Las 6:32 es una de las mejores horas, cuando aún no hay luz alguna que asome por el horizonte del este, quizás tan solo una insinuación; mejor hora, decía, para recoger una perla que me inspire el día. Dice:
«Me gustaría que cuando les falte a mis nietas, fuese ese abuelo que supo ser juguete, cometa, diccionario, racha de viento que mece las espigas, penúltimo refugio, libro abierto a todas las lecturas, aquel hombre mayor que siempre ofrecía sonrisas a cambio de besos y caricias.» (J.L.Trujillo)

A dieciocho días de la maldita caída, el dolor (especialmente costal) sigue siendo la incomodidad más manifiesta. Me advirtieron de que esto sería lento, pero uno siempre tiene el temor de que su esto no sea el mismo que el mío y el diagnóstico, no sea acertado. Pero no queda otra, que soportar y de vez en cuando aliviarse con algun analgésico. Sigo muy preocupado también por el tiempo (aún no sé cuánto) que no podré utilizar la CPAP para dormir.
Me satisface el cambio a WordPress. Los buenos amigos han reaccionado bien y han comprendido que la molestia añadida por ser otra plataforma distinta a la suya es poca y, además, una oportunidad para aprender algo nuevo. Echo de menos algunos saludos que antes recibía y que ahora extraño. Quizás vuelvan… ojalá.
Puede que sea por la proximidad de una fecha que siempre consideré importante, que estos días se disparen las emociones. Y como dice mi sabio amigo Okanu: «Ojo con eso»
Veamos cómo transcurre la jornada.

