Para un matemático, el 77 abandona el misticismo y se convierte en un objeto de estudio fascinante por sus propiedades numéricas, algebraicas y su comportamiento dentro de la teoría de números. Para un simple mortal como yo 77 es solo la cuantificación de un trayecto. El que transcurre desde un nacimiento hasta el momento presente. Desde un punto de vista astronómico, solo se trata de las veces que el Sol ha vuelto a «pisar» un punto concreto en el baile Tierra-Sol en el salón de baile que supone esa línea que llamamos eclíptica. Los astrólogos, llaman a eso una «revolución solar» y los sabios populares, cumpleaños. Algunos, supuestamente más duchos, prefieren hablar de aniversario y los nativos digitales, en su ánimo de teclear lo menos posible, escriben «cumple»
Es un número hermoso; resultado de sumar los primeros ocho números primos:
2 + 3 + 5 + 7 + 11 + 13 + 17 + 19 = 77
Los matemáticos verían mucha más poesía en el número y nos dirían que se trata de un «compuesto semiprimo» que tiene tres divisores propios: 1, 7 y 11.
Sin embargo, la poesía que veo es prosa poética y se trata solo del relato de una vida que ya empieza a ser larga.



