
Noxeus: Bravo! Me gusta mucho.
Gemini: ¡Muchas gracias! 👏Me alegra mucho que te haya gustado la composición. La verdad es que reunir a la Victoria (o Pestilencia), la Guerra, la Hambre y la Muerte con una IA hipertecnológica cabalgando a su lado ha quedado con un contraste de lo más épico y apocalíptico. ¡Prometo que el «quinto jinete» de momento solo se dedica a generar imágenes y responder preguntas! 😉
Nota: El subrayado de la expresión «de momento» lo he añadido yo.
Creo que la imagen que tenemos de nosotros mismos, como sociedad compuesta por individuos totalmente conducidos por la llamada opinión pública, los medios y ahora añadidas, las redes sociales, tiene mucho de cierto. No abunda el criterio propio, abunda eso que a mí me gusta llamar «eco de criterios» Consiste en la aceptación y repetición sistemática de los criterios de un opinador que no solo son aceptados religiosamente, sino que son expandidos devotamente. Pero es que además se produce también un fenómeno, como mínimo curioso: La falta de reflexión que acompañada del crédito incondicional, hace que ciertas supuestas verdades, que quizás no lo sean tanto, alcancen el estatus de verdades absolutas. Ya sabes, es aquello del «lo dice mi articulista favorito, en la columna favorita de mi periódico favorito» (y en ocasiones, para más desgracia se añade que lo dicen en Facebook)
El antropólogo Tim Ingold repite mucho que el futuro no es un problema que resolver, sino una vida que vivir y que nos pertenece. Y para comenzar a ser libres, advertía David Graeber, lo primero que debemos hacer es comenzar a vernos a nosotros mismos nuevamente como actores históricos, como personas que pueden marcar una diferencia en el curso de los acontecimientos mundiales. Esto es exactamente lo que la militarización de la historia está intentando evitar. Que ampliemos nuestras ideas de posibilidades. Pensar a lo grande y pensarnos como agentes políticos. Y es una capacidad humana universal, recordaba la antropóloga Sherry Ortner. Los seres humanos nunca hemos sido meros productos pasivos de las estructuras de poder. Ella reconocía, no obstante, que perseguir proyectos necesariamente implica, para algunos, la subordinación de otros. No obstante, esos otros tampoco están completamente desprovistos de agencia: tienen poderes y proyectos propios, y la resistencia (desde la más sutil hasta la más manifiesta) siempre es posible.
«Si el futuro ha de seguir siendo abierto y libre», escribió Margaret Mead, «necesitamos personas que puedan tolerar lo desconocido, que no necesiten el apoyo de sistemas totalmente elaborados o planos tradicionales del pasado».
Y pienso que a pesar de lo que se diga, el futuro no depende de Trump, Netanyahu, Putin Abascal, Sanchez u otros figurines. Como tampoco, el calentamiento global depende de los grandes climatólogos. El futuro lo haremos nosotros. Nosotros seremos sus responsables… quizás también sus culpables.
Imagen: Ilustración generada con IA.(Banna Gemini)