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  • Un libro y un candado

    Un libro y un candado

    Preguntas que vuelan

    No me preguntéis la razón, pero tengo la impresión de que las mujeres son mejores lectoras que nosotros, los zánganos de la colmena. Cuando observo a mi alrededor y descubro alguno de esos seres maravillosos, buenos o malos, pero que llevan en su interior “la shakti” a la que se refieren en el hinduismo como la energía femenina de la creación, me doy cuenta de que es así. Incluso la postura de las lectoras, habla de su calidad lectora. Ignoro si leen más que los zánganos, pero sospecho que leen mejor. Mejor que las obreras, mejor que los zánganos. Ellas son las reinas, que llevan en sus hermosas cabezas la corona de la realeza.
    Las obreras merecen consideración. Leen menos. No tienen tiempo. Les es robado por el dolce far niente que los zánganos rompen solo, para llegar a la taberna. Pero ellas, las obreras, leen las páginas de la vida, escritas sin letras, con sudor y sacrificio y un amor a veces mal entendido y casi siempre, abusado
    Fijaros a partir de ahora y observar detenidamente a una reina, leyendo y entenderéis cuál fue la razón que llevó al Vedanta, declarar femenina, la energía de La Creación.

    No sé quien es el autor de la foto y bien que lo lamento. Y me fijo en ese candado, ahora abierto y me pregunto qué cosa mantenía encarcelada.

  • La caricia

    La caricia

    Os traigo este texto corto que ya publiqué en otro planeta, hace un tiempo

    Eran dos rosas, hijas del mismo rosal, que habían crecido juntas, en aquel soleado rincón del jardín delimitado por blanquecinos cantos rodados que un día trajimos del riachuelo de la montaña en aquellas inolvidables jornadas de verano. Rincón repleto de hermosas vecinas, de otras familias, con las que competían, a fin de ser el centro de atención de abejas y otros seres volantes.

    La cercana mata de la familia de las hortensias, presumía de sus tonos de diferentes magentas y a sus pies, entre los tallos, se escondían los gatos jugueteando entre ellos. Joaquín, el niño de la casa, había hecho de las plantas su escondite. Así de grande era aquella mata.

    Y transcurría el tiempo de su juventud, cuando constantemente se comunicaban entre ellas, de la única forma que les era posible; lanzando al viento su perfume. En esto, la señora Hortensia era menos locuaz, más reservada, pero escuchaba atenta las fragancias que le llegaban.

    De ese aromático diálogo disfrutábamos todos. Los bonsáis, que siempre parecían estar meditando, se dejaban acariciar por la brisa del mediodía, con la que también podían percibir el dulce olor de las rosas. Los gatos, traviesos, siempre alertas y dispuestos a saltar sobre cualquier pajarillo distraído, encontraban su momento para erizar sus bigotes. Incluso Manolo, el pez de colores del estanque, saltaba de vez en cuando como si quisiera husmear en el viento.

    Pasó el tiempo y ya eran muchas las veces que el señor Sol, las había despertado de su letargo nocturno y ni las fragancias, ni las energías eran las mismas. Los silencios aromáticos cada vez estaban más presentes y también la vecina Hortensia perdía sus pequeños pétalos magentas que ya empezaban a alfombrar el suelo.

    Quizás fue por eso, por lo que la hermana mayor, una tarde con una encendida puesta de sol, en un esfuerzo casi final, dejó caer un poco, uno de sus pétalos, buscando el contacto de su hermana. Quiso alargarse, ayudada por el viento, hasta poder ofrecerle una leve caricia. Ambas estaban débiles y empezaban a mostrar marchitez.
    Dicen las ninfas, las que saben de los lenguajes ocultos de las plantas, que escucharon un susurro que decía:

    —Hemos tenido una buena vida; el jardinero nos respetó. No conoceremos maceta y pronto volveremos a la tierra, para deshacernos en ella.

  • Mucho que aprender

    Mucho que aprender

    300.000 años nos contemplan. Es poco y mucho a la vez.

