Autor: Ricard Pardo

  • Yumeko

    Yumeko

    La madre soñada

    Iglesia de Urakami destruida durante el bombardeo de Nagasaki. ©Museo de la Bomba Atómica de Nagasaki.

    Aquel fatídico día tuvo la suerte de estar realizando un campamento de verano a unos 40 km de Nagasaki. Pero aquella bomba acabó con sus padres y un hermano. A duras penas pudo acabar los estudios necesarios para afrontar después su formación como enfermera. Después de la guerra, el gobierno ofrecía incentivos y ayudas a las profesiones relacionadas con la salud y pudo titularse con solo 21 años.
    Y como quiera que el destino encadena los acontecimientos como quiere, fue esa profesión la que cruzó su camino con la de un soldado americano del ejército que estaba ocupando Japón, teóricamente con fines logísticos hacia la recuperación del país.
    Según ella misma contó, la relación amorosa con el soldado jamás contempló ningún compromiso por parte de los dos. En ocasiones se trataba de una relación de oportunidad y otras era un simple acompañamiento. Y ese destino del que hablaba antes se mostró juguetón y sorpresivo, ya que pocas semanas después de su particular “sayonara” descubrió que aquel soldado le había dejado un recuerdo vivo en el interior de sus entrañas. Y “eso”, nada más ni nada menos, era yo.
    Me cuentas los tíos, que desde ese preciso instante supo que quería afrontar su embarazo sin depender de nada ni de nadie y que no quería ni por un momento implicar al “donante del espermatozoide campeón” que había llegado victorioso frente a la pared del óvulo tras superar los “túneles de Falopio”. Tendrías que ver la cara que ponen los psicólogos cuando les explico con contundencia que ese renacuajo es mi padre y no el soldado americano que para mí siempre ha sido, es y será un misterio.
    Y es que la generosidad de 夢子 (Yumeko), así se llamaba mi madre, llegó al triste momento de que tuvo que dar la vida para que yo obtuviera la mía. No murió en el parto y pudo conocerme y besarme durante una semana y media, pero una infección relacionada con mi nacimiento acabó con ella.
    No puedes ni imaginarte, la riqueza de los sueños que he tenido a lo largo de la vida relacionados con ella. Por eso suelo decir que mi madre es un sueño; que solo he tenido madre en sueños y que soñar, muchas veces para mí, es como el cálido abrazo de la madre que te estruja entre su pecho rebosante de ternura.
    Nunca he sentido nada por la ausencia de un padre y en cuanto a la ausencia de la madre, creo que no es tal ausencia, porque todo en la vida, todo lo que me rodea, todo, todo, me habla de ella, me la muestra y me la entrega.
    Como dije antes, mi madre se llamaba Yumeko, pero ¿sabes qué significa?
    Significa niña de los sueños.

  • Forasteros

    Forasteros

    Alien plant by Ricard Pardo [noxeus] on 500px.com
    Alien Plant* (Ricard Pardo, noxeus)
    …y otras extrañezas

    Desde esos tiempos pretéritos se sintió rechazo hacia lo desconocido, asociándolo sistemáticamente con el peligro. No comías una planta desconocida e igualmente no te asociabas ni relacionabas con un desconocido. Evidentemente, esta antropología, prácticamente universal, ha ido evolucionando y es bastante menos extrema que en aquellos tiempos pretéritos. Pero ¿hasta qué punto?

    Nada como irse a vivir a un pueblo pequeño, para ver en las miradas de tus nuevos vecinos, esa interrogación y precaución, a veces incluso incómoda y que requiere de un esfuerzo personal para conseguir que poco a poco se vaya diluyendo. No te sale al encuentro un sheriff que te pregunte si te piensas quedar o estás de paso, como suele ocurrir en las películas del Oeste, pero es inevitable que los que te verán se pregunten si vas armado. Es decir, cuál pueda ser tu “peligrosidad”.

