Hoy que es la celebración, en mi opinión más estúpida posible, en la que se recuerdan genocidios vergonzosos a los que se llama «conquista del nuevo mundo», veremos las ridículas tropas, repletas de barrigudos y una cabra, desfilando frente al Borbón y seguramente sus vástagas que según la RAE son vástagos.
Yo prefiero conmemorar o simplemente recordar algo que ocurrió y de lo cual transcurre hoy su nonagésimo aniversario. Y creo conveniente recordarlo porque la memoria sirve para eso. Ahora que suenan tambores de cambios fatídicos en la política española, no conviene como digo tener presente la memoria para que no ocurra lo que siempre debemos intentar evitar.
El 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, tuvo lugar uno de los episodios más icónicos y tensos de la guerra civil española: el enfrentamiento público entre el rector Miguel de Unamuno y el general José Millán-Astray.
El acto se celebraba con motivo del Día de la Raza (hoy Fiesta Nacional de España). Presidido por Unamuno como rector, contó con la asistencia de autoridades eclesiásticas, militares y falangistas, así como de Carmen Polo, esposa de Francisco Franco.
El desarrollo de los hechos
1. La chispa del conflicto
Inicialmente, Unamuno no tenía intención de intervenir. Sin embargo, el tono de los discursos de otros ponentes (como el catedrático Francisco Maldonado), en los que se descalificaba duramente a vascos y catalanes calificándolos de la «anti-España», junto con la enfebrecida atmósfera belicista del acto, colmaron la paciencia del escritor vasco.
2. La réplica de Unamuno y el choque
Unamuno tomó la palabra para rechazar la violencia ciega y la deshumanización de la contienda, señalando que la contienda era en realidad una «guerra incivil». Criticó abiertamente los ataques contra los vascos y catalanes, recordando que él mismo era vasco y que el propio obispo presente era catalán.
Durante el clima de crispación, interrumpió el general Millán-Astray, fundador de la Legión. Es en ese momento donde resuenan los lemas legionarios grito de «¡Viva la muerte!», e invectivas contra los intelectuales (como el célebre «¡Muera la inteligencia!» o su variante «¡Abajo la inteligencia!»).
3. Las frases célebres
Unamuno respondió con serenidad y contundencia en defensa de la institución académica y del pensamiento crítico:
«Este es el templo de la inteligencia y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto…»
Y pronunció las míticas palabras que pasaron a la historia:
«Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.»
El desenlace y las consecuencias
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Salida del acto: Ante la extrema tensión del público y la escolta armada de Millán-Astray, la esposa de Franco, Carmen Polo, tomó del brazo a Unamuno para escoltarlo pacíficamente hacia el exterior del Paraninfo y evitar agresiones físicas.
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Destitución y arresto: A los pocos días, los sublevados destituyeron a Unamuno de su cargo como rector de la Universidad de Salamanca y fue sometido a un arresto domiciliario de facto.
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Fallecimiento: Aislado, dolido y profundamente desencantado con el rumbo del conflicto, Unamuno falleció unas semanas después, el 31 de diciembre de 1936.
Debate e historiografía
La reconstrucción exacta y literal de las frases pronunciadas ha sido objeto de revisión por la historiografía contemporánea. Gran parte de la versión tradicional proviene de un relato publicado en el exilio en 1941 por Luis Portillo (Unamuno’s Last Lecture).
Investigadores e historiadores modernos señalan que, aunque la literalidad de algunas frases fue recreada o pulida a nivel literario posteriormente, el choque ideológico, la enorme tensión en el Paraninfo y el mensaje central de Unamuno en defensa de la razón frente a la fuerza bruta fueron absolutamente reales.
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