Categoría: salud

  • La silla, uno de los peores inventos de la humanidad

    La silla, uno de los peores inventos de la humanidad

    La idea de que la silla es un mal invento (o incluso «el nuevo tabaco», como la definen algunos epidemiólogos) se ha popularizado en los últimos años debido a la investigación médica y antropológica sobre cómo el sedentarismo afecta a nuestra salud. Aunque parezca un elemento indispensable y cómodo, la crítica no apunta a la silla en sí, sino al uso excesivo y pasivo que hacemos de ella en la sociedad moderna.

    Las razones principales por las que se argumenta que la silla es un problema son las siguientes:

    1. El impacto en la salud biomecánica y musculoesquelética

    • Atrofia muscular: Estar sentado de forma prolongada desactiva grandes grupos musculares, especialmente los glúteos, los abdominales y los músculos estabilizadores de la espalda. Con el tiempo, estos músculos se debilitan.

    • Sobrecarga lumbar: Al sentarnos, la presión sobre los discos intervertebrales de la columna lumbar aumenta significativamente en comparación con estar de pie o en cuclillas.

    • Acortamiento de flexores: Los flexores de la cadera (como el psoas) se mantienen en una posición acortada constante, lo que a largo plazo genera rigidez en la pelvis y dolores crónicos de espalda.

    Hay bastantes más argumentos sobre los que no vamos a hablar. Con esos tres anteriores, creo que ya es suficiente como para valorar la alternativa oriental que sigue:

    La llamada «sentadilla Asiática»

    Esa postura es un excelente contraejemplo al uso de la silla y popularmente se la conoce en Occidente como la «sentadilla asiática» (Asian squat) o sentadilla de descanso profunda.

    En muchos países de Asia oriental, del sur de Asia y en diversas culturas tradicionales, esta no es una técnica de gimnasio ni un ejercicio, sino una posición de descanso activo. Es habitual ver a personas esperando el autobús, cocinando, comiendo, charlando o trabajando en el campo totalmente agachadas en cuclillas durante periodos prolongados.

    Existen varias razones clave —anatómicas, culturales y de hábitos de vida— que explican por qué ocurre este fenómeno y cuáles son sus implicaciones para la salud:

    1. La mecánica de la «sentadilla de descanso»

    A diferencia de una sentadilla de gimnasio (donde la musculatura está bajo constante tensión para levantar peso), en la sentadilla profunda de descanso el cuerpo encaja de una forma casi pasiva:

    • El centro de gravedad cae bajo: La cadera desciende por debajo del nivel de las rodillas y el peso se apoya firmemente en toda la planta del pie (con los talones completamente pegados al suelo).

    • Bloqueo articular natural: Los muslos descansan contra las gemelos/pantorrillas, lo que distribuye el peso corporal y reduce drásticamente el esfuerzo muscular continuo.

    • Descanso para la columna: Al no haber un asiento debajo, la zona lumbar se descompresiona y se estira de manera natural, reduciendo la carga sobre los discos intervertebrales.

    2. ¿Por qué en Occidente nos cuesta tanto imitarla?

    La gran mayoría de los adultos en países occidentales no pueden mantener esta posición sin levantarse sobre la punta de los pies o caerse hacia atrás. Sin embargo, todos los seres humanos nacemos capaces de hacerlo: basta con observar a cualquier bebé o niño pequeño cuando se agacha a jugar en el suelo.

    La pérdida de esta habilidad se debe a dos factores principales:

    1. Atrofia por desuso (Use it or lose it): Al empezar la etapa escolar y laboral, acostumbramos al cuerpo a sillas que forman un ángulo constante de $90^\circ$ en caderas y rodillas. Esto provoca la pérdida de dorsiflexión en el tobillo (la capacidad del tobillo de doblarse hacia adelante) y acorta los flexores de la cadera.

    2. El calzado con elevación (drop): El uso de calzado con tacon

      es o zapatillas deportivas con talón elevado reduce la necesidad de estirar el tendón de Aquiles, provocando la rigidez del complejo gemelo-sóleo.

    3. El factor socio-cultural y el mobiliario

    • Infrastructura histórica: En muchos países asiáticos, la presencia de aseos tradicionales «de placa turca» o de cuclillas (squat toilets) obligó a mantener esta movilidad articular diaria a lo largo de toda la vida, desde la infancia hasta la vejez.

    • Vida a ras de suelo: Tradicionalmente, la vida doméstica en países como Japón, Corea o la India se ha desarrollado cerca del suelo (utilizando esteras de tatami, cojines zabuton o bancos extremadamente bajos), lo que fomenta transiciones constantes entre el suelo y estar de pie.

