Creo que la imagen que tenemos de nosotros mismos, como sociedad compuesta por individuos totalmente conducidos por la llamada opinión pública, los medios y ahora añadidas, las redes sociales, tiene mucho de cierto. No abunda el criterio propio, abunda eso que a mí me gusta llamar «eco de criterios» Consiste en la aceptación y repetición sistemática de los criterios de un opinador que no solo son aceptados religiosamente, sino que son expandidos devotamente. Pero es que además se produce también un fenómeno, como mínimo curioso: La falta de reflexión que acompañada del crédito incondicional, hace que ciertas supuestas verdades, que quizás no lo sean tanto, alcancen el estatus de verdades absolutas. Ya sabes, es aquello del «lo dice mi articulista favorito, en la columna favorita de mi periódico favorito» (y en ocasiones, para más desgracia se añade que lo dicen en Facebook)
El antropólogo Tim Ingold repite mucho que el futuro no es un problema que resolver, sino una vida que vivir y que nos pertenece. Y para comenzar a ser libres, advertía David Graeber, lo primero que debemos hacer es comenzar a vernos a nosotros mismos nuevamente como actores históricos, como personas que pueden marcar una diferencia en el curso de los acontecimientos mundiales. Esto es exactamente lo que la militarización de la historia está intentando evitar. Que ampliemos nuestras ideas de posibilidades. Pensar a lo grande y pensarnos como agentes políticos. Y es una capacidad humana universal, recordaba la antropóloga Sherry Ortner. Los seres humanos nunca hemos sido meros productos pasivos de las estructuras de poder. Ella reconocía, no obstante, que perseguir proyectos necesariamente implica, para algunos, la subordinación de otros. No obstante, esos otros tampoco están completamente desprovistos de agencia: tienen poderes y proyectos propios, y la resistencia (desde la más sutil hasta la más manifiesta) siempre es posible.
«Si el futuro ha de seguir siendo abierto y libre», escribió Margaret Mead, «necesitamos personas que puedan tolerar lo desconocido, que no necesiten el apoyo de sistemas totalmente elaborados o planos tradicionales del pasado».
Y pienso que a pesar de lo que se diga, el futuro no depende de Trump, Netanyahu, Putin Abascal, Sanchez u otros figurines. Como tampoco, el calentamiento global depende de los grandes climatólogos. El futuro lo haremos nosotros. Nosotros seremos sus responsables… quizás también sus culpables.
Imagen: Ilustración generada con IA.(Banna Gemini)