Tengo la impresión; corríjanme si me equivoco, de que si no fuera por cuatro divulgadores serios y sobre todo por el oportunismo que se le presenta a los medios en formato «serpiente de verano» serían muy pocos los que sabrían que va a ocurrir un eclipse. Pero claro, cuando hay que vender papel o minutos de televisión, el orden lógico de la importancia de las noticias en pleno verano, se destarota (como diría un catalán), es decir, se desconcierta, se confunde, se altera. Lo único que debe importar de un eclipse es que, a pesar de su corta duración, ofrece una cantidad nada despreciable de datos para que nuestros científicos (generalmente alejados de brillos artificiales de popularidad) puedan seguir estudiando el comportamiento de nuestra estrella.
Quizás uno de los eclipses inolvidables, fue aquel que nos relató una eminencia, esta vez del humor. Eugenio:
¿Alguien duda de cuánto, nos conviene comprender el comportamiento del Sol, sus anomalías, sus ciclos, etc.?