    Uno de los miedos antropológicos y relacionables con lo mencionado, es el miedo al “alienígena” (o extraterrestre). Está claro que el “hombrecillo verde” es el forastero por excelencia y, seguramente por esa excelencia, también es el más temido.

    ¿No os habéis preguntado por qué los hemos llamado hombrecillos verdes?

    Los primeros autores de relatos alienígenas, de una forma casi inconsciente, se dejaron influenciar por uno de los peligros más previstos como posibles: las bacterias de otros mundos. El desarrollo de esa idea resultó en su idea hermana de que los ET’s no tenían porque ser animales evolucionados, ni siquiera animales simples. Podían ser plantas y además estar entre nosotros desde hace tiempo.

    Ahora, la Biología, nos explica, en sus recientes descubrimientos, que la idea que tenemos de los árboles como seres individuales podría ser perfectamente puesta en entredicho y que en realidad deberíamos entender un bosque como un individuo vegetal (y no un árbol solo). Y esto es así porque se ha descubierto que los sistemas de raíces de muchas especies arbóreas se comunican entre sí de forma muy parecida a como lo hacen nuestras neuronas en nuestro sistema neuronal. Y ese sistema de comunicación implica otras especies, como por ejemplo ciertos hongos.

    Y no tiene que ser necesariamente una planta arbórea (que se consideran especímenes evolucionados) sino que podrían darse relaciones grupales, incluso en las humildes hierbas de los prados.

    Ahora hay autores de ciencia ficción ( y ojo! porque nos han demostrado más de una vez su capacidad prospectiva y de anticipación a hechos venideros, totalmente reales. Julio Verne es solo el más conocido en este sentido). Autores, decía, que proponen nuevas formas de invasión: Ven “aliens” en los líquenes, en bacterias que llegan en artilugios espaciales, virus…

    Y hablando de virus… Recordemos que no son plantas, no son animales y no hay acuerdo en reconocerlos como “vivos”

    ¿Quieres algo más temible que estos pequeños artilugios biológicos?

    Lo tiene todo: forasteros, con propósito temible (multiplicarse) y, cuando aparecen, son el desconocido perfecto.

    * La fotografia es un ramillete de espigas jóvenes silvestres una vez pasada por las ediciones fruto de mi foto-mente enfermiza.

  • Historias arbóreas

    Historias arbóreas

    Los círculos de las edades.

    Historias de vida arbórea en forma de círculos concéntricos que parten de un punto natal y que se expanden hasta la edad en que fueron cortados. Seres vivos, generosos, ofreciéndonos cobijo, calor y un sinfín de posibles herramientas y utensilios. Que estaban aquí millones de años antes que nosotros y quién sabe si no estarán también aquí, cuando nuestra especie solo sea un dato incrustado en algún elemento geológico destinado a desaparecer junto con un planeta, para entonces moribundo y colapsado por su propia estrella madre.
    Señales de la historia arbórea que nos explican cómo fueron sus años; unos más favorables y otros no tanto; exactamente igual que nos ocurre a nosotros.
    Historias, pocas veces leídas con interés en el almacén de los tablones, donde el carpintero, tardará muy poco en pasarlos por la sierra.

  • Boberg y una cabaña

    Pienso que Anna Katarina Boberg, tiene un «toque» de nuestro amigo «Vicente el desorejado» Ese particular paletazo a mí, no sé a vosotros, me encanta.

    Anna Katarina Boberg, de soltera Scholander, (Klara Parish, 3 de diciembre de 1864–Estocolmo, 27 de enero de 1935) fue una artista sueca.

    Inicialmente, trabajó con cerámica y textiles (entre otras cosas, creó el jarrón Peacock para el fabricante sueco de porcelana Rörstrand), y además de pintar, también trabajó en escenografía y escritura. Era de una familia artística, pero nunca recibió ninguna enseñanza formal en las artes, y se la considera una autodidacta.

