Mes: febrero 2026

  • Siempre nos quedará un poeta

    Siempre nos quedará un poeta

    Que ponga un punto de luz en la oscuridad.

    No es mío, ni pretendo que lo parezca. Por eso lo destaco: NO ES MÍO.Pero en estos momentos de incerteza, donde los tambores de guerra redoblan cada vez en más escenarios. Cuando la locura campa a sus anchas por doquier, no puedo sustraerme de compartirlo aquí. Como un desahogo, como un cariño que pretende consolar.
    Su autor es un señor que se llama Juan L. Trujillo, ya sobrepasó los noventa años y sigue disfrutando de una lucidez y sensibilidad que yo admiro sobremanera.
    Nos dice:
    Un poeta debe:
    Olvidar las estadísticas.
    No esperar resurrecciones.
    Gritarle a la vida con palabras de lluvia.
    Descerrajar las mordazas.
    Saber que la sangre siempre es roja, sea cual sea el color de los rostros.
    Estar al tanto del murmullo de la brisa.
    Ser portador de libertad.
    Usar palabras que despierten a los dioses.
    Procurar que el ruido no sea capaz de llenar el silencio.
    No olvidar el mar y su memoria.
    Poner trinos en los nidos de la tristeza.
    Hacer vivir a los sueños muertos de los espejos.
    Hacer lo posible para que la poesía sea latido, luz, eternidad, sosiego, esperanza.
    Ser el eco que se espera en todos los abismos.
    Mostrar sin pudor, las cicatrices del alma, que siguen doliendo.
    Hacerse experto en madrugadas y en los cantos de los pájaros.
    Y sobre todo, levantar sobre las ruinas que nos acechan, un mundo más justo y mejor.

  • Seguimos aprendiendo

    Seguimos aprendiendo

    …y buscando.

    Amanecer.Fotografía de Akira Matsumoto.

    Lo cierto es que me inquietaba que los amigos y lectores que reciben estas entradas por el correo, pudiesen pensar aquello de —“Este tipo me va a inundar el buzón con sus historias”— Pero creo que ya ha quedado demostrado que no es, ni será así.
    Descubrí Substack, porque estaba buscando una alternativa a la plataforma de blogs que venía usando (sigo haciéndolo), sobre la cual corre el rumor, seguramente falso, de que Google quiere abandonar.
    Son dos posibilidades para publicar un blog, diferentes. Cada una tiene sus ventajas y también sus inconvenientes (me refiero a una contrastada con la otra). Pero el balance es positivo y satisfactorio. Debo decir que aun estoy en la fase de tratar de conocer los vericuetos de esta máquina y además, con calma y sin prisas.
    Algunas de las cosas que me quedan por estudiar, son por ejemplo, cómo “acepta” esta aplicación el sistema de reblogs autorizados desde otras plataformas. Cómo funcionan los “incrustados” y otras cosillas de tipo técnico con las que no quiero aburrir.
    En definitiva, lo que estoy tratando de decir, es que, el propósito de este espacio, aún se está definiendo y que al menos de momento, solo tiene una base de sustentanción: eso que llaman bitácora abierta, o lo que es lo mismo: exposición publica del pensamiento personal. de las derias que me acompañan (fotología*, estoicismo, ciencias…). Cualquier cosa, menos #política Esa etiqueta me la he autoprohibido.

    *Fotología:
    La fotología es el estudio integral de la fotografía como fenómeno humano, cultural y terapéutico, yendo más allá de su vertiente técnica o estética para analizar su impacto en el bienestar y el autoconocimiento. Propone la imagen como una herramienta para conectar con emociones y mejorar la vida de las personas.
  • Diálogos con el espejo

    Diálogos con el espejo

    ¿Tú, no hablas con tu espejo?

