Etiqueta: espacio

  • Actividades de riesgo

     Se llama Sophie Adenot y muy posiblemente hoy, en algunos telediarios, la habréis podido ver reparando una antena de telecomunicaciones en esa actividad de riesgo que se conoce como «caminata espacial» por bien que se camina poco y se flota mucho.
    Sophie Marie Laurence Adenot, (44 años)​ es una ingeniera, piloto de helicóptero y astronauta francesa. Tiene el rango de coronel de la Fuerza Aérea y Espacial Francesa y se convirtió en la primera mujer piloto de pruebas de helicóptero de Francia en 2018.

    Actualmente vive en la Estación Espacial Internacional.

  • La Necesidad de Colonizar el Espacio

    La Necesidad de Colonizar el Espacio

    La frase fue acuñada por el científico ruso Konstantín Tsiolkovski, considerado uno de los padres teóricos de la cosmonáutica y la aviación moderna. Tsiolkovski la escribió originalmente en una carta en 1911, reflexionando sobre la exploración espacial y el futuro de la civilización fuera de nuestro planeta.
    Si meditamos un poco sobre la frase, nos daremos cuenta de que responde mucho más a una necesidad que a un anhelo. Nuestra pobre, pero emergente consciencia de especie, empieza a entender que, con la actual dirección de la demografía, no tardaremos en percibir que, lo que parecía un sueño romántico de las novelas de ciencia ficción, se va convirtiendo en imperativa necesidad; algo que abordar y conseguir.
    Salvo que se produzca un cambio radical e imprevisto en las dinámicas culturales o biológicas globales que aumente masivamente la natalidad, la población terrestre no se duplicará, pero es que no hace falta que lo haga, como para alcanzar niveles difíciles de soportar. Diez mil quinientos millones, para 2080, es un más que posible punto de colapso al que la ciencia indica que «no se debería llegar».

    El asentamiento en el sistema solar interior.
    La Luna servirá como el primer astillero y base de pruebas. Le seguirá Marte, que presenta enormes desafíos atmosféricos y de ingeniería. Aunque la terraformación (alterar el clima y la atmósfera de un planeta para hacerlo habitable) es un objetivo fascinante, la falta de una magnetosfera activa en Marte para detener el viento solar hace que los primeros asentamientos deban ser complejos presurizados, probablemente construidos bajo tierra o en tubos de lava para proteger a los habitantes de la radiación cósmica.

    Economía y hábitats artificiales.
    Para romper la dependencia del pozo gravitatorio de la Tierra (lanzar un kilo de material al espacio es prohibitivamente caro), la civilización deberá sostenerse con recursos locales. La minería de asteroides proporcionará agua, oxígeno y metales. En lugar de colonizar planetas hostiles, la física a largo plazo apunta a las megaestructuras espaciales, como los Cilindros de O’Neill: inmensos hábitats cilíndricos rotatorios que generan gravedad artificial por fuerza centrífuga y albergan biomas enteros flotando en el vacío.

    Evolución biológica y transhumanismo.
    El cuerpo humano evolucionó exclusivamente para funcionar con 1G de gravedad y bajo la protección de una atmósfera densa. Vivir permanentemente en microgravedad o en entornos de alta radiación obligará a la especie a adaptarse. Esto sucederá primero mediante soluciones médicas y, eventualmente, a través de la edición genética o la integración con interfaces tecnológicas. El aislamiento en diferentes rincones del sistema solar podría incluso dar lugar a múltiples ramas evolutivas de la humanidad.

    El salto interestelar y filosófico.
    Llegar a exoplanetas en otros sistemas estelares requerirá superar las enormes distancias del espacio. Las soluciones tecnológicas abarcan desde velas solares impulsadas por láser hasta naves generacionales donde civilizaciones enteras nacerían y morirían en tránsito. Filosóficamente, este paso obligará a un cambio de paradigma profundo, redefiniendo nuestro lugar en el orden natural y transformándonos de una especie confinada a las fronteras terrestres a una civilización verdaderamente cósmica.