Categoría: opinión

  • La tribu tiene miedo

    La tribu tiene miedo

    El temor de Estados Unidos (un de ellos; uno de tantos) ante el avance de la inteligencia artificial en China abarca dimensiones económicas, militares, ideológicas y de seguridad global. En Washington predomina la visión de que «quien lidere en IA, liderará la hegemonía global».
    Las razones fundamentales que explican este recelo se dividen en varios aspectos estratégicos:

    1. Dominio Militar y Guerra Autónoma

    La IA no solo optimiza procesos civiles; es la piedra angular de la defensa del futuro. Y ya sabes, lamentablemente sigue predominando la idea de que la mejor defensa es un buen ataque:
    • Sistemas de armas autónomos: Drones en enjambre, robótica militar y análisis de objetivos en tiempo real impulsados por IA.
    • Ciberguerra de precisión: Herramientas capaces de automatizar ciberataques contra infraestructuras críticas (redes eléctricas, sistemas financieros, satélites). Aunque como hemos visto en Gaza, a veces es la IA la que dice que un hospital o un colegio es una de esas infraestructuras críticas.
    • Toma de decisiones tácticas: Algoritmos que simulan escenarios de batalla e interpretan datos de radar e inteligencia mucho más rápido que los analistas humanos.
    Si China logra superioridad tecnológica en estos campos, el equilibrio militar del Indo-Pacífico (y del mundo) cambiaría radicalmente.

    2. Guerra Económica y Liderazgo Industrial

    A nivel industrial, la IA se considera el motor de la próxima revolución productiva:
    • Soberanía tecnológica: EE. UU. teme perder el control sobre las normas, estándares y ecosistemas que rigen la economía digital global.
    • Eficiencia y escalabilidad china: Aunque EE. UU. lideró inicialmente en inversión de capital y potencia de cómputo bruta, gigantes chinos como DeepSeek, Alibaba, Tencent o Baidu demostraron capacidad para crear modelos altamente eficientes y abiertos a un coste significativamente menor.

    3. Competencia Ideológica y Exportación del Modelo Autoritario

    Existe un trasfondo geopolítico e ideológico profundo:
    • Uso interno del control: China utiliza IA para vigilancia masiva, reconocimiento facial, crédito social y censura automatizada. ¿EEUU, no. O lo disimula muy bien?
    • Exportación del modelo: EE. UU. teme que Pekín exporte estas tecnologías de control social a otros países autoritarios o en desarrollo, consolidando una red global de gobernanza digital opuesta a los valores de las democracias occidentales.

    4. La «Barrera» de la Cadena de Suministro de Semiconductores

    Para frenar este avance, EE. UU. ha impuesto estrictos controles de exportación a los chips de IA avanzados (como los GPUs de NVIDIA) y a la maquinaria de litografía avanzada. El temor estadounidense es doble:
    1. Que las sanciones no sean suficientes para evitar que China alcance la autosuficiencia en el diseño y fabricación de semiconductores.
    2. Que una eventual crisis o conflicto en torno a Taiwán (donde la empresa TSMC fabrica la inmensa mayoría de los microchips más avanzados del mundo) paralice la economía de EE. UU. mientras China logra avanzar con sus alternativas locales.

    5. Paradoja Regulatoria y Ritmo de Desarrollo

    En Occidente existe una presión constante por parte del público y los reguladores para exigir ética, mitigación de riesgos y salvaguardas ante la IA. Muchos analistas y líderes tecnológicos en EE. UU.  y Trump a la cabeza de ellos, sostienen que si el ecosistema occidental frena o frena su desarrollo para regular la tecnología, China continuará avanzando sin esas restricciones internas, tomando una ventaja irreparable.
    En resumen, no se trata únicamente de qué país tiene el mejor chatbot, sino de quién controlará las infraestructuras estratégicas, el desarrollo industrial, el poder militar y los estándares globales de las próximas décadas.
  • Aprender

