Día: 16 de mayo de 2026

  • El entorno

    El entorno

    🔸No es poca cosa. La suerte de tener un entorno como el que me rodea.
    No se trata de nada espectacular, puesto que no muy lejos, ya fuera de esta comarca, encontraríamos paisajes mucho más «de postal». Pero es que la paz que entrega la humildad del territorio alimenta las energías interiores y consigue conciliar con este tiempo que me ha —nos ha tocado—  tocado vivir. En sus inicios, lo que hoy conocemos como Sils solo era un conjunto de masías desperdigadas. Luego, llegó el conglomerante de los tiempos: la iglesia, que construyó su templo y campanario desde el cual llamar a los vecinos hasta donde llegara el sonido de la campana.

    Y siglos después, la misma campana sigue sonando y a su alrededor más próximo se fue creando un núcleo de población. Pero el carácter sigue siendo el de un entorno con habitantes que bordean fronteras administrativas. Casas y pequeños barrios separados por pocos kilómetros, pero dependientes de una misma municipalidad. 
    Luego llegó el tren y una estación que otro pueblo vecino no quiso tener, potenció el núcleo y le dio fuerza de cohesión al pueblo. Le da un toque romántico. Son unos silbidos que compiten con el tañido de la campana.

    El resultado es ese entorno agradable, repleto de caminos, estanques protegidos y extensiones de labranza que ofrecen esa paz tan necesaria, lejos y al mismo tiempo cerca, de la ciudad.
    Es el lugar que escogí para acabar mis días.

  • Despegando

    Despegando

    Pienso que probablemente este sea un buen momento para iniciar un blog; uno más porque ya tengo otro (en Blogger).
    Septuagenario, a un poquito más de medio camino para llegar a octogenario. Poca salud y una cabeza que empieza a joderme la marrana olvidando cosas. Nada preocupante, según los médicos, que me sonríen y sugieren alguna app. de notas para el dispositivo.
    Observador desapasionado del mundo, objetivo y sin ninguna influencia política, ni pensamiento filosófico concreto (quizás todos).
    No soy ni tengo complejo de flautista de Hamelín. Así que no haría un carajo por incrementar el número de seguidores, ni el de comentarios, y si me lee alguien, contento; y si no, también.
    Escribir para uno mismo es bueno. Es una forma de ordenar y consolidar los pensamientos. Una forma de dialogar consigo mismo, un ejercicio epistolar donde el destinatario y el emisor se funden amorosamente (o no tan amorosamente) en un abrazo comprensivo.
    El mantener los comentarios abiertos y sin moderación, es la mejor prueba de que este que escribe, no es un ermitaño apartado del mundo. Los puntos de vista, cuanto más diversos, más enriquecen; incluso los que están equivocados. Todos suman. Como dije antes, no me esforzaré ni un ápice en conseguirlos, pero no despreciaré aquellos que lleguen, los conteste o no.

    Este blog seguramente será alimentado por contenidos cortos y con una frecuencia de publicación más bien moderada.