    Muchas de sus pinturas son del norte de Noruega, que durante muchos años fue su objetivo principal tras el viaje que realizó a esa zona en 1901. Estas obras no fueron bien recibidas en Suecia, (nunca se es profeta en la propia tierra, se dice). Pero sí, fueron bien recibidas en París. Boberg pasó bastante tiempo en el área cercana a las Islas Lofoten en Noruega, donde finalmente se hizo con una cabaña y realizó muchos de esos viajes por su cuenta. 

    «Silencio verpertino» (1916) – Museo de Arte de Sant Louis
  • El entorno

    El entorno

    🔸No es poca cosa. La suerte de tener un entorno como el que me rodea.
    No se trata de nada espectacular, puesto que no muy lejos, ya fuera de esta comarca, encontraríamos paisajes mucho más «de postal». Pero es que la paz que entrega la humildad del territorio alimenta las energías interiores y consigue conciliar con este tiempo que me ha —nos ha tocado—  tocado vivir. En sus inicios, lo que hoy conocemos como Sils solo era un conjunto de masías desperdigadas. Luego, llegó el conglomerante de los tiempos: la iglesia, que construyó su templo y campanario desde el cual llamar a los vecinos hasta donde llegara el sonido de la campana.

    Y siglos después, la misma campana sigue sonando y a su alrededor más próximo se fue creando un núcleo de población. Pero el carácter sigue siendo el de un entorno con habitantes que bordean fronteras administrativas. Casas y pequeños barrios separados por pocos kilómetros, pero dependientes de una misma municipalidad. 
    Luego llegó el tren y una estación que otro pueblo vecino no quiso tener, potenció el núcleo y le dio fuerza de cohesión al pueblo. Le da un toque romántico. Son unos silbidos que compiten con el tañido de la campana.

    El resultado es ese entorno agradable, repleto de caminos, estanques protegidos y extensiones de labranza que ofrecen esa paz tan necesaria, lejos y al mismo tiempo cerca, de la ciudad.
    Es el lugar que escogí para acabar mis días.

  • Despegando

    Despegando

    Pienso que probablemente este sea un buen momento para iniciar un blog; uno más porque ya tengo otro (en Blogger).
    Septuagenario, a un poquito más de medio camino para llegar a octogenario. Poca salud y una cabeza que empieza a joderme la marrana olvidando cosas. Nada preocupante, según los médicos, que me sonríen y sugieren alguna app. de notas para el dispositivo.
    Observador desapasionado del mundo, objetivo y sin ninguna influencia política, ni pensamiento filosófico concreto (quizás todos).
    No soy ni tengo complejo de flautista de Hamelín. Así que no haría un carajo por incrementar el número de seguidores, ni el de comentarios, y si me lee alguien, contento; y si no, también.
    Escribir para uno mismo es bueno. Es una forma de ordenar y consolidar los pensamientos. Una forma de dialogar consigo mismo, un ejercicio epistolar donde el destinatario y el emisor se funden amorosamente (o no tan amorosamente) en un abrazo comprensivo.
    El mantener los comentarios abiertos y sin moderación, es la mejor prueba de que este que escribe, no es un ermitaño apartado del mundo. Los puntos de vista, cuanto más diversos, más enriquecen; incluso los que están equivocados. Todos suman. Como dije antes, no me esforzaré ni un ápice en conseguirlos, pero no despreciaré aquellos que lleguen, los conteste o no.

    Este blog seguramente será alimentado por contenidos cortos y con una frecuencia de publicación más bien moderada.

  • El entorno

    El entorno

    Un lugar para el epílogo

    Me gusta llamarlo “el patio de atrás de mi casa”. Entre Sils y Maçanet de la Selva

    🔸No es poca cosa. La suerte de tener un entorno como el que me envuelve. No se trata de nada espectacular, puesto que no muy lejos, ya fuera de esta comarca, encontraríamos paisajes mucho más “de postal”. Pero es que la paz que entrega la humildad del territorio alimenta las energías interiores y consigue conciliar con este tiempo que me ha —nos ha tocado— tocado vivir. En sus inicios, lo que hoy conocemos como Sils solo era un conjunto de masías desperdigadas. Luego, llegó el conglomerante de los tiempos: la iglesia, que construyó su templo y campanario desde el cual llamar a los vecinos hasta donde llegara el sonido de la campana.