    Aprender

    Confieso que soy un fan de Juan Luis Arsuaga.
    Por si ahora mismo no os viene a la testa, de quién se trata, os recordaré que es un paleo-antropólogo, codirector de Atapuerca, escritor conferenciante y biólogo. Al pie una foto suya. Para su filosofía de vida, se declara «epicúreo» Y sinceramente, me unen o coincido en muchas cosas con él. Incluso la afición a los relojes. La admiración solo es una puerta. El habitáculo que abre esa puerta es algo rico y que me complace. He aprendido muchas cosas con él (o de él; como prefieras).
    Me encanta la idea que transmite sobre el propósito (sentido, si quieres) de la vida. Señala dos con los que estoy absolutamente de acuerdo, por bien que puedan parecer alejados de lo que ordinariamente se escucha al respecto. Yo los interpreto así:

    …Señalaría dos propósitos.
    ♠ El primero es aprender. Venimos a aprender lo cual irremediablemente supone compartir conocimientos y depositarlos en una caja común que se va transmitiendo por generaciones. Probablemente, todos esos pequeños descubrimientos que hacemos cotidianamente, son la más apreciable fuente de felicidad. El aprendizaje es hijo de la curiosidad. Empiezas a ser anciano cuando pierdes el deseo de aprender; a ser posible, algo cada día. 
    ♠ El segundo propósito es cumplir con tu cuota de aportación a la evolución de nuestra especie. En este sentido, tus hijos, seguramente pueden ser uno de los valores más claros, pero no el único. Tus aportaciones a la sociedad, sean de la índole que sean, suman y potencian el camino de nuestra evolución. Recuerda que somos una especie social y aunque parezca increíble, «entre todos lo hacemos todo»

    Juan Luis Arsuaga (foto: Librotea)
    Juan Luis Arsuaga (foto: Librotea)
  • Mañana

    Mañana

    Mañana amanece distinto, dice al final del video (espoiler), pero es preciso preguntarse si mañana habrá un amanecer o bien si alguien solo verá salir el sol por la pantalla:

    A pesar de todo. Sin que uno pueda contradecir esta triste realidad, hay un rayo de luz de esperanza y aún se pueden ver bastantes seres humanos equipados con las tecnologías, administrando correctamente su uso.
    Sufro pensando que lo que ocurre con los móviles, se extienda al uso de la llamada «Inteligencia Artificial» y acabemos totalmente dependientes incluso para tomar la más simple de las decisiones.

  • Mis conversaciones con la IA

    Mis conversaciones con la IA

    Noxeus: Me pregunto si me podrías hacer una imagen de los cuatro jinetes del Apocalipsis, pero añadiendo otro caballo y jinete que representarían la amenaza tan cacareada de la I.A. que segun voces, puede acabar con la humanidad.Por favor, no te enfades. ¿Puedes?

    Gemini: Generando imagen…

    Noxeus: Bravo! Me gusta mucho.

    Gemini: ¡Muchas gracias! 👏Me alegra mucho que te haya gustado la composición. La verdad es que reunir a la Victoria (o Pestilencia), la Guerra, la Hambre y la Muerte con una IA hipertecnológica cabalgando a su lado ha quedado con un contraste de lo más épico y apocalíptico. ¡Prometo que el «quinto jinete» de momento solo se dedica a generar imágenes y responder preguntas! 😉

    Nota: El subrayado de la expresión «de momento» lo he añadido yo.

  • Suerte!

    Suerte!

    (artículo de opinión personal)
     
    La suerte tiene su definición formal. Se entiende habitualmente que es  la causa o fuerza invisible a la que atribuimos los sucesos fortuitos, favorables o adversos, que ocurren sin una explicación racional o fuera de nuestro control.
    ¿Te convence esta definición?
    En cualquier caso, para abordar si aceptamos que existe, conviene descomponer el concepto desde distintos puntos de vista:
     
     

    1. Desde la ciencia y la probabilidad: No existe como «fuerza»

    En el ámbito físico y matemático, la suerte no existe como una entidad o energía que favorece a unas personas sobre otras. Lo que llamamos «suerte» es simplemente azar, probabilidad y coincidencia:
    Que te toque la lotería o que te caiga un rayo no depende de tu aura o destino, sino de leyes estadísticamente impersonales. El cerebro humano está diseñado para buscar patrones y significado donde solo hay eventos aleatorios, lo que nos lleva a atribuir a «la suerte» lo que en realidad son puras variaciones estadísticas.

