Ignoramos las alertas?

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50 000 móviles sonando en el Camp Nou: ¿estamos aprendiendo a ignorar las alertas?

Mucho público en las gradas de un estadio de futbol.

Christian Bertrand/Shutterstock

Autoría del artículo: Fernando Medina Morales, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Víctor G. Núñez, Universitat Pompeu Fabra

Durante el partido entre el FC Barcelona y el Racing de Santander, los teléfonos móviles de buena parte de los 50 568 espectadores presentes en el Camp Nou empezaron a sonar simultáneamente. Un mensaje ES-Alert advertía de lluvias torrenciales y riesgo de inundaciones, y recomendaba evitar los desplazamientos y las actividades al aire libre. Sin embargo, el partido continuó y el público permaneció en las gradas.

La escena podría interpretarse como una muestra de indiferencia ante el peligro. Pero permanecer dentro del estadio quizá era más seguro que provocar la salida simultánea de miles de personas en plena tormenta. El episodio plantea, en realidad, una cuestión más compleja: ¿qué debe hacer la ciudadanía cuando recibe una alerta pero a su alrededor todo continúa con aparente normalidad?

 

La tecnología funcionó: el mensaje llegó en pocos segundos a miles de personas. Sin embargo, una alerta no es eficaz únicamente solo porque se haya recibido. Lo es cuando permite comprender el riesgo y tomar una decisión para protegerse.

Una herramienta para captar nuestra atención

ES-Alert es el sistema español de avisos de emergencia a teléfonos móviles. Utiliza la tecnología de difusión por celdas (cell broadcast) para enviar mensajes a los dispositivos conectados a las antenas de una zona determinada. No necesita conocer los números de teléfono de los destinatarios ni requiere ninguna aplicación, conexión a internet o registro previo.

Su principal ventaja es evidente: permite dirigirse de manera rápida y masiva a las personas que se encuentran dentro de un territorio amenazado. Además, el mensaje aparece acompañado de un sonido y una vibración difíciles de ignorar, incluso cuando el teléfono está en silencio.

Pero ES-Alert es solo una de las piezas del sistema de alerta temprana. Detectar el peligro y difundir un aviso no es suficiente. Para que la alerta reduzca realmente los daños, las personas deben entenderla, considerarla creíble, identificar qué comportamiento se espera de ellas y disponer de tiempo y capacidad para actuar.

Recibir no significa actuar

Las investigaciones sobre la respuesta ciudadana a las emergencias demuestran que entre la recepción de un aviso y la adopción de una conducta protectora hay un proceso de interpretación y decisión. El Modelo de Decisión de Acción Protectora explica que las personas no responden automáticamente a una alerta como si fueran interruptores que se puedan activar desde un centro de emergencias.

En un investigación realizada en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria por el grupo de investigación GEOTIGMA se denominó “latencia social” al tiempo que transcurre entre la recepción de una alerta y el inicio de la respuesta ciudadana.

Primero intentamos determinar qué está pasando: ¿la amenaza es real?, ¿me puede afectar?, ¿qué debería hacer? Después buscamos información adicional: consultamos las redes sociales, los medios de comunicación o las aplicaciones meteorológicas; hablamos con las personas que tenemos cerca y observamos cómo reaccionan los demás.

Este comportamiento también se ha observado empíricamente: en un estudio sobre ES-Alert en Gran Canaria, una parte de los participantes recurrió a las redes sociales o a los medios de comunicación para verificar o ampliar la información recibida.

Este comportamiento no tiene por qué ser necesariamente irracional. Contrastar la información puede ayudarnos a tomar una decisión correcta. El problema aparece cuando el mensaje es ambiguo o cuando las señales recibidas son contradictorias, porque la búsqueda de confirmación consume parte del tiempo disponible para protegernos.