    Y siglos después, la misma campana sigue sonando y a su alrededor más próximo se fue creando un núcleo de población. Pero el carácter sigue siendo el de un entorno con habitantes que bordean fronteras administrativas. Casas y pequeños barrios separados por pocos kilómetros, pero dependientes de una misma municipalidad.
    Luego llegó el tren y una estación que otro pueblo vecino no quiso tener, potenció el núcleo y le dio fuerza de cohesión al pueblo. Le da un toque romántico. Son unos silbidos que compiten con el tañido de la campana.

    El resultado es ese entorno agradable, repleto de caminos, estanques protegidos y extensiones de labranza que ofrecen esa paz tan necesaria, lejos y al mismo tiempo cerca, de la ciudad.
    Es el lugar que escogí para acabar mis días.

  • Siempre nos quedará un poeta

    Siempre nos quedará un poeta

    Que ponga un punto de luz en la oscuridad.

    No es mío, ni pretendo que lo parezca. Por eso lo destaco: NO ES MÍO.Pero en estos momentos de incerteza, donde los tambores de guerra redoblan cada vez en más escenarios. Cuando la locura campa a sus anchas por doquier, no puedo sustraerme de compartirlo aquí. Como un desahogo, como un cariño que pretende consolar.
    Su autor es un señor que se llama Juan L. Trujillo, ya sobrepasó los noventa años y sigue disfrutando de una lucidez y sensibilidad que yo admiro sobremanera.
    Nos dice:
    Un poeta debe:
    Olvidar las estadísticas.
    No esperar resurrecciones.
    Gritarle a la vida con palabras de lluvia.
    Descerrajar las mordazas.
    Saber que la sangre siempre es roja, sea cual sea el color de los rostros.
    Estar al tanto del murmullo de la brisa.
    Ser portador de libertad.
    Usar palabras que despierten a los dioses.
    Procurar que el ruido no sea capaz de llenar el silencio.
    No olvidar el mar y su memoria.
    Poner trinos en los nidos de la tristeza.
    Hacer vivir a los sueños muertos de los espejos.
    Hacer lo posible para que la poesía sea latido, luz, eternidad, sosiego, esperanza.
    Ser el eco que se espera en todos los abismos.
    Mostrar sin pudor, las cicatrices del alma, que siguen doliendo.
    Hacerse experto en madrugadas y en los cantos de los pájaros.
    Y sobre todo, levantar sobre las ruinas que nos acechan, un mundo más justo y mejor.

  • Seguimos aprendiendo

    Seguimos aprendiendo

    …y buscando.

    Amanecer.Fotografía de Akira Matsumoto.

    Lo cierto es que me inquietaba que los amigos y lectores que reciben estas entradas por el correo, pudiesen pensar aquello de —“Este tipo me va a inundar el buzón con sus historias”— Pero creo que ya ha quedado demostrado que no es, ni será así.
    Descubrí Substack, porque estaba buscando una alternativa a la plataforma de blogs que venía usando (sigo haciéndolo), sobre la cual corre el rumor, seguramente falso, de que Google quiere abandonar.
    Son dos posibilidades para publicar un blog, diferentes. Cada una tiene sus ventajas y también sus inconvenientes (me refiero a una contrastada con la otra). Pero el balance es positivo y satisfactorio. Debo decir que aun estoy en la fase de tratar de conocer los vericuetos de esta máquina y además, con calma y sin prisas.
    Algunas de las cosas que me quedan por estudiar, son por ejemplo, cómo “acepta” esta aplicación el sistema de reblogs autorizados desde otras plataformas. Cómo funcionan los “incrustados” y otras cosillas de tipo técnico con las que no quiero aburrir.
    En definitiva, lo que estoy tratando de decir, es que, el propósito de este espacio, aún se está definiendo y que al menos de momento, solo tiene una base de sustentanción: eso que llaman bitácora abierta, o lo que es lo mismo: exposición publica del pensamiento personal. de las derias que me acompañan (fotología*, estoicismo, ciencias…). Cualquier cosa, menos #política Esa etiqueta me la he autoprohibido.