    2. Desde la psicología: Sí existe como actitud e interacción.

    El psicólogo Richard Wiseman dedicó años a estudiar a personas que se consideraban «afortunadas» y «desafortunadas». Descubrió que la suerte no era algo místico, sino una forma de percibir y actuar en el mundo. Sus experimentos mostraron que las personas «con suerte»:
    Son más observadoras: Detectan oportunidades donde otros están demasiado enfocados en un plan rígido.
    Tienen mayor apertura: Prueban cosas nuevas y amplían su red de contactos, multiplicando las probabilidades de que ocurran cosas positivas.
    Mantienen expectativas optimistas: Tienden a perseverar ante el fracaso, convirtiendo situaciones desfavorables en aprendizajes.

    3. La perspectiva filosófica: El punto de partida inmerecido

    Filósofos como Séneca o pensadores modernos aluden a lo que se conoce como suerte moral o de nacimiento: no elegimos dónde nacer, nuestros genes, la época o la salud inicial. En ese sentido, la «suerte» existe como un factor de partida inevitable que condiciona las circunstancias de nuestra vida, sobre el cual luego aplicamos nuestras decisiones.

    Como resumía la célebre frase atribuida al estoicismo: «La suerte es lo que ocurre cuando la preparación se encuentra con la oportunidad». El azar objetivo existe; la «suerte» es la interpretación y la capacidad que tenemos de aprovechar la probabilidad a nuestro favor.

    Antes he mencionado a Richard Wiseman, psicólogo y profesor de la Universidad de Hertfordshire, que dedicó más de una década a investigar la naturaleza de la suerte en lo que denominó «The Luck Project» (El Proyecto Suerte). 
    Su conclusión fue contundente: las personas no nacen con suerte ni están perseguidas por la mala fortuna. Lo que llamamos «suerte» es, en realidad, un conjunto de hábitos mentales y comportamientos que aumentan o reducen significativamente la probabilidad de experimentar eventos afortunados.

    Los experimentos icónicos de Wiseman

    Para entender cómo funciona, Wiseman reclutó a cientos de personas que se clasificaban a sí mismas como «extremadamente afortunadas» o «extremadamente desafortunadas» y puso a prueba sus diferencias de comportamiento.

    1. El experimento del periódico

    Wiseman entregó un periódico a ambos grupos y les pidió que contaran cuántas fotografías había en su interior.
    Las personas que se consideraban «desafortunadas» tardaron en promedio unos dos minutos en contar las fotos.
    Las personas «afortunadas» tardaron apenas unos segundos.
    ¿El truco? En la segunda página del periódico, Wiseman había impreso un mensaje gigantesco que ocupaba media página y decía: «Deja de contar: hay 43 fotografías en este periódico». Las personas desafortunadas estaban tan obsesionadas con la tarea puntual (contar) que no vieron el anuncio. Los afortunados, más relajados y atentos al entorno, lo detectaron de inmediato. De hecho, en medio del periódico puso otro mensaje: «Deja de contar, dile al investigador que has visto esto y gana 250 libras». Nuevamente, solo las personas «con suerte» lo vieron.

    2. La prueba de la personalidad y la ansiedad

    Tras evaluar a los participantes con tests psicológicos, Wiseman descubrió que las personas «desafortunadas» presentaban niveles de ansiedad significativamente más altos que los afortunados.
    La ansiedad genera una visión de túnel: te enfocas tanto en un objetivo específico o en prevenir un peligro que te pierdes las oportunidades periféricas. Los afortunados, al estar más tranquilos y abiertos, perciben lo inesperado.