    Es un dato que, como todos los que ofrece la ciencia, está en constante revisión y actualización. Y así debe ser, puesto que eso de las “verdades absolutas” lo dejaremos para el ámbito de las creencias, los dogmas, los libros sagrados y otras pamplinas absolutistas.
    Y el dato al que me refiero es al del tiempo que nuestra especie viene ambulando por este planeta. Los más generosos nos ofrecen una edad que alcanza los 315.000 años, más o menos. Los menos generosos encogen esa edad hasta los 200.000, poco mas, poco menos.
    En cualquier caso, es tiempo suficiente desde el cual baso mi reflexión, que arranca de una pregunta: ¿Qué hemos aprendido?
    —Mucho—me respondo. Pero todo ese mucho, habita la superficie de la naturaleza humana. Es su piel. Otra cosa muy distinta es la profundidad de esa naturaleza. Ahí es donde ni siquiera alcanzamos, ya no verdades absolutas, que ya hemos convenido, que no existen, sino siquiera, aproximaciones a verdades mínimamente sostenibles.
    ¿Quiénes somos? ¿Por qué razón somos autoconscientes? ¿Hacia dónde se encamina nuestra especie? ¿Nuestra consciencia es realmente nuestra, o nos ha sido prestada?
    Quizás más de 3000 siglos no sean suficientes para responder este tipo de cuestiones y que aunque algunos piensen que son modernas, llevan anidadas en nuestro interior desde los principios de nuestra prehistoria, protohistoria e historia escrita.
    Hemos aprendido poco, muy poco. Y es verdad que somos seres muy posiblemente no únicos, quizás irrepetibles y mejorables. Descendientes de Caín (por usar una figura simbólica) que sigue matando a su hermano Abel. Maltratando el suelo que pisa y sin reconocer el parentesco con el resto de los seres vivos.
    Mucho que aprender.

  • De la puesta de Sol a la puesta de Tierra

    De la puesta de Sol a la puesta de Tierra

    Créditos de imagen: NASA y Artemis I

    Ocho mil millones de personas están a punto de desaparecer de la vista, en esta instantánea del espacio tomada el 21 de noviembre de 2022. Era el sexto día de la misión Artemis I, su mundo natal se está poniendo detrás del borde brillante de la Luna como lo pudo ver una cámara externa en la nave espacial Orión.

    Orión se dirigía a un sobrevuelo propulsado que lo llevó a 130 kilómetros de la superficie lunar. La velocidad ganada en la maniobra de sobrevuelo se utilizó para alcanzar una órbita retrógrada distante alrededor de la Luna. Esa órbita se considera distante porque está otros 92.000 kilómetros más allá de la Luna, y retrógrada porque la nave espacial orbitaba en la dirección opuesta de la órbita de la Luna alrededor del planeta Tierra.

    Girando alrededor de la Luna, Orión alcanzó una distancia máxima (poco más de 400.000 kilómetros) de la Tierra. Era el 28 de noviembre de 2022, superando un récord establecido por el Apolo 13 para la nave espacial más distante diseñada para la exploración espacial humana.

    La misión Artemis II , que transportará a cuatro astronautas alrededor de la Luna y de regreso, se lanzará previsiblemente el próximo 6 de febrero.

  • Aceitunera

    Aceitunera

    Y no es de Jaén

    Los puestos de mercado siempre son un importante foco de atención en el deambular fotográfico. Casi siempre, esos mercados, representan la parte más viva de la ciudad, donde las gentes intercambian, no solo los productos de la tierra, sino también conversaciones. A mí, me gusta pensar que los mercados son la alternativa a esas redes sociales, como Facebook, donde abundan las indiscreciones. ¿La ventaja? —Que en el mercado mueves las piernas; en Facebook, no mueves nada.
    ¿Te gustan las aceitunas? Ojo con ellas. Hay que ser muy moderado en su ingesta si se sufre hipertensión. ¡Que tengas una excelente jornada!