    *Fotología:
    La fotología es el estudio integral de la fotografía como fenómeno humano, cultural y terapéutico, yendo más allá de su vertiente técnica o estética para analizar su impacto en el bienestar y el autoconocimiento. Propone la imagen como una herramienta para conectar con emociones y mejorar la vida de las personas.
  • Diálogos con el espejo

    Diálogos con el espejo

    ¿Tú, no hablas con tu espejo?

    Me dice el espejo:

    —A los seres humanos no nos gustan afirmaciones como la que dice que la enfermedad es equiparable a las experiencias emocionales como el amor de pareja, la pérdida de un ser querido o la misma paternidad/maternidad. Y, sin embargo, son equiparables. Evidentemente, equiparable no significa iguales y las experiencias mencionadas tienen tonos totalmente diferentes. Sin embargo, cuando se experimentan, pasan a formar parte de tu activo vital. Es lo que la experiencia, también conocida como vivencia, te ofrece para sentir la vida con más intensidad. Y si hablamos de intensidad, la enfermedad es una de las mejores posibilidades para amarte, para comprenderte; en definitiva, para crecer en valores humanos. Algunos enfermos tienen una relación amorosa muy incrementada con su cuerpo durante el proceso. Esto, además de amplificar sus capacidades para sanar, también consigue que entiendan mejor lo que es vivir, lo que es la vida. En este sentido, y aunque ni por asomo sea igual de agradable, aporta valores similares a la experiencia del amor, de la paternidad, de la camaradería entre los amigos.

    ¡Vaya! No me digas que eres de los que creen que el dolor redime…

    —¡Por favor…! Para eso tendría que creer primero en el concepto de pecado o culpa y además tendría que aceptar ese estúpido planteamiento judaico-cristiano de la culpa original. Ni he dicho, ni he insinuado nada que se parezca, pero si quieres te hablo del dolor y el sufrimiento.

    Bueno. Ya me asustas, pero dime lo que tengas que decir. Sabes mejor que nadie cuándo te presto atención y cuándo no.

    —No hay enfermedad sin dolor. En mayor o menor medida y a pesar de los avances médicos. Es algo que creo que ya sabes a nivel personal. Pero ahora no quiero referirme a un individuo enfermo, sino a otra clase de enfermo. Lo que quiero decirte es que la sociedad -las sociedades- están enfermas. A la comunidad humana le ocurre algo parecido a lo que le ocurre a un ser humano que se sobrealimenta. Es más que probable que ese individuo desemboque en enfermedades endocrinas y cardiovasculares. Y entra en un círculo vicioso del cual realmente es difícil salir. A la humanidad le ocurre algo semejante; no hablo de la comida que precisamente escasea en ciertos lugares, no. Hablo de lo que alimenta y ofrece la energía necesaria para el mantenimiento de la sociedad como un cuerpo. Un cuerpo sano. Hablo de la energía que ofrecen el orden, la jerarquía de valores, la solidaridad. Cosas como estas son el auténtico alimento que nutre las células de la sociedad. Lamentablemente, al igual que hace un individuo, la sociedad también se alimenta de comida basura: Libertinaje y su consecuente desorden, la mofa de los valores éticos, la amoralidad, el individualismo egoísta. Ahí tienes el gran supermercado de las noticias falsas, bulos que también llaman fake news: las Redes Sociales. Auténticos McDonald’s repletos de comida basura para el alimento social. Ahí están, también, los medios deshonestos, los políticos corruptos, los señores feudales modernos que resultan ser las grandes corporaciones…etc. Todos ellos componen un menú de comida basura que no consigue otra cosa que engordar y estropear las células sociales.
    La sociedad está enferma y empezará a sufrir. El dolor es una cosa, dicen que inevitable. El sufrimiento, otra diferente, dicen que optativo. Pero yo te avanzo que no va a haber opción que valga. La humanidad sufrirá el dolor. Inevitablemente.
    La enfermedad ya se está manifestando. Lo puedo ver en la incapacidad para afrontar la crisis climática, lo puedo ver en el aumento del fascismo, lo puedo ver en el aumento de los flujos migratorios, lo puedo ver en la incapacidad para solucionar las hambrunas, lo puedo ver en el aumento de los negacionismos de toda índole. Y son solo pequeños síntomas que incomodan y que poco a poco conforman el escenario perfecto para la obra final. Dentro de muy poco serán dolor. Dolor inevitable. Del que hace sufrir.