    Los 4 principios para «entrenar» la buena suerte

    A partir de sus hallazgos, Wiseman diseñó una «Escuela de la Suerte» donde enseñó a personas afortunadas y desafortunadas a aplicar cuatro principios psicológicos. El 80% de los participantes reportó un aumento significativo en su buena suerte y satisfacción con la vida.
    1. Maximizar las oportunidades de azar:
      • Las personas afortunadas crean, detectan y actúan ante las oportunidades imprevistas.
      • Cómo entrenarlo: Rompe la rutina. Toma un camino diferente al trabajo, habla con desconocidos, diversifica tus lecturas o actividades. Cuanta más variedad metas en tu vida, mayor es la red de posibilidades estadísticas que despliegas.
    2. Escuchar las intuiciones («pálpitos»):
      • Los afortunados toman decisiones acertadas haciendo caso a sus sensaciones corporales o intuiciones profundas en lugar de sobreanalizar hasta la parálisis.
      • Cómo entrenarlo: Apoya tus decisiones racionales escuchando cómo responde tu cuerpo ante una alternativa. La intuición suele ser el cerebro procesando patrones subconscientes basados en la experiencia previa.
    3. Esperar la buena fortuna (Expectativas optimistas):
      • Las personas con suerte asumen que el futuro estará lleno de cosas positivas. Esta expectativa se convierte en una profecía autocumplida: como esperan que las cosas salgan bien, persisten más tiempo ante la adversidad y se vuelven más sociables y atractivas para otros.
      • Cómo entrenarlo: Plantea tus metas asumiendo un resultado favorable, lo que te dará la energía necesaria para intentar cosas difíciles más veces.
    4. Transformar la mala suerte en buena:
      • Cuando a una persona afortunada le ocurre algo malo, utiliza el pensamiento contrafáctico positivo: se imagina cómo la situación podría haber sido peor.
      • Ejemplo: Si se rompen una pierna, en lugar de pensar «qué mala suerte tengo», piensan «qué suerte que no me rompí la espalda». Esta mentalidad evita el desánimo, les ayuda a tomar el control de la situación y a aprender de los errores rápidamente.

    Un ejercicio práctico para empezar: El «Diario de la Suerte»

    Si quieres aplicar esto hoy mismo, Wiseman sugiere llevar durante un mes un pequeño cuaderno nocturno donde anotes únicamente:
    • Tres cosas afortunadas o positivas que te hayan ocurrido durante el día (por pequeñas que sean).
    • Cómo contribuiste tú (directa o indirectamente) a que sucedieran.

    Este simple hábito reconfigura la atención selectiva de tu cerebro, obligándote a buscar oportunidades a lo largo del día en lugar de centrarte en las frustraciones.

    Concluyo que, si bien la suerte NO EXISTE, buscarla en una actitud en la vida que no puede traer otra cosa más que beneficios. 
    ¡Suerte!

     
  • La razón del carnet.

    La razón del carnet.

    Contundentemente se dice: Es para garantizar la seguridad vial y el orden público.
    Otra cosa es que lo consiga. Sabemos que el carnet solo, no hace milagros, pero junto con todo el ordenamiento que lo acompaña y rodea, consigue mucho.
    El permiso de conducir obligatorio asegura que cada conductor:


    • ¿La I.A. puede compararse con una máquina que pueda o deba ser conducida?
    • ¿Su uso permite a las autoridades identificar algún modo de responsabilidad por parte de, llamémosle, conductor del proceso?
    • ¿Sería conveniente que antes de su uso en ciertos niveles de procesos generativos, hubiera una capacitación necesaria y obligatoria?
    • ¿Debería contemplar el concepto de responsabilidad punible?


  • El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer.

    El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer.

    Creo que la imagen que tenemos de nosotros mismos, como sociedad compuesta por individuos totalmente conducidos por la llamada opinión pública, los medios y ahora añadidas, las redes sociales, tiene mucho de cierto. No abunda el criterio propio, abunda eso que a mí me gusta llamar «eco de criterios»  Consiste en la aceptación y repetición sistemática de los criterios de un opinador que no solo son aceptados religiosamente, sino que son expandidos devotamente. Pero es que además se produce también un fenómeno, como mínimo curioso: La falta de reflexión que acompañada del crédito incondicional, hace que ciertas supuestas verdades, que quizás no lo sean tanto, alcancen el estatus de verdades absolutas. Ya sabes, es aquello del «lo dice mi articulista favorito, en la columna favorita de mi periódico favorito» (y en ocasiones, para más desgracia se añade que lo dicen en Facebook)
    Leo en el magnífico blog de Noemi Villaverde:
    El antropólogo Tim Ingold repite mucho que el futuro no es un problema que resolver, sino una vida que vivir y que nos pertenece. Y para comenzar a ser libres, advertía David Graeber, lo primero que debemos hacer es comenzar a vernos a nosotros mismos nuevamente como actores históricos, como personas que pueden marcar una diferencia en el curso de los acontecimientos mundiales. Esto es exactamente lo que la militarización de la historia está intentando evitar. Que ampliemos nuestras ideas de posibilidades. Pensar a lo grande y pensarnos como agentes políticos. Y es una capacidad humana universal, recordaba la antropóloga Sherry Ortner. Los seres humanos nunca hemos sido meros productos pasivos de las estructuras de poder. Ella reconocía, no obstante, que perseguir proyectos necesariamente implica, para algunos, la subordinación de otros. No obstante, esos otros tampoco están completamente desprovistos de agencia: tienen poderes y proyectos propios, y la resistencia (desde la más sutil hasta la más manifiesta) siempre es posible.
    «Si el futuro ha de seguir siendo abierto y libre», escribió Margaret Mead, «necesitamos personas que puedan tolerar lo desconocido, que no necesiten el apoyo de sistemas totalmente elaborados o planos tradicionales del pasado».