En el Camp Nou, miles de personas recibieron un mensaje que advertía de un riesgo potencialmente grave mientras el partido continuaba disputándose. Los jugadores permanecían en el campo, el público continuaba en las gradas y no se transmitía ninguna instrucción específica por la megafonía del estadio. Ante esta situación, la conducta de los demás actuó como una segunda fuente de información: si nadie interrumpe el partido ni nos indica que debamos desplazarnos a otra zona, quizá el peligro no sea tan inmediato.

¿Salir del estadio o quedarse?

El mensaje recomendaba evitar los desplazamientos y las actividades al aire libre. Esta instrucción era razonable para quienes todavía se encontraban en casa, pero resultaba menos clara para las más de 50 000 personas que ya estaban dentro del estadio.

¿Debían abandonarlo a pesar de la recomendación de no desplazarse? ¿Era preferible permanecer en las gradas? ¿Había alguna zona interior más segura? ¿Qué había que hacer al terminar el partido si la tormenta continuaba?

No parece razonable interpretar la permanencia del público como una simple desobediencia. La evacuación de un estadio también puede generar riesgos, especialmente si decenas de miles de personas salen al mismo tiempo bajo una lluvia intensa. La cuestión no es, por tanto, si el partido debía suspenderse automáticamente, sino si la alerta iba acompañada de instrucciones adaptadas a las personas que se encontraban en un recinto de grandes dimensiones.

Una advertencia general difícilmente puede resolver por sí sola todas estas situaciones. Por eso es fundamental la coordinación entre Protección Civil, las autoridades locales, los responsables del evento y los servicios de seguridad. El mensaje enviado a los móviles, la información ofrecida por megafonía y las decisiones adoptadas por la organización deben transmitir una orientación coherente.

Cuando una alarma se convierte en ruido

El sonido de ES-Alert está diseñado para interrumpirnos. Su carácter excepcional forma parte de su eficacia. Si se utiliza con demasiada frecuencia, para territorios excesivamente amplios o con instrucciones poco relacionadas con la situación concreta de las personas que lo reciben, estas pueden acostumbrarse a él y, por tanto, restarle importancia.

El uso del sistema ha aumentado considerablemente en Cataluña. Según datos de Protección Civil, el número de alertas enviadas pasó de 36 en 2024 a 75 en 2025, más del doble en tan solo un año. Este incremento no significa que cada ciudadano recibiera todos estos mensajes, ya que muchas activaciones se dirigieron a zonas geográficas concretas. Tampoco demuestra, por sí solo, que las alertas fueran innecesarias, pero sí confirma que una herramienta concebida como excepcional se utiliza cada vez con más frecuencia.

Esto no significa que haya que enviar menos alertas a cualquier precio: no alertar ante una amenaza grave puede tener consecuencias irreparables. y tampoco significa que cualquier aviso que finalmente no acabe en una catástrofe constituya una falsa alarma: las decisiones deben tomarse con información incompleta y antes de conocer el desenlace.

El riesgo aparece cuando la ciudadanía recibe repetidamente avisos poco relevantes o que no le permiten saber qué tiene que hacer. Las investigaciones sobre la sobrealerta y la fatiga asociada demuestran que esta situación puede favorecer la desconexión de los usuarios e incluso la desactivación de determinadas notificaciones.

La tecnología no puede actuar por nosotros

El episodio del Camp Nou no demuestra que ES-Alert haya fracasado. Al contrario: pone de manifiesto su extraordinaria capacidad para captar simultáneamente la atención de miles de personas. Pero también muestra los límites de una comunicación que termina en la pantalla del teléfono.

Una alerta eficaz debe explicar qué ocurre, dónde está el peligro, a quién afecta, qué hay que hacer y durante cuánto tiempo. En lugares con grandes concentraciones de personas, además, debe estar coordinada con los responsables del recinto, que pueden convertir el aviso general en instrucciones concretas.

La pregunta no es únicamente si estamos aprendiendo a ignorar las alertas. También debemos preguntarnos si las estamos diseñando de manera que la ciudadanía pueda reconocer cuándo debe actuar y cómo hacerlo. Porque el verdadero éxito de ES-Alert no consiste en hacer sonar 50 000 móviles, sino en conseguir que 50 000 personas sepan qué deben hacer después.The Conversation

Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Víctor G. Núñez, Professor Associat – Departament de Ciències Polítiques i Socials, Universitat Pompeu Fabra Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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Comentarios

13 respuestas a «Ignoramos las alertas?»