    Me dice el espejo:

    —A los seres humanos no nos gustan afirmaciones como la que dice que la enfermedad es equiparable a las experiencias emocionales como el amor de pareja, la pérdida de un ser querido o la misma paternidad/maternidad. Y, sin embargo, son equiparables. Evidentemente, equiparable no significa iguales y las experiencias mencionadas tienen tonos totalmente diferentes. Sin embargo, cuando se experimentan, pasan a formar parte de tu activo vital. Es lo que la experiencia, también conocida como vivencia, te ofrece para sentir la vida con más intensidad. Y si hablamos de intensidad, la enfermedad es una de las mejores posibilidades para amarte, para comprenderte; en definitiva, para crecer en valores humanos. Algunos enfermos tienen una relación amorosa muy incrementada con su cuerpo durante el proceso. Esto, además de amplificar sus capacidades para sanar, también consigue que entiendan mejor lo que es vivir, lo que es la vida. En este sentido, y aunque ni por asomo sea igual de agradable, aporta valores similares a la experiencia del amor, de la paternidad, de la camaradería entre los amigos.

    ¡Vaya! No me digas que eres de los que creen que el dolor redime…

    —¡Por favor…! Para eso tendría que creer primero en el concepto de pecado o culpa y además tendría que aceptar ese estúpido planteamiento judaico-cristiano de la culpa original. Ni he dicho, ni he insinuado nada que se parezca, pero si quieres te hablo del dolor y el sufrimiento.

    Bueno. Ya me asustas, pero dime lo que tengas que decir. Sabes mejor que nadie cuándo te presto atención y cuándo no.

    —No hay enfermedad sin dolor. En mayor o menor medida y a pesar de los avances médicos. Es algo que creo que ya sabes a nivel personal. Pero ahora no quiero referirme a un individuo enfermo, sino a otra clase de enfermo. Lo que quiero decirte es que la sociedad -las sociedades- están enfermas. A la comunidad humana le ocurre algo parecido a lo que le ocurre a un ser humano que se sobrealimenta. Es más que probable que ese individuo desemboque en enfermedades endocrinas y cardiovasculares. Y entra en un círculo vicioso del cual realmente es difícil salir. A la humanidad le ocurre algo semejante; no hablo de la comida que precisamente escasea en ciertos lugares, no. Hablo de lo que alimenta y ofrece la energía necesaria para el mantenimiento de la sociedad como un cuerpo. Un cuerpo sano. Hablo de la energía que ofrecen el orden, la jerarquía de valores, la solidaridad. Cosas como estas son el auténtico alimento que nutre las células de la sociedad. Lamentablemente, al igual que hace un individuo, la sociedad también se alimenta de comida basura: Libertinaje y su consecuente desorden, la mofa de los valores éticos, la amoralidad, el individualismo egoísta. Ahí tienes el gran supermercado de las noticias falsas, bulos que también llaman fake news: las Redes Sociales. Auténticos McDonald’s repletos de comida basura para el alimento social. Ahí están, también, los medios deshonestos, los políticos corruptos, los señores feudales modernos que resultan ser las grandes corporaciones…etc. Todos ellos componen un menú de comida basura que no consigue otra cosa que engordar y estropear las células sociales.
    La sociedad está enferma y empezará a sufrir. El dolor es una cosa, dicen que inevitable. El sufrimiento, otra diferente, dicen que optativo. Pero yo te avanzo que no va a haber opción que valga. La humanidad sufrirá el dolor. Inevitablemente.
    La enfermedad ya se está manifestando. Lo puedo ver en la incapacidad para afrontar la crisis climática, lo puedo ver en el aumento del fascismo, lo puedo ver en el aumento de los flujos migratorios, lo puedo ver en la incapacidad para solucionar las hambrunas, lo puedo ver en el aumento de los negacionismos de toda índole. Y son solo pequeños síntomas que incomodan y que poco a poco conforman el escenario perfecto para la obra final. Dentro de muy poco serán dolor. Dolor inevitable. Del que hace sufrir.

  • Tener tiempo

    Tener tiempo

    Marco Aurelio (Wikipedia)

    Sí, ya lo sé, a Marco Aurelio ya le empieza a brillar el nombre, como brilla el pie de San Pedro en una estatua en la basílica que lleva su nombre. Pero a pesar de ser muy citado, su pensamiento es muy profundo e intemporal y por eso supera el paso de los siglos.