    Y pienso que a pesar de lo que se diga, el futuro no depende de Trump, Netanyahu, Putin Abascal, Sanchez u otros figurines. Como tampoco, el calentamiento global depende de los grandes climatólogos. El futuro lo haremos nosotros. Nosotros seremos sus responsables… quizás también sus culpables.

  • Todo, no es política.

    Todo, no es política.

    Cuando todo se etiquete como «político», existe un riesgo real de hiperpolitización: reducir cualquier manifestación del espíritu humano —el arte, la afectividad, el ocio o la contemplación— a un mero instrumento de poder, ideología o dinámica de grupos.

    Esa sensación de que la política pretende monopolizar la cultura y la vida cotidiana nace de una confusión entre dos dimensiones de la condición humana: la dimensión cívica (lo colectivo) y la dimensión existencial (lo personal y trascendente).

    La tensión entre dos visiones

    El argumento de quienes dicen «Todo es política» cuando esgriman alguno, que no siempre ocurre, se basa en

    • La estructura invisible: Sostiene que ninguna acción ocurre en el vacío. Lo que comemos, qué arte consumimos o cómo organizamos nuestro tiempo libre está condicionado por leyes, estructuras económicas y relaciones de poder.
    • El impacto en los demás: Bajo esta premisa, la neutralidad no existe: abstenerse o pretender la asepsia es, en la práctica, validar el estado actual de las cosas (status quo).

    Pero el peligro de monopolizar la experiencia humana es indudable y se manifiesta en

    • El reduccionismo del ser: Si todo es política, se corre el riesgo de vaciar de valor propio al arte, la belleza, la amistad, la ciencia o la espiritualidad. Una obra de arte o un gesto de bondad no valen solo por su «utilidad ideológica», sino por su valor intrínseco.
    • El agotamiento social: Convertir cada rincón del quehacer cotidiano en un campo de batalla o en una trinchera ideológica genera fatiga y polarización, ahogando la espontaneidad y la libertad individual.

    Un necesario punto de equilibrio

    Tal vez la clave resida en distinguir entre el origen estructural de las cosas y su naturaleza profunda:

    La política es la herramienta mediante la cual convivimos y distribuimos el poder, pero no es el fin último de la existencia. El arte, la filosofía, el amor o el simple disfrute de la naturaleza existen por sí mismos, y defender espacios donde la política no lo ocupe todo es, paradójicamente, una forma de preservar la propia salud de la cultura.

  • LA NECESIDAD DE SILENCIO

    LA NECESIDAD DE SILENCIO

    Esta es una de las pocas entradas publicadas por mí en Substack de la que siento la necesidad de traer aquí. Imposible hacerlo sin modificarla con cada lectura. Es lo que tienen algunos textos; que «se dejan». Hay algunas más en aquella casa (Substack) que merecen ser salvadas del fuego del olvido (según mi modesto entender) y ya irán apareciendo.


    Hay algo fascinante en cómo hemos decidido colectivamente que cada momento debe ser llenado. Como si el silencio se hubiera convertido en nuestro nuevo enemigo, y la estimulación constante en nuestra plegaria diaria.

    ¿Cuántas veces hablamos solo para llenar un vacío? ¿Cuántas veces navegamos para escapar de la incomodidad de estar solos con nosotros mismos? Hemos creado un mundo donde el ruido se ha vuelto la norma, donde dejar que una conversación haga pausa roza la incomodidad.

    La Sabiduría del Silencio

    Cuando nos apresuramos a llenar cada silencio, pagamos un precio invisible pero real. Los malentendidos se multiplican, requiriendo aclaraciones que finalmente toman más energía que si hubiéramos tomado el tiempo para escuchar cuidadosamente desde el principio. Las relaciones se deterioran porque ya no absorbemos verdaderamente lo que se dice, demasiado ansiosos por pasar a nuestro siguiente punto. Todo esto merece algo mejor que comentarios constantes. Merece presencia, escucha, gestación. Los filósofos saben que algunas verdades solo pueden emerger en la quietud. Los líderes más sabios saben que una palabra dicha demasiado rápido puede destruir años de confianza.