  1. Avatar de Juan López Trujillo

    Aprendémos de nuestros gerifaltes. Tampoco corrió, el que yo me sé, en la sobremesa del restaurante, estando bien acompañado.
    Seguro que tenía otras prioridades.

    1. Avatar de Ricard Pardo

      Y hace tiempo que no se habla de él. Así es la opinión pública, ahora todo y demasiado; luego nada.

  2. Avatar de Francesc Puigcarbó

    A veure, quan va sonar l’alerta al Camp Nou ja plovia feia estona. Això de l’alerta aquesta és com tot. Si l’apliquen malament i si no l’apliquen també. La Dana de València ha fet mal en aquest sentit, hi ha por de no avisar a temps, i correm el perill de banalitzar l’alerta i que la gent no li faci massa cas.

  3. Avatar de miquelcartisano

    Estoy en este caso con Francesc.
    La alerta se está banalizando. Cuando lo del Barcelona, en El Prat ya había sonado dos horas antes, y volvió a sonar, o sea, en un período de unas cuatro horas sonó dos veces. Te diré que a la primera, al menos en El Prat, falló estrepitosamente porque no llovió gota, a posterior, en la segunda alarma, la del Camp Nou, sí estaba lloviendo.
    Ni por mucho, insisto, al menos aquí, fue lo esperado.

    1. Avatar de Ricard Pardo

      Bien, pero ¿quién las banaliza? ¿El emisor porque quizás se equivoca en la previsión del riesgo. O el receptor al que todo le parece mal y es más paista que el papa?

      1. Avatar de miquelcartisano

        El receptor cuando ve que una cosa falla ya no hace caso. Por otro lado me hablas de un campo de futbol donde allí priva la pasión y «el no será nada» o será en «otra comarca».
        Si la cosa hubiera sido como tendría que haber sido, o sea, donde las vidas están en juego, se hubiera tenido que suspender el partido, que es, a la postre, la verdadera alarma, pero si les pita a todos y todo sigue funcionando…el personal no se irá. No va con él.

      2. Avatar de Ricard Pardo

        Miquel: Lo llevas a un extremo innecesario. Las alertas se mandan a una zona en riesgo, independientemente de si el receptor está en su casa bien protegido viendo una peli en tv. o si está en una carretera que puede sufrir inundación. La alerta no distingue, ya que su función es preventiva. El campo de futbol es una anécdota que precisamente corrobora esto. El campo de futbol está en la zona que debe ser alertada. No pretende que provoque una reacción que ocasione desalojar el estadio. Solo coincide con la zona. Y es que, en definitiva, las alertas se entiende que se envían a personas inteligentes y no a borregos.

      3. Avatar de Francesc Puigcarbó

        El receptor, que es el pitjor de tots, fixa’t, al carrer, a la ciutat qui és el pitjor, el més díscol. El més incívic….el vianant. El nyenye rondinaire que no troba res bé, el que vol un edifici oficial d’algun tipus, però no al costat de casa seva. A ciutat, el que sobra no són els cotxes, ni les motos, ni els patinets, ni els skaters, ni els ciclistes, ni els runners, a ciutat el que sobra es el vianant o peaton.

      4. Avatar de Ricard Pardo

        Exacte i en la linia del que li deia al Miquel

  4. Avatar de Fackel

    Una alerta puede servir para que las autoridades de turno se laven las manos tras el incidente o el desastre.

  5. Avatar de Fackel

    He puestoun comment pero no sé si sale, no sale o ha escampado.

  6. Avatar de Cayetano Gea Bermejo
    Cayetano Gea Bermejo

    Cuando el puñetero fútbol es el amo y está por encima de lo racional se ignora todo lo demás, incluidas las alertas.

    1. Avatar de miquelcartisano

      Completamente de acuerdo.

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