    4. ¿Qué beneficios aporta al organismo?

    Estudios en antropología evolutiva y biomecánica destacan que la sentadilla de descanso es un mecanismo de «descanso activo»:

    • Preserva la salud articular en la vejez: Mantiene el rango de movimiento completo (range of motion) de caderas, rodillas y tobillos, protegiendo la movilidad en edades avanzadas.

    • Mayor micro-actividad muscular: A diferencia del colapso total de la musculatura que ocurre en una silla ergonómica, la sentadilla requiere un ligero tono postural de estabilización (en el core y los estabilizadores de la cadera) que mantiene activo el metabolismo.

    • Favorece la digestión y el tránsito intestinal: La flexión profunda de las caderas presiona suavemente los órganos abdominales y alinea el recto de forma idónea para la evacuación natural.

  • Sobre la Calistenia

    Sobre la Calistenia

    Calistenia: qué dice la ciencia sobre entrenar usando el peso de nuestro propio cuerpo como resistencia.

    Una mujer hace ejercicio en el suelo de si casa mirando un ordenador portátil
    evrymmnt/Shutterstock 

    Autorías::Alejandro J. Almenar Arasanz, Universidad San Jorge y Marta Diarte Oliva, Universidad San Jorge

    Dominadas, flexiones, fondos, sentadillas y, para los más avanzados, movimientos tan llamativos como el muscle-up, que nos permite pasar de estar colgados a situarnos por encima de una barra; la planche, donde nuestro cuerpo permanece horizontal apoyado únicamente sobre las manos, con los pies en el aire; o el front lever, que también consiste en mantener la posición horizontal, pero suspendiéndonos bocarriba de una barra. La calistenia ha ganado una enorme popularidad durante los últimos años, especialmente gracias a las redes sociales y al crecimiento de los parques de entrenamiento.

    Pero ¿es realmente eficaz o estamos simplemente ante otra moda deportiva? Para responder a esta pregunta conviene empezar por aclarar qué entendemos por calistenia.

    Nuestro cuerpo también puede ser una pesa.

    La calistenia es una forma de entrenamiento en la que utilizamos principalmente nuestro propio peso corporal como resistencia. Su nombre procede de los términos griegos kalos (“bello”) y sthenos (“fuerza”), aunque el uso moderno de la palabra comenzó a extenderse durante el siglo XIX para referirse a diferentes formas de ejercicio físico. El propio origen del vocablo ya relaciona, por tanto, movimiento y fuerza.

    Hoy incluye ejercicios tan conocidos como sentadillas, zancadas, flexiones, dominadas o fondos. No hace falta realizar movimientos acrobáticos para practicarla. Una persona que comienza haciendo una flexión contra una pared utiliza el mismo principio que otra capaz de realizar una flexión con una sola una mano: mover su cuerpo frente a la gravedad.

    Y ese cuerpo constituye una carga real. Durante una flexión convencional, por ejemplo, los brazos pueden soportar alrededor de dos tercios del peso corporal. Apoyar las rodillas o elevar las manos o los pies permite disminuir o aumentar esa resistencia.

    Dicho de otra manera: una flexión no es un ejercicio “sin peso”, porque la pesa somos nosotros.

    Un gimnasio que llevamos siempre encima.

    Esta característica convierte a la calistenia en una opción especialmente interesante para empezar a hacer ejercicio. No requiere necesariamente ir al gimnasio, usar máquinas ni incurrir en grandes inversiones y puede practicarse en casa, en un parque o prácticamente en cualquier lugar.

    Las recomendaciones publicadas en 2026 por el American College of Sports Medicine (ACSM), tras revisar 137 revisiones sistemáticas con más de 30 000 participantes, respaldan precisamente esta idea: el entrenamiento con el peso corporal y los programas realizados en casa también pueden mejorar la fuerza y la función física.

    Así, un estudio que comparó un programa progresivo de flexiones con otro de press de banca (el conocido ejercicio en el que empujamos una barra desde el pecho tumbados sobre un banco) encontró mejoras de fuerza en ambos grupos. Otro ensayo ajustó la dificultad de las flexiones para hacerla comparable a la resistencia utilizada en el press de banca y observó mejoras similares tanto en fuerza como en el grosor muscular de pectoral y tríceps tras ocho semanas.