    «Aquellos que saben no hablan; aquellos que hablan no saben.» — Tao Te Ching

    La Voz Incesante de la Mente

    Incluso en soledad, rara vez estamos callados. Nuestros pensamientos comentan, comparan, repasan, ensayan. No es el mundo lo que nos agota. Es la mente que nunca silenciamos. Planeamos mientras caminamos. Rumiamos mientras comemos. Despertamos ya hablándonos internamente. Pero los pensamientos no son el enemigo. Es nuestra identificación con ellos—nuestro constante diálogo con ellos—lo que nos atrapa en el ruido. El silencio no es la ausencia del pensamiento. Es el espacio donde los pensamientos pueden pasar sin arrastrarnos con ellos.

    Lo que te estás perdiendo

    Sin silencio, perdemos profundidad. Nos volvemos reactivos, no reflexivos. Rozamos la superficie de la vida, perdiendo las corrientes subterráneas. En una mente ruidosa, no hay espacio para la intuición. En un mundo apresurado, no hay lugar para el asombro. La verdadera conexión—ya sea con otros, la naturaleza o nosotros mismos—no grita. Susurra. Y para escucharla, debemos estar callados.

    Recuperando el Silencio

    – Dejando que las pausas permanezcan sin llenar. – Notando cuando hablamos por incomodidad. – Practicando la presencia sin comentarios. – Caminando sin narración. – Sentándonos sin buscar.

    Empieza pequeño. Luego da otro paso. El silencio no es algo que encuentres. Es lo que queda cuando dejas de huir. Necesitas silencio. Porque el mundo es ruidoso. Y eso que habita en tu interior, algunos lo llaman alma, yo no lo llamo de manera alguna, solo lo observo,  no grita. Espera.

  • La IA y la crísis editorial que provoca

    La IA y la crísis editorial que provoca

    La llegada de la inteligencia artificial generativa ha desencadenado una crisis en el sector editorial debido a la creciente dificultad para verificar si un libro ha sido escrito por un ser humano. No me gustaría estar en esa situación y tener que andar demostrando constantemente que mis letras, son fruto de mi imaginación y mi esfuerzo.

    Casos recientes y sospechas: Ejemplos como la cancelación de contratos millonarios (Jerry Falade, Mia Ballard) o la controversia sobre ventas masivas (Daggermouth) muestran cómo la sola sospecha de usar IA ya tiene serias consecuencias económicas y reputacionales para los autores.

    El dilema de la autoría y la zona gris: Aunque el sistema editorial siempre ha funcionado basándose en la confianza, la IA genera incertidumbre sobre dónde acaba la ayuda tecnológica y empieza la autoría real (usos para corregir, estructurar, investigar o escribir párrafos).

    Posición de las editoriales: Grandes grupos (Simon & Schuster, Penguin Random House) defienden la creatividad humana frente al uso no autorizado de sus obras para entrenar IA, pero reconocen el valor de la tecnología para optimizar ciertos procesos. Además, enfrentan la amenaza de la «AI slop» (producción masiva y barata de libros de baja calidad que saturan plataformas como Amazon).

    Detectores poco fiables y vacuidad legal: Los detectores de IA actuales generan falsos positivos y no ofrecen pruebas definitivas. A nivel legal, en EE. UU. el contenido creado 100 % por IA no tiene derecho de autor (copyright), pero no hay normas claras sobre el trabajo híbrido o asistido.

    Inseguridad y rol de los agentes: Los agentes literarios se han visto forzados a actuar como «policías de la IA», implantando políticas muy dispares que van desde la prohibición absoluta hasta la tolerancia de usos auxiliares, lo que crea inseguridad en los escritores

    La verdadera crisis del sector no es solo que la tecnología pueda escribir libros, sino la pérdida de certidumbre sobre la autoría y la falta de un marco consensuado que proteja la creatividad humana sin penalizar injustamente el uso legítimo de las herramientas tecnológicas. Podríamos resumirlo en aquello tan repetido de que las herramientas son para ayudar al ser humano y no para sustituirlo, pero… ¿Estamos seguros de esto? No parece ser lo que piensa la robótica.
    Tampoco puedo dejar de pensar en el fenómeno Amazon: Decenas de miles de libros autopublicados sin la supervisión imprescindible que vele por unos estándares de calidad exigibles y que a la postre resulta, todo ello, en un inmenso estercolero literario.

