Hoy me apetece hablar (escribir, para ser riguroso), sobre un tema que a los que tenemos cierta edad con peso, nos conviene recordar (o conocer).
Hay muchas cosas que compartimos con el resto de los animales. Una que me gusta recordar es nuestra ancestral batalla con los patógenos. Una batalla que heredamos de nuestras especies antecesoras y que se desarrolla desde hace miles de millones de años, desde que hay organismos complejos, incluso antes de que un animal marino se atreviera a abandonar su elemento y tratase de vivir en tierra firme. Algunos piensas que es una batalla inacabable sobre la que solo podemos aspirar a «no perder» pero que de ningún modo podemos ganar y acabar. Una batalla que ha dado origen al sistema inmunitario de los seres vivos (incluso una bacteria tiene un simplísimo sistema, pero lo tiene).
También compartimos con los animales, algunos grados de consciencia, por bien que la nuestra está muchísimo más evolucionada. Pero esa diferencia depende de la especie y la ciencia nos sorprende cada día, con los niveles de consciencia de animales como los elefantes, los delfines y algunos córvidos, entre otros. Algunas corrientes antropocéntricas pretenden negarlo. ¡Qué le vamos a hacer! Forman sindicato con los terraplanistas y otros iluminados.
Pero si hablamos en términos generales y amplios, hay algo que no compartimos con los animales. Al menos, no como digo, de forma generalizada. Y esto es la vejez.
Los antropólogos nos explican que la vejez es un rasgo prácticamente único de los humanos. El ser humano, es -repito; en general- el único que suele llegar a la vejez. Otros animales no lo tienen nada fácil. Pongamos como ejemplo a un guepardo. Este animal alcanza la velocidad de 110, incluso 115 km/h y acelera hasta 100 km/h. en poco más de tres segundos (toma nota Ferrari). Se trata de un depredador cuyas piezas más preciadas son las gacelas o antílopes que alcanzan velocidades ligeramente inferiores (97 y 93 km/h). Difícilmente llegará mucho más allá de su edad adulta y madura, si por cualquier forma de deterioro óseo, por no decir ya, una lesión, no puede superar la velocidad de sus presas. Eso lo dejará sin comida. Y no hay otro guepardo que lo pueda/quiera alimentar. Sencillamente, se debilita, muere o es depredado. Evidentemente, existe la enfermedad, pero es más que probable que no sea la causa definitiva de su muerte. Dicen los científicos que por regla general, un animal que enferma, dura pocas horas hasta que es depredado.

Y este, (el que no haya quien lo ayude), es la característica diferencial de los humanos. Nos diferencia del resto de los animales. Sabemos ya que incluso los neanderthales tenían la sensibilidad y empatía suficientes como para cuidar y alimentar a sus mayores, niños enfermos, adultos lesionados etc. Yo pienso que seguramente los denisovanos, también. Y es este valor de la especie humana, la que ha permitido, añadiendo a nuestra capacidad de colaborar socialmente, que podamos llegar muy mayoritariamente hasta la vejez.
En este sentido no es descabellado decir que la vejez es un invento humano; algo de tipo cultural y que solo es posible gracias a nuestras características sociales y colaborativas.
¿Quieres un consejo? Discúlpame por dártelo:
Si eres mayor, como yo o más que yo y adoleces de «lo achaques», no te quejes.
También si eres un venerable anciano nonagenario:
Disfruta la vida, no hay otra, agradécela y aprovéchala cada día.




Deja una respuesta