  • Sobre mi fotografía

    Sobre mi fotografía

    Si algo se asocia con la fotografía, es la capacidad que tiene de reproducir el aspecto exacto de los sujetos, objetos o situaciones captadas con la cámara. Pero ¿tiene que ser, necesariamente esa, su única función?
    Ya desde los inicios de la fotografía, se acusó una clara tendencia a “crear” la escena, más que a simplemente reproducirla. Por aquel entonces se limitaban a iluminar, más allá de la luz natural, para de ese modo poder alterar fondos y manipular, volúmenes, acentuar texturas y poco más. Con el tiempo fueron llegando valores como el surrealismo y otras corrientes que fueron aplicados en la praxis fotográfica.
    Pocas cosas ofrecen más controversia que el modo en que se aceptan estas corrientes, pero lo que sí puedo decir es que cuanta más cultura fotográfica tiene el observador de las imágenes, menos dificultades tiene en aceptar corrientes como, por ejemplo, el impresionismo fotográfico.
    En este sentido, me considero un fotógrafo multidisciplinar que tanto puede expresarse con abstracciones complicadas, impresionismos de diferentes niveles, como un realismo de escena. Máxime ahora, que ya retirado de la profesión, puedo sentirme sin ningún tipo de faja como las que acostumbran a constreñir al autor, provenientes de las demandas del cliente.

  • Extrañas nostalgias

    Extrañas nostalgias

    En tiempos confusos

    foto:ⓒHowell photography

    No sé vosotros, pero a mí, me ocurre que de vez en cuando me surge una extraña nostalgia de algo que en realidad solo he conocido muy ocasionalmente. Y me refiero al ambiente aldeano, lo rústico, la paz del campo, el ritmo de lo estacional, el calor del sol puro y sin reflejos de los cristales urbanos.
    Me ocurre en contadas ocasiones, pero me ocurre. Y muy posiblemente lo pueda relacionar con ese estrés añadido que supone el deterioro social, los fallos de las infraestructuras, la incerteza del transporte público, la ineficacia de los servicios, la fricción social fruto de una ciudadanía cada vez más insatisfecha.

    POR CIERTO. Y en este sentido de las cosas:
    En mi juventud blandí con cierto entusiasmo pancartas del no a la OTAN. Era fruto del entusiasmo que ocasiona la sangre joven, testosterónica y adrenalínica. Luego la madurez me armó de conformismo y ahora, curiosamente, en mi vejez, creo ver, de nuevo, en la OTAN, un enemigo, más que un amigo.

  • Añorada primavera

    Añorada primavera

    Las florecillas a los lados del camino

    Estos días en que las borrascas, van una tras otra como penitentes en un vía crucis, el entorno húmedo y frío invita muy poco al paseo. La lluvia cae inmisericorde sobre los prados y caminos. Charcos y barrizales parecen paisaje del inframundo y aunque no se la causa, pues afortunadamente nunca he vivido ninguna, me traen a la mente batallas y guerras.
    Estos días llueve y llueve mucho y la verdad es que, después de unos años de sequía en mi lugar, todo parece indicar que este verano no habrá restricciones. Y al mismo tiempo pienso en como la munificencia que suponen estas aguas, permitirán que dentro tres meses, cuando arranque la primavera, mis “modelos” favoritas me esperarán alegres y coloridas a los lados de los caminos. Es entonces cuando mi cámara canta contenta al ritmo del obturador.

  • Una patata llamada Fobos

    Una patata llamada Fobos

    Que fea y poco romántica puede ser una luna

    Fobos: la luna condenada de Marte
    Crédito de la imagen: NASA , LPL (U. Arizona) , MRO , HiRISE

    Esta pobre luna está condenada. Marte, el planeta rojo llamado así por el dios romano de la guerra, tiene dos lunas diminutas, Fobos y Deimos , cuyos nombres derivan del griego para miedo y pánico. Estas lunas en realidad, podrían ser asteroides capturados por la gravedad marciana, como muchos que hay en el cinturón de asteroides principal entre Marte y Júpiter o quizás desde confines aún más distantes de nuestro Sistema Solar. La luna más grande, Fobos , se ve de hecho como un objeto lleno de cráteres, muy similar a un asteroide en la imagen obtenida por el Orbitador de Reconocimiento de Marte, que puede obtener imágenes de objetos tan pequeños como de 10 metros.

    Fobos orbita muy cerca de Marte, a unos 5.800 kilómetros sobre la superficie y si lo comparamos con los casi 400.000 kilómetros de distancia de nuestra Luna , no es de extrañar que las fuerzas de marea gravitatorias lo están arrastrando hacia abajo. Se calcula que quizás en 50 millones de años, Fobos se desintegre en un anillo de escombros.
    Fuente: Apod de NASA