  • Dolor

    Dolor

    El dolor es una experiencia paradójica: nos aísla en lo más profundo de nuestra mente, pero al mismo tiempo es la huella más universal de la condición humana. No entiende de tiempos ni de permisos; llega como un visitante no deseado que desarmoniza el cuerpo o quiebra la calma del alma. No sé, para el resto de los seres vivos o sintientes, supongo que de algún modo, el dolor va parejo con la consciencia y en este sentido todos ellos, tendrán alguna u otra forma de dolor.

    Sin embargo, en su crudeza, el dolor cumple una función vital: es la alarma que nos avisa de que algo requiere atención. Mientras que el dolor físico señala la herida que busca cicatrizar, el dolor emocional revela aquello que nos importa, lo que hemos amado o lo que necesitamos sanar. No es un destino permanente, sino un proceso de transformación que, aunque nos deja marcas, también nos enseña la verdadera medida de nuestra fortaleza.

    El dolor puede presentarse como un «regalo» inesperado que viene envuelto con el papel coloreado del miedo. Pocas cosas atemorizan más que sufrir un dolor sin saber su razón, su causa. Ese desconocimiento envuelve el dolor, añadiéndole temor. En muchas ocasiones, cuando el profesional de la salud te explica la causa de tu dolor, esa información resulta ser la primera capa analgésica, el primer alivio.

  • Hoy, Meta, a juicio.

    Hoy, Meta, a juicio.

    Meta enfrenta un juicio clave por la adicción de menores a las redes sociales.
    Las grandes empresas tecnológicas vuelven a situarse en el centro del debate público y judicial. En el marco de una serie de demandas sin precedentes en Estados Unidos, Meta (matriz de Instagram, Facebook y WhatsApp) enfrenta un proceso judicial crucial donde se cuestiona el diseño mismo de sus plataformas y su impacto en la salud mental de los niños y adolescentes.
    ¿Tendremos esta vez, una sentencia acorde al daño causado?
    La voracidad de Meta, deja muy atrás cualquier forma de ética y su jerarquía de valores no entiende de otra cosa que no sea su beneficio.

    Un modelo de negocio bajo sospecha.

    La acusación central en estos litigios sostiene que las tecnológicas habrían implementado intencionadamente algoritmos y funciones de diseño orientados a maximizar el tiempo de permanencia, generando conductas adictivas en usuarios jóvenes. Entre las consecuencias señaladas por los demandantes y expertos en salud mental se incluyen:

    • Cuadros de ansiedad severa
    • Trastornos de la conducta alimentaria y dismorfia corporal.
    • Aislamiento social y deterioro del rendimiento académico.

    El argumento de la acusación se fundamenta en que las plataformas priorizan la métrica del enganche y los ingresos publicitarios por encima del bienestar y la seguridad de los menores de edad.

    Precedentes y presión en aumento,

    El proceso actual no ocurre de forma aislada. A lo largo del año, la compañía dirigida por Mark Zuckerberg ha recibido importantes reveses judiciales e indemnizaciones millonarias en tribunales de California y Nuevo México, donde se la declaró responsable de negligencia por no implementar barreras de protección efectivas para los usuarios más vulnerables.

    Por su parte, Meta ha argumentado de manera reiterada que cuenta con decenas de herramientas de supervisión parental, límites de tiempo e iniciativas de privacidad diseñadas específicamente para adolescentes, defendiendo que la complejidad de la salud mental juvenil depende de múltiples factores externos.

    ¿Un punto de inflexión para la industria?

    Más allá de las indemnizaciones financieras que puedan resultar de estas demandas, el resultado de estos juicios sienta jurisprudencia sobre una pregunta clave: ¿tienen las plataformas el deber legal y moral de rediseñar sus productos si resultan perjudiciales para la salud pública? De consolidarse estos veredictos, la industria Big Tech podría verse obligada a transformar drásticamente el funcionamiento de sus algoritmos de recomendación y las políticas de acceso de menores en todo el mundo.