    En sus Meditaciones, Libro 1, nos habla de los que fueron sus maestros de vida y menciona a muchos de ellos y la enseñanza principal que les ofreció cada uno.
    Hay una que me llama mucho la atención. Dice:

    1. De Alejandro el platónico, aprendí que rara vez (y nunca sin motivo justificado) debo decir o escribir a alguien que “estoy demasiado ocupado”; ni usar una excusa similar, alegando “circunstancias acuciantes”, para eludir sistemáticamente las obligaciones inherentes a nuestras relaciones sociales con nuestros semejantes.

    Transcurridos 20 siglos, el “no tener tiempo” sigue estando a la orden del día. Y mi padre, solía burlarse de esta excusa y me decía:
    —Si no tienes tiempo, cómprate otro reloj.

  • Vidas

    Vidas

    Nacieron en una ladera de las tierras altas, donde los vientos azotan inmisericordes los viejos roble y algunas hayas. Gélidos inviernos y sofocantes veranos endurecieron aquellos troncos durante décadas para finalmente sentir los rítmicos golpes de dos leñadores y sus hachas percutiendo de forma alternada; uno en cada lado del generoso tronco. Y las embadurnaron de esa creosota, repugnante viscosidad, hija del alquitrán.
    Y fueron perfectamente dispuestas sobre una cama de balastro, y sobre sus cuerpos hundieron largos clavos que sujetaron los caminos de hierro que tuvieron que soportar. Durante más de medio siglo, el vapor y el hollín, de nuevo el viento, la lluvia y el sol, las convirtieron en elementos duros como la piedra, al tiempo que las convertían en algo sucio y tóxico. Las llamaron traviesas sin ser juguetonas y otros, prefirieron llamarlas durmientes, quizás por su inmovilidad.
    Y pasaron los años, y los lustros, y las décadas, hasta que llegó un momento en que fueron arrancadas de su lecho de piedras y olvidadas en un campo frío, más allá de la estación. Algunas incluso permanecieron enterradas entre otros despojos y cubiertas por la misma tierra.
    Finalmente, llegó un día de gloria y resurrección; quizás debería llamarlo día de su reencarnación… Alguien raspó su piel y las sometió a un proceso de limpieza. Ahora tienen una nueva vida: Cubren y decoran un muro en un parque público escuchando las risas de los niños. Es su nueva vida, muy lejos ya de aquellas laderas, en las tierras altas.

  • Un libro y un candado

    Un libro y un candado

    Preguntas que vuelan

    No me preguntéis la razón, pero tengo la impresión de que las mujeres son mejores lectoras que nosotros, los zánganos de la colmena. Cuando observo a mi alrededor y descubro alguno de esos seres maravillosos, buenos o malos, pero que llevan en su interior “la shakti” a la que se refieren en el hinduismo como la energía femenina de la creación, me doy cuenta de que es así. Incluso la postura de las lectoras, habla de su calidad lectora. Ignoro si leen más que los zánganos, pero sospecho que leen mejor. Mejor que las obreras, mejor que los zánganos. Ellas son las reinas, que llevan en sus hermosas cabezas la corona de la realeza.
    Las obreras merecen consideración. Leen menos. No tienen tiempo. Les es robado por el dolce far niente que los zánganos rompen solo, para llegar a la taberna. Pero ellas, las obreras, leen las páginas de la vida, escritas sin letras, con sudor y sacrificio y un amor a veces mal entendido y casi siempre, abusado
    Fijaros a partir de ahora y observar detenidamente a una reina, leyendo y entenderéis cuál fue la razón que llevó al Vedanta, declarar femenina, la energía de La Creación.

    No sé quien es el autor de la foto y bien que lo lamento. Y me fijo en ese candado, ahora abierto y me pregunto qué cosa mantenía encarcelada.