    La explicación es relativamente sencilla: nuestros músculos no necesitan saber si la resistencia procede de una mancuerna, una máquina o de nuestro cuerpo. Lo que necesitan es enfrentarse a un estímulo suficiente que, con el tiempo, vaya aumentando.

    Y ahí aparece una palabra fundamental: progresión.

    Progresar no significa hacer cada vez más repeticiones.

    Entrenar con nuestro peso no significa limitarnos a hacer cada vez más repeticiones. Podemos modificar las palancas, los puntos de apoyo, el rango de movimiento o la distribución del peso. Por ejemplo, una flexión puede comenzar contra una pared, continuar con las manos sobre una superficie elevada, pasar después al suelo y evolucionar hacia variantes progresivamente más exigentes.

    Esta forma de progresar presenta además una característica interesante: nos obliga a aprender a mover nuestro propio cuerpo. Al modificar posiciones y apoyos debemos prestar atención al control del tronco, al equilibrio, al recorrido y a nuestra capacidad para mantener una ejecución adecuada.

    De esta manera podemos reconocer progresivamente hasta dónde controlamos un movimiento, cuándo perdemos estabilidad o qué variante todavía resulta demasiado difícil. No significa que la calistenia desarrolle automáticamente una mejor “conciencia corporal” que otros métodos, pero sí convierte la mecánica del propio movimiento en una parte importante de la dosificación de la carga.

    Pero aquí aparece también una de sus principales limitaciones. Una flexión puede resultar sencilla para una persona entrenada y tremendamente exigente para otra. Una dominada puede servir de calentamiento para alguien con elevada fuerza relativa y prácticamente imposible para quien comienza. “Sin pesas” no significa necesariamente “fácil”.

    Por eso, la calistenia debe individualizarse como cualquier entrenamiento. Para algunas personas el punto de partida será una sentadilla; para otras, levantarse y sentarse de una silla ya supone una resistencia suficiente. La clave consiste en encontrar una variante que represente un reto asumible y progresar desde ella.

    Falso dilema.

    Pero entonces ¿es mejor la calistenia o las pesas? Probablemente sea una pregunta equivocada.

    Las pesas permiten aumentar la dificultad de forma muy gradual: basta con añadir unos pocos kilos. En calistenia, en cambio, progresar suele implicar modificar la posición del cuerpo o pasar a una variante más exigente, y ese cambio no siempre puede hacerse de forma tan progresiva.

    Por ejemplo, una persona puede comenzar realizando lo que se denomina “remo en TRX” –tirando de su cuerpo hacia unas asas mientras mantiene los pies apoyados en el suelo– y, a medida que gana fuerza, inclinar cada vez más el cuerpo para aumentar la dificultad. Sin embargo, dar después el paso hacia una dominada supone vencer una proporción mucho mayor de nuestro peso corporal y puede representar un incremento importante de la exigencia.

    Esta diferencia se hace especialmente evidente en personas entrenadas y en ejercicios de piernas. Cuando nuestro propio peso deja de proporcionar un estímulo suficiente, añadir carga externa mediante pesas o lastre puede ser una forma más sencilla y precisa de seguir progresando.

    La evidencia indica que, si queremos mejorar especialmente nuestra capacidad para mover cargas muy pesadas, suele ser útil entrenar también con resistencias altas. En cambio, para aumentar el tamaño del músculo no es imprescindible trabajar siempre con mucho peso: también pueden obtenerse mejoras con cargas más ligeras si el ejercicio llega a ser suficientemente exigente.

    Un buen punto de partida.

    Por eso, calistenia y pesas no deberían entenderse como métodos enfrentados, sino como herramientas que pueden complementarse. Podemos empezar haciendo dominadas únicamente con nuestro peso corporal y, cuando ya resulten demasiado fáciles, añadir lastre –es decir, peso extra sujeto al cuerpo– para seguir aumentando la dificultad.

    Al final, el principio sigue siendo el mismo. La calistenia no funciona porque nuestro cuerpo tenga ninguna propiedad mágica como herramienta de entrenamiento, sino porque también es una resistencia. Y aprender a moverlo, controlarlo y hacerlo progresivamente más fuerte puede ser una de las formas más sencillas y accesibles de comenzar a entrenar.

    No necesitamos empezar haciendo una dominada o “muscle-up”. Para algunas personas, realizar su primera flexión apoyando las manos contra una pared ya es un excelente punto de partida.The Conversation

    «Alejandro J. Almenar Arasanz, Profesor área de Fisioterapia, Universidad San Jorge y Marta Diarte Oliva, Docente e investigadora, Universidad San Jorge  Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.»