
Si algo se asocia con la fotografía, es la capacidad que tiene de reproducir el aspecto exacto de los sujetos, objetos o situaciones captadas con la cámara. Pero ¿tiene que ser, necesariamente esa, su única función?
Ya desde los inicios de la fotografía, se acusó una clara tendencia a “crear” la escena, más que a simplemente reproducirla. Por aquel entonces se limitaban a iluminar, más allá de la luz natural, para de ese modo poder alterar fondos y manipular, volúmenes, acentuar texturas y poco más. Con el tiempo fueron llegando valores como el surrealismo y otras corrientes que fueron aplicados en la praxis fotográfica.
Pocas cosas ofrecen más controversia que el modo en que se aceptan estas corrientes, pero lo que sí puedo decir es que cuanta más cultura fotográfica tiene el observador de las imágenes, menos dificultades tiene en aceptar corrientes como, por ejemplo, el impresionismo fotográfico.
En este sentido, me considero un fotógrafo multidisciplinar que tanto puede expresarse con abstracciones complicadas, impresionismos de diferentes niveles, como un realismo de escena. Máxime ahora, que ya retirado de la profesión, puedo sentirme sin ningún tipo de faja como las que acostumbran a constreñir al autor, provenientes de las demandas del cliente.
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