  • Tener tiempo

    Tener tiempo

    Marco Aurelio (Wikipedia)

    Sí, ya lo sé, a Marco Aurelio ya le empieza a brillar el nombre, como brilla el pie de San Pedro en una estatua en la basílica que lleva su nombre. Pero a pesar de ser muy citado, su pensamiento es muy profundo e intemporal y por eso supera el paso de los siglos.

    En sus Meditaciones, Libro 1, nos habla de los que fueron sus maestros de vida y menciona a muchos de ellos y la enseñanza principal que les ofreció cada uno.
    Hay una que me llama mucho la atención. Dice:

    1. De Alejandro el platónico, aprendí que rara vez (y nunca sin motivo justificado) debo decir o escribir a alguien que “estoy demasiado ocupado”; ni usar una excusa similar, alegando “circunstancias acuciantes”, para eludir sistemáticamente las obligaciones inherentes a nuestras relaciones sociales con nuestros semejantes.

    Transcurridos 20 siglos, el “no tener tiempo” sigue estando a la orden del día. Y mi padre, solía burlarse de esta excusa y me decía:
    —Si no tienes tiempo, cómprate otro reloj.

  • Vidas

    Vidas

    Nacieron en una ladera de las tierras altas, donde los vientos azotan inmisericordes los viejos roble y algunas hayas. Gélidos inviernos y sofocantes veranos endurecieron aquellos troncos durante décadas para finalmente sentir los rítmicos golpes de dos leñadores y sus hachas percutiendo de forma alternada; uno en cada lado del generoso tronco. Y las embadurnaron de esa creosota, repugnante viscosidad, hija del alquitrán.
    Y fueron perfectamente dispuestas sobre una cama de balastro, y sobre sus cuerpos hundieron largos clavos que sujetaron los caminos de hierro que tuvieron que soportar. Durante más de medio siglo, el vapor y el hollín, de nuevo el viento, la lluvia y el sol, las convirtieron en elementos duros como la piedra, al tiempo que las convertían en algo sucio y tóxico. Las llamaron traviesas sin ser juguetonas y otros, prefirieron llamarlas durmientes, quizás por su inmovilidad.
    Y pasaron los años, y los lustros, y las décadas, hasta que llegó un momento en que fueron arrancadas de su lecho de piedras y olvidadas en un campo frío, más allá de la estación. Algunas incluso permanecieron enterradas entre otros despojos y cubiertas por la misma tierra.
    Finalmente, llegó un día de gloria y resurrección; quizás debería llamarlo día de su reencarnación… Alguien raspó su piel y las sometió a un proceso de limpieza. Ahora tienen una nueva vida: Cubren y decoran un muro en un parque público escuchando las risas de los niños. Es su nueva vida, muy lejos ya de aquellas laderas, en las tierras altas.