Fecha original: 21 de julio 2026

Corre por ahí una publicidad que no recuerdo qué publicita, en la que se ve un plano de L. Messi afirmando con una cara seria y grave, que el futbol “nos une”. Yo no lo veo por bien que me aplico todo lo que puedo en detectar esa virtud del citado deporte. Si hay algo que resulte cimentado y consolidado, eso sería la estupidez humana. “El opio del pueblo” es una expresión usada para dar a entender la capacidad adormecedora de las masas sociales. Pues bien, yo creo que el futbol ya comparte esa propiedad, con la otra capacidad, la de la religión, para el logro del atontamiento social.
Y si habláramos exclusivamente de deporte, cosa imposible en este tema, tendríamos que recordar que uno de los supuestos valores que deberíamos notar es el de la dignidad. Se supone que el deporte enseña a mantener la dignidad en la derrota. El saber perder es algo que se considera fundamental. Y en este sentido, Argentina debería “hacérselo mirar”, ya que hay muchas formas de perder y la que exhibieron en este mundial, fue de una ridiculez suprema.
Pero si hablamos de ridiculeces, no hay que olvidar que también hay que saber ganar. Y eso, precisa de idéntica dignidad que el saber perder. Y aquí el que debería hacérselo mirar es España.
Ni siquiera perderé un minuto en explicar y argumentar los porqués de la vergüenza que me provoca toda la parafernalia celebrativa que rodea esta “victoria”. Desde las actitudes hasta los discursos, desde las figuras políticas hasta los mismos jugadores, me producen eso que llamamos vergüenza ajena.
Tampoco hay que olvidar que, según el máximo “endiosado”, ha sido Dios, el jugador número doce, el que con su ayuda, en el momento oportuno, ha hecho todo esto posible.
Habrá que regalarle una camiseta con las dos estrellitas.

